Plastoserie londinense: Sábado 18 de Noviembre de 2006.

+++ Dormimos del tirón. La habitación del hotel es realmente confortable, y aunque las vistas desde la ventana no son muy bonitas (al patio interior del hotel le falta mucho para serlo) tampoco pensamos pasar mucho tiempo allí.

Al grito de “¡Deprisa, deprisa, que nos quitan Londres!” bajamos a desayunar. La chica que nos sirve el café es sevillana. Pronto nos daremos cuenta de que aproximadamente un tercio de la gente que encontraremos en Londres parece ser española.

De día y sin estar agotada, la calle del hotel es mucho más bonita. Hay una tienda 24 horas atendida por quien parece un pakistaní un tanto deprimido. Pensamos que no debe ser la clase de trabajo con la que nadie sueña de pequeño, pero que tampoco será para tanto.

El metro de Londres es muy caro. En general lo es todo el transporte urbano. Cuando vienes de una ciudad como Madrid, donde el transporte público es eficiente y barato, te choca.

Los biletes individuales cuestan unas 3 libras para dos zonas (las zonas son pequeñas, así que cambias de zona con mucha facilidad). Afortunadamente, puedes adquirir una Travelcard por 4.90 £ que te sirve para todo el día para las zonas 1 y 2, lo que comprende casi todo el centro de Londres y que puede usarse en metro y autobús. Hay ciertas restricciones de uso en horas punta de días laborables, pero para los turistas es ideal. Y nosotros somos eso, turistas.

Hace un día realmente espléndido, así que mantenemos nuestro plan original: pasar la mañana recorriendo los puntos más característicos de Londres manteniendo como eje el Támesis.

Para ello, iremos en metro hasta Vauxhall Bridge (marcado en el plano como punto 1) y desde ahí subiremos hacia el norte bordeando el río en dirección al Parlamento. ¿Por qué? Porque según la guía, la mejor vista del Big Ben se disfruta desde el puente de Lambeth, que es el siguiente. Allá vamos.

Plano de Londres 1

El metro de Londres es redondito y acolchado. Los túneles son más angostos, de cuando perforar el subsuelo era asunto más complejo y caro. Como consecuencia, los vagones tiene el techo más bajo e Imperator tiene que ir encorvado para no hacerse un chichón. Pero casi siempre podemos ir sentados, y disfrutar del mullido tapizado, menos higiénico que el duro plástico al que estoy acostumbrada, pero más confortable. Por todas partes hay publicidad. Una buena parte, de espectáculos teatrales. En esta ocasión no hemos comprado entradas para ninguno, pero para la próxima parece una opción muy apetecible.

Imperator compra un café en la entrada, de los que llevan tapa para llevar. A mí me inquieta un poco andar por ahí con un cacharro de sustancia hirviente, pero la verdad es que se le ve perfectamente integrado. Muchísima gemnte en Londres se mueve por la calle y por el metro con una botella en la mano, ya sea de cerveza o de refresco o de cubata hecho en el propio andén. Por la mañana, lo que más se ven son cafés.

Cuando salimos a Vauxhall Bridge desde el subsuelo, el aire es frío pero el sol es radiante. Nos enfrentamos por primera vez con un problema que más tarde será recurrente: la alienígena disposición de los pasos de cebra.

Al principio pensé que, simplemente, no estaba familiarizada con la lógica de las ubicaciones y que sería cosa de buscar con detenimiento. Imperator, por su parte, prefirió asumir rápidamente la lógica de los nativos y cruzar por donde le pareció seguro sin fijarse en si había rayas o no, que es lo que vi hacer a un montón de peatones allí. O bien ese es el sistema, o bien éramos todos de fuera y con pocas ganas de perder el tiempo. Nunca estuvieron a punto de atropellarnos, así que no lo hicimos tan mal.

