Posted by: Rapunzell on: Junio 3, 2007
+++ Creo que es al tercera vez que publico este poema:
TERMÓPILAS
Honor a aquellos que en sus vidas
custodian y defienden las Termópilas.
Sin apartarse nunca del deber;
justos y rectos en sus actos,
no exentos de piedad y compasión;
generosos cuando son ricos, y también
si son pobres, modestamente generosos,
cada uno según sus medios;
diciendo siempre la verdad,
mas sin guardar rencor a los que mienten.
Y más honor aún les es debido
a quienes prevén (y muchos prevén)
que Efialtes aparecerá finalmente
y pasarán los Persas.
Konstantino Kavafis (1903).
Traducción de José María Álvarez.
+++ Canción de la buena gente
A la buena gente se la conoce
en que resulta mejor
cuando se la conoce. La buena gente
invita a mejorarla, porque
¿qué es lo que a uno le hace sensato?
Escuchar
y que le digan algo.
Pero, al mismo tiempo,
mejoran al que los mira y a quien
miran. No sólo porque nos ayudan
a buscar comida y claridad, sino, más
aún,
nos son útiles porque sabemos
que viven y transforman el mundo.
Cuando se acude a ellos, siempre se les
encuentra.
Se acuerdan de la cara que tenían
cuando les vimos por última vez.
Por mucho que hayan cambiado
-pues ellos son los que más cambian-
aún resultan más reconocibles.
Son como una casa que ayudamos a
construir.
No nos obligan a vivir en ella,
y en ocasiones no nos lo permiten.
Por poco que seamos, siempre podemos ir a
ellos, pero
tenemos que elegir lo que llevemos.
Saben explicar el porqué de sus regalos,
y si después los ven arrinconados, se
ríen.
Y responden hasta en esto: en que,
si nos abandonamos,
les abandonamos.
Cometen errores y reímos,
pues si ponen una piedra en lugar
equivocado,
vemos, al mirarla,
el lugar verdadero.
Nuestro interés se ganan cada día, lo
mismo
que se ganan su pan de cada día.
Se interesan por algo
que está fuera de ellos.
La buena gente nos preocupa.
Parece que no pueden realizar nada solos,
proponen soluciones que exigen aún
tareas.
En momentos difíciles de barcos
naufragando
de pronto descubrimos fija en nosotros su
mirada inmensa.
Aunque tal como somos no les gustamos,
están de acuerdo, sin embargo, con
nosotros.
Bertolt Brecht
+++ NUEVO TESTAMENTO
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6, 2-6)
+++ VEINTIÚN MIL SUTRAS
Tetsugen, un alumno de Zen, asumió un tremendo compromiso: imprimir siete mil ejemplares de los sutras, que hasta entonces sólo podían conseguirse en chino.
Viajó a lo largo y ancho de Japón, recaudando dinero para su proyecto. Algunas personas adineradas le dieron hasta cien monedas de oro, pero el grueso de la recaudación procedía de las humildes aportaciones de los campesinos, y Tetsugen expresó su agradecimiento a todos por igual.
Al cabo de diez largos años se desbordó el río Uji, dejando en la miseria a miles de personas. Entonces Tetsugen empleó todo el dinero recaudado en ayudar a aquellas pobres gentes.
Luego comenzó de nuevo a recolectar fondos, y otra vez pasaron varios años hasta que consiguió reunir la suma necesaria. Entonces se desató una epidemia en el país, y Tetsugen volvió a gastar todo su dinero en ayudar a los damnificados.
Una vez más volvió empezar de cero y, por fin al cabo de veinte años, su sueño se hizo realidad.
Las planchas con las que se imprimió a quella primera edición de los sutras se exhiben actualmente en el monasterio Obaku, de Kyoto. Los japoneses cuentan a sus hijos que Tetsugen sacó, en total, tres ediciones de los sutras, pero que las dos primeras son invisibles y muy superiores a la tercera.
