+++ Me enteré ayer, aunque hace más de dos meses que murió.
Era gordo. Era muy gordo. Creo que era el ser humano más gordo de la Escuela. Pero no siempre había sido así.
Juan Carlos Villatoro Hernández, profesor de Vías Forestales en la Escuela de Ingeniería Técnica Forestal de la Politécnica de Madrid, era un profesor a quien le caían bien los alumnos. Por eso, en la cátedra, mientras nosotros peleábamos con metros y metros de papel milimetrado, desmontes, trazados, peraltes y demás fascinantes procedimientos y cacharrajes propios del diseño de una pista forestal, Villatoro nos contaba historias. De su juventud, de sus primeras experiencias como topógrafo, de los tiempos en que ganaba medallas de Pentatlon, de cómo “un topógrafo, cuando cae, puede romperse la cabeza pero salva el equipo”.
Villatoro tenía siempre la cara coloradota, un cigarrillo en los labios y una palabra amable. Villatoro asistía encantado a las obras de teatro del grupo de la escuela, y siempre disfrutaba. Villatoro atendía en tutorías a gente que se presentaba para que le explicaran, como yo, lo que hubiera aprendido si no se hubiera fumado la clase. Villatoro cabeceaba, decía “No me diga que no sabe esto, mujer, pero si lo hemos explicado ya…”, y tomando un lápiz, hacía dibujos, cuentas, trazados, con la misma amabilidad y paciencia con la que había atendido a los diez que te precedían en la cola.
La práctica de Vías Forestales se me atragantó el primer año, y le cogí tal manía que hasta el siguiente no me la saqué de encima. Pero ese trago, que fue un parto trabajoso y pudo ser amargo, dejó en mí un buen recuerdo. Apenas trataba a Villatoro desde entonces (Villatoro, convertodo en uno de esos entes cuyo nombre ha sido fagocitado por su apellido) pero lo veía desplazarse por los pasillos, o le saludaba con un asentimiento en la cafetería. Desde que dejé la Escuela, ni eso. Y ya hace años.

Coincidencias de la vida, un alumno del curso de monitores que coordino estos meses, y que está matriculado en Forestales, me dio ayer la noticia.
He buscado en internet la necrológica, pero no he encontrado más que su nombre en la lista de muertos de un periódico, y una caché de google de las noticias de la escuela. Sólo la caché.
No hay fotos de él. Un par de apariciones en folletos de jornadas técnicas. Un nombre en una lista de antiguos alumnos de un instituto de Melilla. No he encontrado más.
Por eso escribo esto. Para que quede, al menos por mi parte, constancia de que Villatoro no dio igual. Que yo lo recuerdo con afecto, y que su enorme volumen, al marcharse, ha dejado en mi mundo un espacio vacío.
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EDICIÓN: Me ha costado un rato, pero he encontrado esta foto. Procede del foro de antiguos melillenses, y la subió un contemporáneo de Villatoro.

Él es el segundo por la izquierda. La foto retrata al equipo de atletismo que participó en los campeonatos del sector en Granada en 1959 (ignoro qué es el sector, puede que la región). Villatoro quedó campeón en lanzamiento de martillo. No vacilaba ni un pescado cuando nos contaba sus hazañas atléticas
Es el segundo por la izquierda, en la segunda fila. Estoy segura de que cuando murió seguía teniendo todo ese pelo en la cabeza .