Sede del MI6, en Vauxhall Cross

Una de la sorpresas inesperadas (suelen serlo) fue darnos cuenta de que habíamos salido a tierra al lado de la nueva sede del MI6, el servicio de inteligencia británico y base de James Bond según las novelas y películas. Este edificio es relativamente nuevo, y bastante bonito. Aunque imagino que estará atiborrado de cámaras, no da una sensación de seguridasd especialmente alarmante. Nada de gente armada haciendo rondas, ni carteles de “no trespassing”. Supongo que si tocas donde no debes, se limitarán a abrir una trampilla bajo tus pies y dejar que los tiburones amaestrados del Támesis se encarguen de tus imprudentes restos.

Río arriba, desde el puente de Lambeth (punto 2 del plano), la vista es esta:

Vista desde el puente de Westminster, hacia el norte.

La noria de la derecha es el London Eye, una atracción que se instaló durante el 2000 con la idea de mantenerla solo un par de años, y que ha tenido tanto éxito que ha perdurado. Tampoco subimos. Falta de tiempo.

A la izquierda, el Parlamento y su famosa torre, el Big Ben. Mucho más bonito de cerca que en las fotos, como todo el parlamemnto en general. Me habían hablado de la posibilidad de entrar a ver una sesión parlamentaria, pero lógicamente no hay sesiones el fin de semana. Otra razón para ir a Londres en días laborables.

Resumiendo, hay un montón de monumentos realmente bonitos en esa zona, y una guía de viajes os los explicará estupendamente. También hay una barbaridad de turistas haciendo cola, así que preferimos dedicar el tiempo a pasar y disfrutar de las imponentes fachadas neogóticas de la zona.

Como curiosidad, puedo decir que en el parquecito que se encuentra en el centro de la plaza del Parlamento hay varios banquitos para sentarse, senderitos para caminar y una estatua de Churchill. Tras vuelta y media a la plaza, no conseguimos encontra el medio legal para cruzar allí, así que volvimos a la táctica de la carrerita.

Cuando pasamos junto a la entrada del Parlamento, vimos a un bobby vigilando su entrada desde la garita. En este viaje yo tenía la firme intención de ser lo menos snob posible y hacer de turista a tope, así que consecuentemente me emocioné. Una no se pasa sumergida en cultura literaria y cinematográfica anglosajona toda su vida para que luego le den igual estas cosas.

Así que pensé en sacarle una foto, pero no quería hacerlo sin permiso. Cosas que tiene el vivir en un país con amenaza terrorista de toda la vida, que te lo piensas mucho antes de sacarle una foro a un agente de seguridad del estado…

Imperator no se lo pensó y se acercó decididamente a pedirle al agente si nos permitía sacarle una foto. Y el bobby fue tan simpático que no sólo nos dio permiso, sino que salió de la garita para posar conmigo, todo sonriente y encantador, hablando con felicidad de sus vacaciones en la soleada España.

Esa fue la primera vez, y no la última, que tuve la percepción de que los españoles les hacemos cierta gracia. Mira qué bien.

Después nos dirigimos hacia Trafalgar Square subiendo por Whitehall Street. Y para cuando llegamos, teníamos hambre. Bueno, yo no mucha, porque recordaréis que estaba algo resfriada, pero Imperator se sentia famélico. Así que lo primero fue buscar un sistio para comer algo. A las 12 de la mañana.

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Como cada año, acuerdo de mínimos.

+++ Me había prometido no escribir nada más aquí hasta terminar la plastoserie. Pero esto no quiero dejarlo pasar . Como cada año, renuevo mi acuerdo de mínimos con mi existencia.

 Estás viva. No estás loca. Buen trabajo.  

Que nunca olvide los malos tiempos en los que el acuerdo de mínimos era el único acuerdo posible. Que nunca lo olvide para poder celebrar que ahora tengo mucho más. Especialmente este año.

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Pausa Publicitaria

+++ Beba.

Beba no es como Barbián.  Barbián es travieso, Beba es tranquila. Barbián es desordenado y caótico, Beba hace lo que debe y se mueve con calma. Barbián es alegre y confiado. Beba vive como si algo malo fuera a pasarle en la próxima hora. Creo que piensa que “eso” malo podríamos ser nosotros.

