+++ Dormimos del tirón. La habitación del hotel es realmente confortable, y aunque las vistas desde la ventana no son muy bonitas (al patio interior del hotel le falta mucho para serlo) tampoco pensamos pasar mucho tiempo allí.
Al grito de “¡Deprisa, deprisa, que nos quitan Londres!” bajamos a desayunar. La chica que nos sirve el café es sevillana. Pronto nos daremos cuenta de que aproximadamente un tercio de la gente que encontraremos en Londres parece ser española.
De día y sin estar agotada, la calle del hotel es mucho más bonita. Hay una tienda 24 horas atendida por quien parece un pakistaní un tanto deprimido. Pensamos que no debe ser la clase de trabajo con la que nadie sueña de pequeño, pero que tampoco será para tanto.
El metro de Londres es muy caro. En general lo es todo el transporte urbano. Cuando vienes de una ciudad como Madrid, donde el transporte público es eficiente y barato, te choca.
Los biletes individuales cuestan unas 3 libras para dos zonas (las zonas son pequeñas, así que cambias de zona con mucha facilidad). Afortunadamente, puedes adquirir una Travelcard por 4.90 £ que te sirve para todo el día para las zonas 1 y 2, lo que comprende casi todo el centro de Londres y que puede usarse en metro y autobús. Hay ciertas restricciones de uso en horas punta de días laborables, pero para los turistas es ideal. Y nosotros somos eso, turistas.
Hace un día realmente espléndido, así que mantenemos nuestro plan original: pasar la mañana recorriendo los puntos más característicos de Londres manteniendo como eje el Támesis.
Para ello, iremos en metro hasta Vauxhall Bridge (marcado en el plano como punto 1) y desde ahí subiremos hacia el norte bordeando el río en dirección al Parlamento. ¿Por qué? Porque según la guía, la mejor vista del Big Ben se disfruta desde el puente de Lambeth, que es el siguiente. Allá vamos.
El metro de Londres es redondito y acolchado. Los túneles son más angostos, de cuando perforar el subsuelo era asunto más complejo y caro. Como consecuencia, los vagones tiene el techo más bajo e Imperator tiene que ir encorvado para no hacerse un chichón. Pero casi siempre podemos ir sentados, y disfrutar del mullido tapizado, menos higiénico que el duro plástico al que estoy acostumbrada, pero más confortable. Por todas partes hay publicidad. Una buena parte, de espectáculos teatrales. En esta ocasión no hemos comprado entradas para ninguno, pero para la próxima parece una opción muy apetecible.
Imperator compra un café en la entrada, de los que llevan tapa para llevar. A mí me inquieta un poco andar por ahí con un cacharro de sustancia hirviente, pero la verdad es que se le ve perfectamente integrado. Muchísima gemnte en Londres se mueve por la calle y por el metro con una botella en la mano, ya sea de cerveza o de refresco o de cubata hecho en el propio andén. Por la mañana, lo que más se ven son cafés.
Cuando salimos a Vauxhall Bridge desde el subsuelo, el aire es frío pero el sol es radiante. Nos enfrentamos por primera vez con un problema que más tarde será recurrente: la alienígena disposición de los pasos de cebra.
Al principio pensé que, simplemente, no estaba familiarizada con la lógica de las ubicaciones y que sería cosa de buscar con detenimiento. Imperator, por su parte, prefirió asumir rápidamente la lógica de los nativos y cruzar por donde le pareció seguro sin fijarse en si había rayas o no, que es lo que vi hacer a un montón de peatones allí. O bien ese es el sistema, o bien éramos todos de fuera y con pocas ganas de perder el tiempo. Nunca estuvieron a punto de atropellarnos, así que no lo hicimos tan mal.
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Una de la sorpresas inesperadas (suelen serlo) fue darnos cuenta de que habíamos salido a tierra al lado de la nueva sede del MI6, el servicio de inteligencia británico y base de James Bond según las novelas y películas. Este edificio es relativamente nuevo, y bastante bonito. Aunque imagino que estará atiborrado de cámaras, no da una sensación de seguridasd especialmente alarmante. Nada de gente armada haciendo rondas, ni carteles de “no trespassing”. Supongo que si tocas donde no debes, se limitarán a abrir una trampilla bajo tus pies y dejar que los tiburones amaestrados del Támesis se encarguen de tus imprudentes restos.
Río arriba, desde el puente de Lambeth (punto 2 del plano), la vista es esta:

La noria de la derecha es el London Eye, una atracción que se instaló durante el 2000 con la idea de mantenerla solo un par de años, y que ha tenido tanto éxito que ha perdurado. Tampoco subimos. Falta de tiempo.
A la izquierda, el Parlamento y su famosa torre, el Big Ben. Mucho más bonito de cerca que en las fotos, como todo el parlamemnto en general. Me habían hablado de la posibilidad de entrar a ver una sesión parlamentaria, pero lógicamente no hay sesiones el fin de semana. Otra razón para ir a Londres en días laborables.
Resumiendo, hay un montón de monumentos realmente bonitos en esa zona, y una guía de viajes os los explicará estupendamente. También hay una barbaridad de turistas haciendo cola, así que preferimos dedicar el tiempo a pasar y disfrutar de las imponentes fachadas neogóticas de la zona.
Como curiosidad, puedo decir que en el parquecito que se encuentra en el centro de la plaza del Parlamento hay varios banquitos para sentarse, senderitos para caminar y una estatua de Churchill. Tras vuelta y media a la plaza, no conseguimos encontra el medio legal para cruzar allí, así que volvimos a la táctica de la carrerita.
Cuando pasamos junto a la entrada del Parlamento, vimos a un bobby vigilando su entrada desde la garita. En este viaje yo tenía la firme intención de ser lo menos snob posible y hacer de turista a tope, así que consecuentemente me emocioné. Una no se pasa sumergida en cultura literaria y cinematográfica anglosajona toda su vida para que luego le den igual estas cosas.
Así que pensé en sacarle una foto, pero no quería hacerlo sin permiso. Cosas que tiene el vivir en un país con amenaza terrorista de toda la vida, que te lo piensas mucho antes de sacarle una foro a un agente de seguridad del estado…
Imperator no se lo pensó y se acercó decididamente a pedirle al agente si nos permitía sacarle una foto. Y el bobby fue tan simpático que no sólo nos dio permiso, sino que salió de la garita para posar conmigo, todo sonriente y encantador, hablando con felicidad de sus vacaciones en la soleada España.
Esa fue la primera vez, y no la última, que tuve la percepción de que los españoles les hacemos cierta gracia. Mira qué bien.
Después nos dirigimos hacia Trafalgar Square subiendo por Whitehall Street. Y para cuando llegamos, teníamos hambre. Bueno, yo no mucha, porque recordaréis que estaba algo resfriada, pero Imperator se sentia famélico. Así que lo primero fue buscar un sistio para comer algo. A las 12 de la mañana.

Sin cargo extra alguno, colocan en cada habitación un calentador de agua eléctrico con café soluble, té, infusiones y unas pastitas, que reponen cada día . Ah, y las pugneteras tarrinitas de crema de leche, pero me pongo tan contenta que hasta las miro con cariño.
