Cómo saben hacerme feliz una y otra vez XD…

+++ … aunque, sinceramente: no estoy aun a la altura.

Pero es el mejor horizonte que se puede escoger. Cuando sea mayor, seré como Jean Luc Picard (pero con pelo).

Which Fantasy/SciFi Character Are You?

An accomplished diplomat who can virtually do no wrong, you sometimes know it is best to rely on the council of others while holding the reins.

There are some words which I have known since I was a schoolboy. “With the first link, the chain is forged. The first speech censored, the first thought forbidden, the first freedom denied, chains us all irrevocably.” These words were uttered by Judge Aaron Satie — as a wisdom, and warning. The first time any man’s freedom is trodden on, we’re all damaged.

Jean-Luc is a character in the Star Trek universe.

Be water, my friend

+++ Uno:

Y el hombre, en un impulso afectuoso
aun preguntó: “¿Qué ha llegado a saber?”
Y el muchacho explicó: “Que el agua blanda
Hasta a la piedra dura acaba por vencer.
Lo duro pierde”

(Fragmento de Leyenda sobre el origen del libro “Tao Te King” dictado por Lao-Tse en el camino de la emigración – Bertolt Bretch)

+++ Dos:

Ciudad Encantada-Cuenca

+++ Tres:

Hace años conocí a un profesor de filosofía y músico (ambas cosas eran igual de importantes para él). Hubo mucho que no comprendíamos bien el uno del otro, pero el peligro sentimental de que una aventura se convirtiera en algo más apareció cuando nos dimos cuenta de que compartíamos espacios donde no habitaba nadie más que nosotros conociéramos.

- Pienso que todo es posible.-dijo él.

- Pienso que todo es posible.- dije yo.

Sólo tenemos que intentarlo el tiempo suficiente. Y desearlo.

No es lo que parece.

+++ En contra de lo que puede parecer por las últimas entradas, estoy bastante satisfecha con como me van las cosas.

En el terreno personal (en una pequeña parcela del mismo) , es cierto que me he llevado alguna plancha. O más bien, que erré al evaluar el tema de “hasta dónde puede llegar alguien cuando decide hacer buenas tus sospechas de devaluación de su producto”. Como hacía poco tiempo que había tomado la determinación de darle más chance al producto en cuestión, pues la situación me hace sentir imbécil, claro. Y no lo llevo bien, lo de sentirme imbécil. Supongo que os habéis dado cuenta.

Peeeeeeero…

Es pecata minuta. Porque en general, mi terreno personal florece como hacía tiempo que no lo hacía. Mi fe en los seres humanos se deteriora por un extremo pero crece como una planta tropical por el otro, y la savia que circula por ese extraño vegetal susurra que aun me quedan muchas buenas sorpresas que llevarme, y que no se gana ni se pierde, sólo se gira. Y el giro nunca se acaba, y permite ver lo que antes no tenías oportunidad de saber, porque no tenías el ángulo adecuado. Y lo que veo me gusta. Bendito mundo este, lleno de ángulos, donde el paisaje cambia sólo con que cambies de posición.

Mi trabajo es abundante, agotador y demasiado concentrado en el tiempo, lo que me hace más susceptible y vulnerable al berrinche. Pero también es maravilloso, útil, enriquecedor y divertido. Y me alegro de haber vuelto.

Y mis decisiones acerca de cómo debo cambiar lo que se cuece en mi cabeza son acertadas, porque lo que viene después es mejor. Y yo me siento mejor.

Gracias a todos los que me habláis por aquí. No siempre me resulta fácil hablar de lo que me bulle en la cabeza en persona, pero sí me suele apetecer conversar sobre ello por aquí. Porque razono y razonais, y vuestros razonamientos no siempre serán tales que esté de acuerdo con ellos, pero aumentan mi caudal de información, modifican mi valoración de las cosas y me obligan a pensar mejor.

Y si todo cuadra, o empieza a cuadrar, la serenidad aparece y lo riega todo con champán (que mi serenidad no es ni pizca de sosa, sino una señora de lo más animada).

