+++ Tengo el coche que necesito.
Lo llevo al taller una vez al año para pasar la ITV, o puede que dos para cambiar el aceite. No más.
En estos dos últimos años años, con las calles de Madrid atascadas por las obras, el aire lleno de polvo y el asfalto ardiendo o congelado, he pasado conduciendo junto a muchos coches averiados. Todos mucho más modernos que el mío.
Los repuestos son de desguace. No es moderno pero es ligero, así que el consumo es bajo. El seguro es baratísimo. Hasta ahora, 100% de fiabilidad, JAMÁS ME HA DEJADO TIRADA. Cuando un conductor se pone chulo y no guarda las distancias, él sabe que tiene más que perder que yo, porque a él SÍ le importa un arañazo en su carrocería.
Y yo vivo bastante bien sin aire acondicionado
No descarto mirar otras opciones cuando mi coche no pase la revisión o las reparaciones excedan un presupuesto razonable.
Pero no conservo el coche por razones sentimentales, a pesar de mis manifestaciones de cariño hacia el mismo. Lo conservo porque hace su trabajo perfectamente y me sale muy barato.
Para viajes largos, entretanto, el transporte público es para mí una excelente opción. Si no, la opción de alquilar un coche parece que sigue siendo más rentable que comprar uno.
Con los coches ocurre como con los pisos. La inercia social es que si tienes un coche de casi 20 años, es porque no te lo has pensado bien. Pero raramente nos paramos a pensar que, por ejemplo, el coste de los seguros baja espectacularmente cuando la potencia del coche es baja.
Me juego el pescuezo a que yo tengo coche por menos dinero al año que nadie que conoczca. Y probablemente el mío se gane el combustible mucho más que otros.
Aprovecho para saludar desde aquí a Jacinto, que tiene tantas probabilidades de leer esto como yo de criar un tercer pie, pero que es el mecánico más majo del mundo, y un hombre que aprecia el trabajo artesanal.