A Barbián lo dejaron en un cubo de basura a la semana de nacer. Un niño lo oyó maullar y lo rescató. Me gustaría poder encontrar a ese niño para decirle que mereció la pena, que ese gato lleva una vida plácida y feliz en nuestra casa. Que sólo tuvo un mal rato de más con los humanos, porque el resto de los que ha conocido siempre lo trataron bien.

Beba fue abandonada, trasladada, reubicada varias veces. Ha vivido en la calle y tiene la desconfianza, a veces incluso el resentimiento de las víctimas. Aunque nunca tolero que se enfrente a mí abiertamente, ayer me bufó cuando intentaba sacarla de la habitación para limpiar. En esos casos hay que esperar un rato, porque puede entrar en pánico si intentas forzar la situación. Mi gata neurasténica.

No le gusta que la cojan en brazos. No sabe comer golosinas. No sabe jugar apenas, salvo si encuentra un trozo de cuerda, y aun así no confía lo bastante en quien la sujeta. No sé si alguna vez lo hará.

Pero Beba, de todos los lugares de la casa, elige arrastrar su desconfianza, sus malos recuerdos y sus reacciones raras a donde yo estoy. Y me gruñe cuando la muevo del sitio que le gusta, que es junto al teclado. Y nada más despertarme, viene tras de mí para gruñirme en la cocina, para quedarse dormida junto al ratón del ordenador y no dejarme moverlo. A veces incluso, para hacerme el honor de deslizarse hasta mi regazo mientras intento trabajar, y enterrar su hocico bajo mi pecho mientras me llena de babas la camiseta, en un remedo de una lactancia que quizás se interrumpió demasiado pronto.

Cada uno es como es. Y yo intento de veras aceptar a la gente a la que quiero tal y como es. Que es lo mismo que decir “tal y como quieren ser”.  A veces no entiendo por qué se comportan como lo hacen, pero eso es porque intento explicar su comportamiento desde mi propia base de vectores, he ahí el error. No siempre tengo otra base más que esa, pero al menos procuro tener en cuenta que la explicación no puede ser veraz. Y trato de aceptar los gruñidos y las muestras de afecto a lo Rudyard Kipling, “siendo un hombre” (mi amado Kipling no era precisamente un gran admirador de las mujeres como material literario, pero la esencia del poema es igualmente válida).

Esta es una pausa publicitaria con un deje melancólico, pero no estoy triste. Me siento bastante feliz, pero no como en esas ocasiones en que el bienestar procede del equilibrio y la serenidad, sino más bien como en una borrachera de cabeza a pájaros, alegría y vulnerabilidad. Es entonces cuando me entristezco mucho si Beba me gruñe, pero también cuando me alegro tantísimo de que ahora mismo esté hecha un rosco a mi lado, dormida, estorbona y confiada.

Plastoserie londinense. Viernes 17 de Noviembre de 2006.

+++ Plastoequipaje imprescindible:

  • Guía de Londres de Lonely Planet. Tan divertida que se puede ir leyendo durante el mes anterior al viaje en lugar de una novela. Utilísima. (Gracias a Stephy por la recomendación).
  • DVD portátil. Por si hay espera en el aeropuerto, que sea parte de la fiesta.
  • Primera Defensa. Sí, el spray nasal ese del anuncio de la madre que le monta una pataleta al niño caprichoso. Permite que un inicio de serio resfriado al principio de un viaje muy esperado sea sólo una pequeña molestia y no un desastre.
  • Billetes de avión y DNI
  • Cosas de ponerse, de lavarse, de oler bien y de leer.
  • Firme disposición a que todo sea divertido.

Plastoequipaje optativo:

  • Una vaga y peregrina idea de en qué consisten las nuevas regulaciones sobre líquidos en el equipaje que han empezado a aplicarse una semana antes.
  • Decenas de bolsas de plástico autosellables, por si acaso.
  • Una enorme preocupación por no perder el vuelo por mi parte. Suele desarrollarse cuando ya has perdido uno en una ocasión anterior.
  • Cámara de fotos.

+++ El vuelo despega a las 20:45 del viernes. Teóricamente.