Deberes para hacer en casa

++ Lo bueno de escribir aquí y que te contesten, que tienes que explicarte mejor y eso te ordena la cabeza. Bueno, a lo que iba. Tareas para casa.

a) Si realmente no yerro con las distancias, porque no me como putadas como sugería Almuric que había podido ocurrir… ¿Qué hay de malo en que alguien tenga doble moral? Vamos, que cada uno debería ser como le diera la gana. A ver cuándo acabo de interiorizar esto como es debido.

b) URGENTE : buscar una definición de la palabra “amig@” más facilona. Puede que fusionar el concepto con “colega” en un solo grupo facilite las cosas.  Aplicar el nuevo concepto. Ya.

Y, si quiero nota y no sólo el aprobado, esta:

c)  Al final da igual el esfuerzo mental que le eches o las pinzas con que cojas. Da lo mismo que lo quieras hacer bien o que pases. Tus tripas y tu cerebro reptiliano saben, a estas alturas, lo bastante.

No es que el análisis y la introspección y la observación y el respeto a los otros estén mal.  Pero todo tiene que cambiar para que todo siga igual.

Puede que toque ahora. 

Escrito en General. 11 Comentarios »

“Yo era un tonto, y lo que he visto me ha hecho dos tontos”

+++ No es mío, es de Rafael Alberti. Dos post seguidos comenzados con una cita. Qué original soy.

Por una parte, desánimo. Parece que la película va siempre de lo mismo:  “¿Cómo puedo ser tan boba?”  Y no es que no sea verdad.

Pero es que las películas van siempre de lo mismo. Por ejemplo, las de conspiraciones. “Noooooo confíeees en naaaaaaaaadieeeeeee…” le susurra el Garganta Profunda de turno a la prota antes de palmarla con 20 cm de hierro atravesándole la camisa.

Y la prota piensa:

-”Cuán cierto, válgame Belcebú, que ya noté yo que el que me despachaba los pomelos esta mañana tenía aire sospechoso. Ahora mismo me voy a ver a mi portero, a mi ginecólogo, a mi amiga Mari Pili y a mi novio y les voy a contar todas, toditas mis sospechas. Ah, y lo del apartado de correos secreto también”.

Y tú, en el sofá de casa pensando:

-”¡Tontaaaaaaaaa, que eres más tonta que Abundio, que tu amiga Mari Pili está a sueldo de la Nova Stasi, que se le ve en la cara a la primera, tu portero es un ex agente de la CIA que de ex, nada de nada, tu novio es viceconsejero de la petrolera  que contaminó el orfalinato de niños tísicos y seguro que está pringado también , y tu ginecólogo…

Bueno, tu ginecólogo es el actor que está más bueno de todos, así que una de dos: o es un asesino a sueldo psicópata, o es el chico bueno que te ayudará a escapar de los malos. Pero vamos, que cuando el moribundo susurraba lo de “no te fíes de nadie”, ya te podías haber buscado un diccionario y consultar qué significa “nadie”, bonita. Que con lo tonta que eres, a saber cómo te sacaste el Doctorado ese en Termonuclearidad de los Aminoácidos Dextrógiros…”

Y la cosa es que la película, aparte de los tiros y las explosiones y los coches que vuelcan, va en el fondo de que la chica va aplicando lo de desconfiar de la gente como quien pela una cebolla, en capas cada vez más cercanas.

Y como es una película, pues al final los malos cascan, la chica descubre que del ginecólogo si te podías fiar (que para eso es el actor más guapo del reparto) y puede volver a confiar como antes en los demás, porque lo de estar con la mosca detrás de la oreja era una cosa circunstancial, que tenía más que ver con haber abierto accidentalmente el sobre con la schedule del malo que con otra cosa. Que no es que antes la pobre lo hiciera mal, ni nada de eso. Que ha sido mala suerte.

Los que no vivimos en una película, seguimos el mismo proceso de la cebolla. Pero como mi ginecólogo es un gilipollas feísimo del que no me fío para más que para que me dé la receta del anticonceptivo, pues sé que esto no es una peli y no funciona igual. Y que hay que seguir dale que dale a a la cebolla, porque tú no abriste ningún sobre, lo que ocurre es que las cosas no son como tú piensas. Es como la geometría euclidiana, que parece lógica y tal, pero que no es verdad, porque la distancia más corta entre dos puntos no es una recta sino una curva. Y eso no se acaba con el The End, eso sigue siendo así, así que sigues pelando cebolla.

