+++ Estoy estudiando Coaching. Cómo me he metido en un curso acerca de una disciplina tan pintoresca es una historia curiosa en sí misma, pero que no voy a contar ahora. Gracias a mi conocida Greta me he tirado a la piscina y, gracias a la zambullida, Greta está dejando rápidamente de ser una conocida y se está convirtiendo en una amiga.
Cuando me matriculé en el curso, yo tenía unas metas claras y cercanas basadas en unos objetivos a medio plazo que habían sido elaborados en base a un análisis de la realidad. No sé si el análisis no era bueno, si los datos eran confusos o si simplemente la realidad cambió. El caso es que ha dado la casualidad de que, menos de un mes después del inicio del curso de Coaching, mi realidad, objetivos y metas son diferentes. Me guste o no.
No ha pasado mucho tiempo, pero he vuelto a caer de pie. Los gatos, que son los auténticos expertos en este tipo de aterrizajes, consiguen sobrevivir a caídas espectaculares gracias a que dominan su centro de gravedad y no se dejan desorientar por la falta de apoyo. En lugar de hacerse un ovillo y esperar la ostia, giran y giran hasta que recuperan su posición. Y caen de pie.
Lo que mucha gente no sabe es que sobreviven , pero no les sale gratis. Es frecuente que se rompan la mandíbula cuando su cabeza rebota contra el suelo, o que se hagan daño en una extremidad. Así que una gata, si fuera capaz de felicitarse a sí misma, debería hacerlo cada vez que consigue salir completamente ilesa. Si le duelen las rodillas… mañana será otro día y el dolor se habrá pasado.
Gente interesante, los gatos. No es raro que tengan tantos fans. Por otro lado, hay ciertas ventajas en ser una humana y poder felicitarte a ti misma.
Pero yo no venía a hablar de eso, sino de mis deberes. El entrenamiento de una coach pasa por emplear las herramientas de autoconocimiento, análisis de la realidad, establecimiento de objetivos y metas sobre una misma, para que luego seas capaz de aplicarlas con otras personas con conocimiento de causa.
Y tengo que reconocer que, además de la falta de tiempo, los viajes, etc, parte de mi tremenda pereza para ocuparme de las tareas que nos han pedido pasa por que me da miedo revisar los cambios recientes que han sucedido, y descubrir que las recetas de emergencia que he aplicado y que tan buen resultado me están dando no dejan de ser una forma de satisfacer necesidades superficiales y caprichos. No sé, comprarle una moto a tu hijo enfermo de cáncer lo alegrará, pero el cáncer seguirá ahí.
Honradamente, no creo que descubra nada distinto de lo que observé mientras caía y giraba sobre mi centro de gravedad. Hace algún tiempo que sé quien soy, lo que deseo, lo que estoy dispuesta a entregar a cambio. Creo que estoy donde quiero y debo estar, dentro del margen que me ofrece el mundo que me toca vivir. Y percibo que ese mismo mundo me envía señales positivas, que me dicen que llevo el equipaje adecuado en la dirección correcta. Pero nunca se sabe… ¿Y si abro la mochila y salta un boggart sobre mí?
Obviamente, sólo hay una posibilidad. Si me doy cuenta de que remoloneo al abordar una acción por miedo, la solución es la de siempre: actuar urgentemente, como si el miedo no existiera. Generalmente, el miedo desaparece pronto. Y la recompensa es importante.
Y, por supuesto, no puedo dejar de agradecer a Greta que me haya amenazado con darme la tabarra hasta el infinito y más allá si no espabilo. Los amigos no te pasan la mano por el lomo en situaciones como esta. Te dan cariñosas patadas en el culo
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