Imperator y Rapunzell, gracias a la mala experiencia anterior de esta y a lo pesada que se pone, salen como dos días antes hacia el aeropuerto para llegar prontito (nota: la advertencia de que exageraré cuando me dé la gana sigue siendo válida para esta u posteriores entregas).

++ Trayecto portal de casa-estación de metro de Embajadores. Sin incidentes. Se rompe una maleta.

Rapunzell e Imperator (en perfecta sincronía): ¡Mierda!

Regreso a casa a cambiar de maleta.

++Trayecto portal de casa-estación de metro de Embajadores (2). Sin incidentes.

++Trayecto en metro Embajadores-Barajas, rápido y sin incidentes.

++ Trayecto desde la entrada en Barajas a la puerta de embarque. UNA HORA. Tomar un autobús a la T4. bajar cientos de escaleras mecánicas, hasta notar que la temperatura sube alarmantemente. Tomar una lanzadera subterránea con la esperanza de que no te hayas perdido. Subir cientos de escaleras mecánicas mientras agradeces que el contenido en osmio de la atmósfera se esté reduciendo. Hacer el numerito de empaquetar los líquidos con las bolsitas homologadas que te dan allí.

Y allí, esperar a poder embarcar. Cosa que sucede con media hora de retraso.

Eso tiene una gracia enorme.

Porque, según la Lonely Planet, el metro en Londres funciona hasta las 0:30 en el mejor de los casos (anuncia que está en estudio ampliar una hora más el horario en finde semana, pero no sabemos si ya está en marcha la iniciativa).

El vuelo dura unas dos horas. Hay que calcular una hora más o menos de tren entre el aeropuerto de Gatwick y la estación Victoria. Si todo va bien, llegas por los pelos. Si el avión despega tarde, pues no. Y el avión despega media hora tarde.

(Una mente previsora hubiera mirado ese espinoso asunto con detenimiento y antelación. Pero ni se nos ocurrió. Las semanas anteriores anduvimos muy ocupados con otras cosas.)

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El vuelo.

Imperator: ¿Cuánto dice la guía que viene acostar un taxi desde el aeropuerto?

Rapunzell: 86 libras, que son137 euros.

(Imperator y Rapunzell recuperan la consciencia cuando la azafata los abanica un poco con la revista del avión y les pregunta si se encuentran bien. Es un vuelo barato y no hay cena como tal. Les dan dos sandwiches muy ricos y una bolsa de plástico para echar los desperdicios.)

Azafata: Beer? Coffee or tea?

Imperator: Beer, please.

Rapunzell: White coffee, please.

(La azafata, muy amable, sirve un vasito con líquido a Rapunzell. Rapunzell consigue habilidosamente, como en cada viaje al extranjero, mancharse la ropa y blanquear el líquido del vasito empleando sólo los 10 ml de crema de leche que trate la estúpida tarrinita. Prueba el mejunje resultante. El café del avión tiene un pronunciado sabor a té. Lógico. Es té.)

Rapunzell: ¿Para qué me pregunta qué quiero tomar, entonces?

Imperator: Será una encuesta.

El té está bastante bueno. El café seguramente será peor. Rapunzell lo deja correr.

Rapunzell e Imperator dormitan. Hacen planes para superar la eventualidad de quedarse tirados camino al hotel sin medios de transporte público. Miran por la ventanilla.

Pero hay algo con lo que no contaban nuestros héroes, y que les salva las posaderas. La diferencia horaria. En este caso, a favor. Al llegar al aeropuerto, hay que retrasar los relojes una hora.

Aun así, van mal de tiempo. Hay dos tipos de tren para ir desde el aeropuerto hasta Londres.

Uno es el Gatwick Express, que sólo tarda media hora, sale cada15 minutos y cuesta 14 libras. Sólo funciona hasta las 23:45. No llegamos a tiempo.

El otro es el Southern Trains, más barato (9 libras) , más lento, más feo. Pero hay trenes hasta las cuatro de la mañana. Ese es el que cojemos.