Hasta que no entiendes nada.

Y entonces comprendes lo que decía Alberti, y el valor de los poetas que saben decir en 14 palabras las cosas que nos cuesta una vida aprender.

“Todo griego sabe lo que es correcto…

… pero sólo los espartanos lo hacen.”

Una de mis frases favoritas de 300, ese cómic tan de moda porque estrenan en pocos días una película basada en él. Hasta el día de hoy, mi cómic favorito. La frase que cito, una de las que recuerdo sin cesar.

Una de las cosas que más desprecio en el mundo es la doble moral. Comprendo cuando alguien cree en algo distinto a lo que yo creo, y lo acepto de buen grado. Me merece muy poca estima cuando alguien, presuntamente, es defensor de una forma de comportarse sólo mientras le conviene y, preferiblemente, descargando la obligación de seguir el código en otros. Que ya encontrarán una estupenda excusa cuando de saltárse sus propias normas se trate. Si son lo bastante astutos, la excusa será uno de sus visibles puntos flacos, y así nadie les pedirá que trabajen para arreglar ningún fallo.

Me merece desprecio intelectual cuando lo veo en personas ajenas a mí. Me repugna visceralmente cuando me doy cuenta de que ese es el modus vivendi de personas a las que yo he apreciado.

Creo que espero demasiado de la gente a la que quiero. Vaya plancha que te acabas de llevar, Mari Pili...

Creo que espero que compartan conmigo mi esencial escala de valores. No me sirve un “me da igual” o un “bueno, qué se le va a hacer” cuando de aspectos fundamentales se trata.

Me acerco peligrosamente a la gota de más en esto. ¿Cambio de espectativas? ¿Y cuáles adopto?

¿Hago que me dé igual el qué es importante para la gente que me rodea? ¿Hago que me dé igual si me quieren a mí por algo importante o por detalles accesorios? ¿Me conformo con que parezcan, y prescindo de que sean?

¿Cambio de actitud? ¿Cambio de gente?

Ja. Como si hubiera un letrero indicador :( (((

Escrito en General. 16 Comentarios »

Plastoserie londinense: Sábado 18 de Noviembre de 2006 (2)

+++ La idea original de alimentarnos de chopped pudo ser fácilmente descartada. Comimos bastante bien en Londres, y por no demasiado dinero (siempre recordando que el cambio es de lo más desfavorable, sigh)

Ya que estábamos en Trafalgar Square, y después de sacarle su correspondiente foto a la columna de Nelson (por hacerla, vaya, que la foto salió lógicamente lamentable) nos acercamos a St. Martin in the Fields a comer algo.

St Martin tiene tres cosas destacables. En primer lugar, la acústica. Cuando entramos en la capilla tuvimos la suerte de presenciar un ensayo para el concierto de esa misma tarde. Yo no me precio de ser una persona con una fina oreja para detectar armónicos, pero enseguida pude apreciar que la resonancia del sitio es realmente excepcional. Me quedé con las ganas de asistir al concierto.

Por otra parte, la cripta de la iglesia ha sido reconvertida en una cafeteríaHaciendo cola sobre las lápidas donde, por 10 libras más o menos puedes dejar tu estómago bastante repleto de una comida más que aceptable. Yo no tenía mucha hambre, pero lo que pidió Imperator tenía muy buena pinta, y él se mostró complacido. La gracia es estar haciendo cola encima de las tumbas, y entretener la espera leyendo las inscripciones.

Para terminar, tiene una tienda junto a la cafetería con un pequeño taller donde puedes hacer una especie de extraño “grabado en latón” si te apetece llevarte un recuerdo. La tienda está llena de preciosas tonterías, de esas que hacen feliz. Imperator se compró un cuadreno realmente bonito, y yo resistí la tentación de comprar un juego de imanes para componer poemas en la nevera. Pero por poco.

