+++ No he corrido una maratón en mi vida, aunque es la clase de proeza poco práctica que me gustaría tener en el ranking. Me conformaría con media maratón, en realidad.
La carrera de fondo siempre se me ha dado como el culo. Cuando era muy pequeña recuerdo correr durante toda la tarde sin cansarme, pero eso se acabó bien pronto. Todos los fumadores, es bien sabido, son atletas olímpicos en potencia a los que el tabaco arruinó la carrera. Menos yo.
A mí el culo me pesaba antes de fumar, me pesó mientras fumaba y me sigue pesando ahora. Corro cinco minutos y mi respiración se torna audible desde 10 metros, el color de mi cara hace palidecer de envidia a los neones más deslumbrantes y mi opinión acerca del ejercicio físico no es apta para oídos delicados.
Entonces ¿por qué la chorrada esta de la maratón? ¿Por lo saludable? Ni hablar. Todas las prácticas deportivas encaminadas a la competición (y la maratón lo es) son un pasaje rápido a la lesión. El senderismo también te mantiene a tono y se pasa mejor.
¿Por mantener la línea? Mi experiencia me dice que mi metabolismo reacciona, mejor que ante la dieta y el ejercicio, a la digestión de desagradables realidades y su mutación en combustible. Cinco kilos en un mes y medio, y mucho más volumen, y sin acelerarme el ritmo respiratorio de forma desagradable ni una vez.
¿Por molar? Mujer, molar, mola, no digo que no. Pero los que molamos de verdad preferimos concentrarnos en otras ocupaciones. Por ejemplo, la carpintería y sus aplicaciones en la narración oral (que es a lo que me voy a dedicar esta semana).
No, la verdad es que quiero correr porque es una de las dos puñeteras especialidades del Homo sapiens. La más conocida, la de la “adaptabilidad suma merced a la inteligencia y demás” la tengo, bien superadísima en opinión de unos, bien lamentablemente instalada en la nulidad en opinión de otros. Vamos, que no hay mucho que rascar. Pero la otra es la carrera de fondo.
Nosotros, pobres criaturas sin pelo pero con muy mala leche, jamás pudimos perpetuar la especie a golpe de carrera rápida. Porque todos los bichos grandes y ricos para comer corren más que nosotros. Pero somos capaces de ser muy pesados.
Nuestro sistema de caza grupal en terreno abierto se parecía bastante al de los lobos, y de hecho es probable que compitiéramos por las mismas presas en el pasado. Se trata de correr durante horas, días detrás de una manada de herbívoros. Al final, ellos se agotan antes. Los más viejos o heridos ceden y los alcanzamos. Entonces los atraviesas con una lanza (tú, no un subdelegado al que pagas por mancharse las manos con su sangre y ante el que te horrorizas en persona cuando lo conoces diciendo “qué insensible, yo no podría trabajar en eso”. Lo que me recuerda que un día de estos hablaré de los amantes de los animales y haré unos cuantos amigos más :P) lo despellejas, lo troceas, lo conservas, lo compartes y te lo comes.
Bueno, pues yo, que hasta la fecha estoy catalogada como Homo sapiens, no le gano la carrera a un cerdo de 30 años enfermo de asma. Y puedo dar gracias a que el cerdo no tiene pulgares oponibles, porque si se da la vuelta, la que acaba en un secadero de jamones soy yo. Ni para defenderme valdría.
Siempre te queda la excusa de que igual tienes algo que no te han encontrado. Un soplo en el corazón, un pulmón más chico que otro, un alien que te roba la moral…Pero es que para el curso de buceo de este fin de semana (ahora soy Open Water, señoras y señores) era requisito un certificado médico, y el centro en el que me lo hice resultó bastante puntilloso. Así que me cascaron un electrocardiograma, una espirometría y una prueba de esfuerzo. Para desgracia de quienes hayan querido verme muerta (que ya son ganas de ver cosas desagradables, aunque igual muerta estoy monísima, estoooo, quitemos el “igual” y cambiemos por “seguro que”) resulta que tengo una salud inmejorable. Vamos, que puedo hacer el deporte que me venga en gana. Para más inri, tengo unas articulaciones muy fuertes y ninguna práctica pasada de castigo. No hay excusa. Sólo la pereza.
