+++ A no ser que seas un chalado narcisista con dos cabezas, es fácil entender que no existen tóxicos universales. Mi gato la palma si le doy Paracetamol, mientras que a mí me sienta estupendamente si estoy enferma. Por contra, un tiburón se zampa un mar de medusas, y yo no podría acercarme a tres metros sin sufrir una reacción alérgica.
Ni siquiera a la misma reacción le ponemos la misma etiqueta positiva o negativa. Lo que para mí puede ser un saludable ejemplo de “alteración de la conciencia sin mayores consecuencias” (leasé punto alcohólico) para otro será un pernicioso efecto tóxico sobre mi mente y mi cuerpo. Ante la misma reacción física, mi experiencia mental es de alegría, mientras que la de la segunda persona puede ser de repugnancia.
Hay gente tóxica. No la misma gente para todo el mundo, ni para todos de la misma manera. Lo que yo considero un pernicioso efecto de esa gente sobre mi persona es experimentado por otros como un estado agradable y positivo.
La solución más fácil es “aléjate de ellos”. Pero no es practicable de una forma razonable. Convives con las relaciones de tus relaciones, y eso te expone a agentes de diversos tipos. Lo que no es tóxico para las personas que más quieres sí lo es para ti. Incluso las mismas reacciones son interpretadas de forma diferente.
En los últimos años, mi exposición ha ido in crescendo. Gracias a lo muy diverso de las relaciones de mis relaciones, he entrado en contacto con personas maravillosas (podría decir “nutritivas” por oposición a “tóxicas”), pero también he estado expuesta con una frecuencia en ocasiones cuasi-diaria a alergias, sarpullidos e incluso intoxicaciones serias.
La influencia de las personas tóxicas sobre el organismo es la misma que la de cualquier otra sustancia. Tu cuerpo, o bien intenta integrarlas alegremente como una parte normal del metabolismo (y poco a poco descubres que te estás quedando sin oxígeno) o bien reacciona con nauseas ante su presencia. En cualquier caso, la gente y las sustancias tóxicas ocupan un lugar y un esfuerzo que debería estar ocupado por elementos más saludables.
Mi problema con esto es que siempre intento enfrentarme a las situaciones y soportar el chaparrón. En un intento de ser más fuerte y más resistente cada día, me expongo a la toxicidad con la idea de que “puedo con esto”. Y puedo. Joder si puedo.
No sólo he resistido la presencia de comportamientos sumamente tóxicos para mí, como la mezquindad, la envidia, que me hagan la pelota, vivir pendiente de la valoración externa,la falta de autoestima, la vulnerabilidad explotada, la hipocresía, la multiplicidad de caras según con quién se está y la doble moral, sino que me los he llevado a vivir conmigo si pensaba hacía falta. Y sí, puedo con ello.
Pero ¿realmente gano algo con eso? A largo plazo, sí, gano debilidad muscular y que se me amargue el carácter.
No más confianza en mí misma, porque ya tengo la suficiente acerca de aguantar esa clase de tonterías, gracias. No más aprecio de la gente que quieres, porque esa clase de esfuerzos son rápidamente obviados en el día a día en favor de, por ejemplo, cuántos morritos sé poner ante “la adversidad” . (Si esto os suena a infantil pataleta ante un mundo que no me comprende ni me quiere lo que yo creo que merezco, felicidades, premio para vosotros. Es exactamente eso)
Pero esto es como convivir con fumadores. Es realmente complejo no verse expuesto a tragar humo. A diferencia del alquitrán, no hay consenso sobre quién es tóxico y quién no, y no hay realmente una base estadística o científica para decirle a nadie “considero que Menganito es malo para la salud mental”. Y, por supuesto, no puedes pedirle a tus relaciones que cambien de relaciones. Esa no es la solución.
Para mí, ponerle nombre a las realidades es empoderarme con o frente a ellas. Y si bien un diagnóstico no es lo mismo que una solución, es un principio. Ahora hay que examinar los alrededores bajo esta luz, y después pensar cómo podemos convivir amando los tiburones pero sin padecer la reacción alérgica causada por las medusas de las que se alimentan.
Sois muchos los tiburones a los que quiero. Y muchos llevais bancos de medusas con vosotros. Espero acertar esta vez en el modo correcto de nadar.
2 comentarios
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario



Supongo que igualmente es difícil asumir que no todos tus amigos se tienen que llevar bien entre sí, que hay gente a la que tú quieres pero que es incompatible entre sí… y una vez que lo asumes, ser consecuente y no intentar mezclar agua y aceite. La vida mejora mucho si consigues tratar a cada incompatible por separado, sin guerras.
saludos
Siempre me ha parecido que decirle a un amigo tuyo “oye, me carga un montón X y no quiero tener que verlo mucho” es una clase de imposición. Especialmente si tu amigo comparte piso contigo, porque no puede llevarse a X a su casa sin ponértelo delante.
Es la clase de cosa con la que suelo tener una precaución que nadie necesita que tenga. Así que será cosa de dejar de tenerla :)))