Os parecerá una extraña mezcolanza, pero para ellos no supone un problema. En la entrada de St Martins hay un cartel que dice, más o menos: “Este es un lugar de culto, donde la gente viene a orar. Este es también un centro artístico, donde puede acudirse a disfrutar de la música. Esto es también un negocio, que proporciona empleo y recursos a la iglesia”. Vamos, nada de hacerse extraños líos. A mí aquel cartel me hizo sentirme extraordinariamente a gusto, y bien acogida. Cuando me siento así, suelto pasta en las urnas de donativos con mucha más facilidad. Qué listos, los jodíos.

Después de la comida, una de mis visitas más esperadas e irrenunciables y en la que yo había puesto más esperanzas: la National Gallery.

A mí me gustan los museos, como los cines, porque sí. Por su ambiente. Por el talante de la gente cuando se encuentra allí. Por cómo huelen. Porque el aire siempre es suave, y puedes deambular sin rumbo. Además, la National Gallery envuelve esa especie de juego de descubrir tantos cuadros que has admirado en un catálogo…

Aunque la visita se limitó a algunas salas, destacaré dos cosas. Una, que John Constable, uno de los más famosos paisajistas ingleses, me da exactamente igual. En serio. Puedo prescindir de él tranquilamente.

Y luego está Turner, y su “Último viaje del Temerario”. He puesto el enlace para que tengáis una pálida referencia, pero la diferencia es tan abismal como si coloco una foto de Doña Rogelia para explicar quién es Mónica Bellucci. Sólo por verlo merece la pena visitar Londres. The Fighting Temeraire tugged to her last...

No sé qué diablos fumó Turner para llegar a tener esa percepción de la atmósfera en ese momento mágico, si esa fusión de colores es producto de la inspiración repentina o del cálculo y la premeditación. Me importa un rábano. No sé si he visto un cuadro más bello. Fama merecida.

Deprisa y corriendo , porque cerraban, dimos un rápido vistazo a la Portrait Gallery. Invertimos mucho tiempo tratando de localizar el retrato del Duque de Monmouth, que tiene la gracia de haber sido hecho después de que el hombre fuera decapitado. (Aquí resume lo esencial de la historia). Lamentablemente, no tuvimos éxito, al igual que tampoco lo tuvimos cuando quisimos ver los retratos de la familia Real Británica, que según dicen son mucho de reír. A cambio, vimos unos cuantos retratos más modernos muy atractivos (ay, esa exposición de David Hockney para la que no había entradas ni tiempo, snif).

Digamos que la experiencia con ambas Galleries (como también lo sería más adelante la de la Torre de Londres) , se parecieron bastante a una buena jornada de sexo en la que te acabas quedando a medias. Hubieras querido llegar hasta el final, claro, pero mejor la mitad que perdértelo ;)

Cenamos en el Burguer King de Picadilly y aprovechamos el tiempo restante para subir por Regent’s Street a la caza de Hamleys, la juguetería más famosa de Londres. Es decididamente una visita obligada, y divertidísima. Los dependientes charlotean en voz alta como vendedores de peines aclamando la excelencia de diversos tipos de juguetes, se lanzan frisbees por encima de las cabezas de los clientes, hacen cosas extraordinarias con globos, masillas raras… una juerga. Yo me dediqué infatigable a la caza de buenos libros infantiles en inglés para contar cuentos. (Hace una semana que representé uno de ellos: The Very Hungry Caterpillar, un clásico. Se puede decir que le he sacado un dinerillo al viaje.).

A la hora del cierre nos dirijimos de vuelta al hotel. Imperator preguntó a los recepcionistas (¿he dicho ya que TODO el mundo era encantador?) dónde podríamos ir a tomar algo (yo lo que quería era básicamente meterme en la cama a dormir, pero parecía una tontería tan grande acostarse temprano…), y nos dijeron un par de sitios. El primero de ellos, el Windsor Castle (tipiquísimo pub inglés de postal, con chimenea y todo) resultó estar atendido por una chica muy extrovertida cuyo novio hablaba español por no recuerdo qué razón. Después de dos copas de vino nos queríamos todos tanto, que cuando nos marchábamos el novio de la moza subió a su apartamento a buscarnos dos entradas gratuítas para el Palacio de Kengsinton, que desgraciadamente no pudimos aprovechar. Toneladas de buen rollo al irnos a dormir, claro.