En la estación hace frío. Yo oigo regocijarse a mis rhinovirus, en plena expansión colonial. Miramos el panel luminoso. Un montón de gente lleva una botella de cerveza o de coca cola en la mano.

Imperator resume la situación con esta cara.

Pero tenemos suerte, el horario del metro se ha ampliado ya los fines de semana (¡SÍÍÍÍ!) y podremos llegar en metro al hotel.

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El hotel.

Tenemos reserva en el Danubius Regents Hotel. Es un hotel estupendo, muy bien situado (al lado de Regents Park) y con un personal amabilísimo. Nos damos cuenta de que la oferta que conseguimos era realmente buena.

Estamos cansados y tengo hambre, porque no he comido nada desde el mediodía, aparte de los sandwiches. Es muy tarde para ir a cenar.

Pero cuando subimos a la habitación, nos encontramos una agradabilísima sorpresa.

la kettle. Como dice Imperator, te llega al corazón. Sin cargo extra alguno, colocan en cada habitación un calentador de agua eléctrico con café soluble, té, infusiones y unas pastitas, que reponen cada día . Ah, y las pugneteras tarrinitas de crema de leche, pero me pongo tan contenta que hasta las miro con cariño.

La habitación es acogedora. Nos tomamos una tacita de té caliente en pijama mientras hablamos de lo que haremos al día siguiente.

Ya estamos en Londres.

Plastoserie londinense. Prólogo.

+++ Increíble pero cierto. Dos meses y pico después, aquí está mi plastoserie (lindo y popular término inventado por Gorpik que yo incorporé a a mi vocabulario con el alivio de saber que ya tienes una palabra para “eso”) .

Ya Imperator adelantó un resumen del viaje, con fotos incluidas. Lo que yo quiero hacer es transcribir aquí algunas de las notas que tomé esos cuatro días, por si pudieran serle de utilidad a alguien allí. Y, qué diablos, porque dije que lo haría.

Empezaré describiendo por qué fuimos a Londres. Para que sea más ameno, lo haré en forma dramatizada. E incluso le seré infiel a la verdad si lo veo pertinente, avisados quedáis.

[Escena I]

Imperator y Rapunzell están sentados en el sofá de su cuartito de estar. De las paredes, aun demasiado desnudas, cuelgan unas ilustraciones de Manara y Frank Quitely para Sandman.

Deseo, por Manara En el televisor, el Enterprise ha detenido un ratito su misión de explorar nuevos mundos, buscar nueva vida y nuevas civilizaciones. Ni siquiera el Enterprise puede escapar del poder del Pause.

Rapunzell: … y yo quiero que hagamos un viajecito a algún lado, pero no digo de ir a Granada o a la RAM que es donde vamos siempre. Un viajecito a otro sitio. No sé, por ejemplo, París.

Imperator: No, mejor Londres.Los Eternos, de Quitely, en DC Cómics

Rapunzell: Londres es carísimo.

Imperator: Pero hablamos el idioma.

Rapunzell: Ya, pero es muy caro.

Imperator: En París no nos vamos a entender con nadie.

Rapunzell: No tengo ningún interés en comunicarme con los parisinos, más allá de la recepción del hotel y la gente que vende entradas en el d’Orsay.

Imperator: Pero Londres mola mil.

Rapunzell: Bueno, vale, ya veremos.

[Fin de la Escena I]

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[Escena II]

Rapunzell sentada frente al ordenador.

Rapunzell: ¡CARIÑOOOOOOOOOOOOOOO…!

Imperator [desde todo lo lejos que permite un pisito céntrico en Madrid ]: ¿Quéééééé….?

Rapunzell: ¡MIRA ESTOOOOOOOOOO…!

Imperator aparece, secándose las manos con un trapo de cocina.

Rapunzell le señala una oferta de vuelo más hotel a Londres en la pantalla.

Imperator (con entusiasmo): ¡Pues vamos a pillarla ni pollas!

Rapunzell: Al fin y al cabo, siempre podemos alimentarnos de chopped.

Rapunzell teclea.

[Fin de la Escena II]