(Tradición japonesa, adaptada de “La Oración de la Rana” de Anthony de Mello)
Yo tengo una definición, a ver si te sirve.
Una buena persona es aquella que no la verás luciendo el mejor vestido de la fiesta, pero si ayudando a fregar cuando se ha terminado.
Una buena persona es aquella que piensa primero en los demás, y luego en su propio interés. Si ambas acciones son incompatibles, se molesta en dar explicaciones de porqué ha actuado como ha actuado.
Una buena persona es aquella que a lo mejor no pinta nada en tu día a día, pero que cuando las cosas se ponen chungas y nadie se te pone al teléfono, la tienes allí.
Una buena persona es algo tan subjetivo como un buen vino, pero la mayoría de las personas suelen estar de acuerdo en que vino es bueno y cual agria, por más que uno o dos expertos digan que el agrio es ambrosía y el bueno del montón.
Una buena persona es aquella que te hace tener ganas de ser mejor persona por su ejemplo.
Una buena persona justifica cien hijos de puta, lo mismo que el único alumno que vale la pena de mi clase es el que me hace seguir dando clases año tras año.
Una buena persona es la que te canta las verdades del barquero, aunque jodan, duelan y sean duras de tragar. Y una vez que te la ha metido, encima te sale solo el darle las gracias.
Una buena persona, como los líderes, no es quien se lo dice de si mismo, sino a quien se lo dice la gente.
Que coño a ver si te sirve, perdona la tontería, a nadie le sirve el punto de vista de otro si no es como referencia bibliográfica.
Me refiero a eso, como elemento de contraste.
Una puntualización: Tu te refieres a la “apreciación media de las personas circundantes”, yo me refiero a la apreciación media de las personas de tu círculo privado de amigos, que si bien no te conocen porque nadie conoce a nadie, tienen más referencias tuyas que saludarte cuando bajas la basura. Y esa lista es de una docena de personas como máximo. El que habla cuando le ponen la alcachofa en la boca suele ser el que lo conoce de ver comprar el periódico, no su amigo, que prefiere no hablar del tema por lo doloroso que le resulta.
No tiene nada que ver no ser un sociópata con ser buena persona, como cualquier amigo de Ted Bundy podrá atestiguar. En el otro extremo estaría el viejecito huraño de “Monster House”, un auténtico sociópata buena persona.
Con lo que si estoy de acuerdo es con lo del “shining”, que no tiene que ver con ser el alma de la fiesta, sino con la luz que emiten las auténticas buenas personas.
P.D: Anda ya. Brecht, Kavafis, un servidor y don Pimpón. En la misma liga.
Yo procuro ignorar la apreciación de las personas cicundantes. Más que nada porque un vecino siempre dirá que el psicópata que mató a su mujer, sus hijos y el perro, los cortó en pedacitos e hizo paté con ellos, era muy normal y muy buena persona. Quizás simplemente por que le saludabe sonriente cuando se curzaban en la escalera.
De todos modos, suelo fiarme del “ojo clínico” de mi madre para la gente. Todavía no ha habido nadie que le diese mal espina con quien se haya equivocado
[...] Y luego están los que me quieren y/o a quienes intereso. Que pase lo que pase, caminan a mi lado. Que condenarán mi comportamiento si piensan que es perverso, y me lo harán saber. Que me animarán si creen que voy por el buen camino. Que “ aunque tal como seamos en este momento no les gustemos , están de acuerdo, sin embargo, con… [...]
Junio 3, 2007 a 10:05 pm
Estimada Rapunzell:
He perdido un poco de vista tu blog en los últimos días, y veo que se ha puesto muy jugoso. Gracias por tu comentario sobre ‘Un vacío que llenar’, mi nuevo cuento.
Si el aperitivo te ha dejado con ganas de más, eso es que era bueno. Seguirá, seguirá, pero está en el horno y de momento no os dejaré probarlo más.
Un abrazo.