Me podría ahorrar el trago, claro. Querer ser capaz de hacer una carrera de fondo por un motivo relacionado con la selección natural es bastante marciano. Eso si alguien se creyera que la razón es esa, que ya estoy aprendiendo a no tener esa posibilidad en cabecera de ninguna de las dos listas (estoy deseando oír las alternativas). O sea, que molar, no voy a molar más por eso. Mi línea está estupenda, y más que lo va a estar. Mi salud está mucho más presentable que la de muchos deportistas de toda la vida (fumaran o no). No hay una buena razón para correr.
Salvo que me jode no ser competente en una de las especialidades de mi especie, valga la redundancia, caray.
Vocecilla impertinente: ¿Y a qué viene hablar de eso ahora? Porque si te molestaba tu incompetencia carreril antes, y vivías con ello, pues no sé a qué viene ahora darle vueltas al tema.
Pues viene a que me han hecho la oferta de entrenarme, e incluso han prometido paciencia cuando a los cinco minutos caiga al suelo con los labios llenos de espuma. Correr solo es un asco, pero correr con compañía tiene que ser un asco mucho menos desagradable. Correr con compañía comprensiva y supportive (¿alguien me da un buen equivalente en español, porfa?) tiene hasta que tener gracia.
A ver si me quito los dos quintales de estiércol de la cabeza de esta semana y empiezo a hacer hueco.
11 comentarios
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You’ll be more than welcome
Otro motivo para correrla: flirtear con tus propios límites durante tres horas y media… despues de semejante cita, seguro que sabes mucho mas de ellos, y de ahi a engatusarlos para ir un poco mas allá no hay nada, créeme.
ánimo
¿Tres horas y media?
¿Tres horas y media?
De momento, me conformo con doblar mi record y alcanzar los diez minutos. Bueno, supongo que si la meta es una maratón, esa es la cifra en la que hay que pensar, sí…
(Qué vértigo :))
Es que me encantas. No conozco a nadie más que tú que se pueda comer la cabeza por no ser capaz de ganar una carrera a un cerdo enfermo de asma en una lucha por la supervivencia.
Ahora dirá Imperator “pa jamones los tuyos” o algo así y verás qué bonito
Los cerdos tienen muy mala leche. Son familia del jabali, no lo olvidemos.
Por otro lado, a mí más que el muslo me gusta la pechuga.
De pequeña me creía una inútil para los deportes. El deportista era mi hermano, mientras que yo era la “artista”, cuyas actividades se hacían convenientemente sentada.
En la universidad se me dió por empezar a probar el deporte, y ahora me pudo tirar una hora corriendo sin mayores problemas. Querer es poder, guapa.!
Joder, cinco minutos seguidos corriendo. Qué bestia, ni Forrest Gump.
Bueno, hace poco tuve que pasar por ese trance (recorrerme el puto aeropuerto de Amsterdam, que es larguísimo, corriendo a toda pastilla y con la maleta a cuestas porque se iba mi vuelo). Llegué a tiempo, pero estuve tosiendo hasta el aterrizaje.
Supongo que, si hicera más deporte, estaría mejor preparado para estas cosas. Pero siempre he sido un corredor pésimo.
La chica del dibujo de esta entrada tiene un culín bastante apetitoso.
La chica del dibujo de esta entrada tiene pinta de tenerlo todo de lo más bien puesto y degustable, según preferencias.
Que no me creo que el dibujante la haya hecho un cielo por detrás y un orco por delante.
Me alegro de que disfrutéis del paisaje
Je… Coincido en este objetivo: el de poder decir que alguna vez en mi vida he corrido un maratón es otro de los grandes hitos que espero cumplir en mi vida -otro es el de hacer la Gran Ruta Pirenaica (GR-10) de seguido, pero ése lo veo más chungo, sobre todo por cuestión de tiempo-.
Y, pensando igualmente, me di cuenta de otro factor en mi motivación, también relacionado con la selección natural, pero mucho más cercano:
A pesar de que seamos seres civilizados, viviendo en una ciudad sometida al imperio de la ley, etc, etc, seguimos siendo susceptibles a encuentros peligrosos, a situaciones arriesgadas.
Cabe perfectamente la posibilidad de que, en algún momento, en Madrid o en Bilbao, nuestra propia vida dependa de la posibilidad de correr diez minutos seguidos.
Y una muerte que te pilla jadeando y con una malo en el flato es muy poco digna, así que, si entrenando un poco conseguimos evitarla, eso que ganará nuestro glamour
[...] un año y tres meses escribí una entrada anunciando mi intención de empezar a entrenarme para correr. Athair se había ofrecido a ayudarme [...]