+++ Los sobreentendidos son el opio de las relaciones. Son relajantes, te hacen soñar y a poco que abuses, te joden la existencia.
Una compañera de un grupo de discusión se refiere a esto con una frase demoledora.
- “Si para acordar una relación de BDSM, que igual dura dos sesiones, nos pegamos CUATRO HORAS negociando los términos con papel y lápiz… ¿Cómo es que en las relaciones de pareja no nos sentamos ni quince minutos para saber si estamos realmente de acuerdo?”
La respuesta suele ser “porque te cargas el romanticismo”, “porque si hay amor el resto vendrá solo”, “porque esto tiene que ser espontáneo”, “porque ya se irá viendo”… Con los conocidos y desastrosos resultados que todxs hemos tenido ocasión de experimentar.
Compañeros y compañeras, si algo tan pasional, hormonal y espontáneo como el sexo admite (y requiere) un acuerdo previo para funcionar a tope y sin daño, la relación afectiva lo necesita y admite todavía más. Pero para los que no estén de acuerdo, voy a compartir una epifanía que tuve ayer, y que me parece de lo más reveladora.
He aquí una de las frases más peligrosas del vocabulario amoroso: “quiero que seas parte de mi vida”. Más peligro que una piraña en un bidet, tiene esto.
Veamos el caso de Margarita y Venancio. Los dos están compartiendo una copa de champán en un maravilloso hotel con vistas al mar, después de hacer el amor.***
Margarita dice: “Quiero que seas parte de mi vida”.
Venancio responde : “¡Qué bien! Yo también quiero que seas parte de mi vida.”
¿A qué parece que están diciendo lo mismo? Bueno, pues no. Están diciendo algo que se asemeja pero que tiene consecuencias muy distintas. (Los asteriscos*** además, implica que están en un entorno de lujo, alcoholizados y forrados de endorfinas. Una ocasión estupenda para hacer un análisis efectivo de la situación, claaaaaaro.)
Margarita está diciendo: “Quiero que seas una parte de mi vida. Quiero que formes parte de las cosas importantes que me ocurran. Pero eso, PARTE . Vamos, que no quiero que conozcas a mi familia porque yo soy muy reservada para eso.
Y las vacaciones en agosto las sigo pasando sola con las colegas de la cuadrilla, eh, que nos hemos ido siempre de vacaciones las cinco y eso no va a cambiar. Ah, y el sexo.. Pues oye, tampoco es algo tan importante siempre, así que tampoco es que tengamos que compartir eso todas las veces. Oye, y que paso de tener hijos contigo, que tu pool genético es un poco penoso. Pero vamos, que por lo demás, habrá numerosas ocasiones importantes en las que probablemente quiera que estés. O algo.”
Y Venancio está diciendo: “Quiero que seas un componente fundamental de mi vida. Quiero que formes parte de TODAS y cada una de las cosas importantes que me ocurran. No quiero que haya nada importante que no puedas compartir conmigo. Importante es la siesta. Importante es ir al gimnasio. Importante es comprar el pan. De hecho, estoy pensando en que nos saquemos una foto de pareja para nuestro DNI personal, y en que mi madre te adopte legalmente.”

Margarita y Venancio, segundos antes de descrubrir que el otro es un tarado según sus estándares. O su alma gemela, vete a saber...
Ahora es cuando alguien dice “Pero pardiez, lo que propone Margarita no es una relación de pareja. Y eso no es el significado de la frase, eso es trampa”. Más o menos al mismo tiempo que otra persona dice lo mismo de Venancio.
Pero la frase puede significar exactamente las dos cosas. Nadie miente. Sin embargo, les iría mucho mejor si se tomaran su relación de pareja con la misma seriedad que una sesión de BDSM y se dedicaran a clarificar los términos y dejarse de generalidades.
Decirle a alguien “tú eres lo más importante” es bello, pero no significa un carajo en la práctica. En cambio, sí lo es decirle “mi prioridad económica es tener recursos suficientes para mantener este, y este, y este capricho y para poder apoyarte el año que viene, que vas a preparar una oposición. De hecho, si la cosa se pone mal, vendo los palos de golf y me doy de baja en el club para poner pasta en la mesa. Ah, y como estamos pensando en tener un hijo, lo del viaje a Japón para practicar el idioma que tenía pensado para este verano tendrá que esperar unos años. Y oye, feliz y contento, que para mí esto es una inversión de puta madre, porque tú eres lo más importante. Pero ojo, que no pienso renunciar al masajista de ninguna de las maneras ¿eh?”.
Así se establecen claramente las implicaciones, lo que estamos ofreciendo realmente y, probablemente, el tipo de reciprocidad que vamos a demandar. Eso sí es decisivo decirlo.
(Y, si me apuras, decirlo tampoco es decisivo. Lo que es significativo es que además LO HAGAS.)
Hay que ser específico para tener éxito, llevar las dudas al terreno de la vida real y no dejarlas en el aire por un romanticismo mal entendido o por pereza. O por miedo de que clarificar lo suficiente puede sacar a flote diferencias esenciales que se carguen el sueño. Amigxs, las decepciones, mejor antes de encargar boda para 400 invitados.
Así que ahí va mi propuesta. (que no se diga que este no es un blog constructivo)
Después de una maravillosa sesión de sexo, Margarita dice:
- Quiero que seas parte de mi vida, Venancio.
-¡Qué bien! Yo también quiero que seas parte de mi vida.- responde Venancio.- ¿Pero oye, tú eres de colcha o de pudding? Yo es que soy más bien de pudding, a ver si la vamos a liar…
-Estooo… ¿de pudding?
- Sí, verás. Se puede entender que “algo es parte de algo” como lo son las pasas en el pudding. Cuando tú cocinas la receta, las pasas no están en todo el pudding. No estás constantemente masticando pasas. pero sí quieres que estén distribuidas, que puedan aparecer en cualquier bocado. De hecho, QUIERES que aparezcan en la mayoría de los bocados, te decepcionaría estar comiendo un rato sin encontrar pasas… O puede que tu “algo es parte de algo” sea estilo “pieza en una colcha de patchwork”. La pieza forma parte de la colcha, está en contacto con partes de la colcha, pero no sabe, ni conoce ni es responsable de cuidar lo que pase en el otro extremo de la colcha.
Y Margarita responde que ella es tipo colcha de piezas pequeñas y casi sin influencia sobre las demás (bueno, la de su pareja es un poco más grande), y Venancio contesta que en realidad, para él pudding es más bien una sola pasa omnipresente, y entonces discuten y se separan, y les duele un poco, pero mucho menos que si se dieran cuenta a los seis años de relación.
O igual encuentran un punto medio en el que los dos estarán cómodos, se sentirán realizados, no estarán presionados ni castrados y serán felices, vete a saber. Esto es lo deseable y lo que acabará ocurriendo tarde o temprano si una prueba el número suficiente de veces con el número suficiente de personas. Incluso puedes tener algunas relaciones tipo pudding y otras tipo colcha, según lo que te pida el cuerpo.
Pero considerad seriamente el incorporar este tema a vuestras primeras conversaciones, y continuar hablando de tipos de harina, tamaño de las piezas, etc, que esto es sólo el comienzo.
Y, si antes de nada, os hacéis la pregunta a vosotrxs mismxs, evitaréis haceros líos y hacérselos a otras personas. Antes de que esta revelación iluminara mi sesera, teníamos todxs la excusa de que no se nos había ocurrido pensar en este aspecto de las relaciones. Pero ahora ya no hay disculpa, porque todxs (yo también) hemos leído esto. En cuanto haya ocasión, ya sabéis, preguntad.
- Oye, cielo, y tú… ¿eres uno de esos anticuados y vulgares puddings, o una colcha cool y sofisticada?
Sí, ya sabemos que preguntar así tiene el riesgo de que te contesten lo que piensan que quieres oír.
Precisamente formulo así la pregunta para ilustrar el hecho de que, si no eres asertivo con lo que quieres y estás dispuesto a defender tu estilo de vida, también acabarás cagándola. Bastará que unos bellos ojos grises, una espectacular melena negra y un pack de ocho en los abdominales te pregunten esto para que jures y perjures que a ti lo que te molan son las colchas. Aunque no tengas ni puta idea de costura