+++ Pero sin porros ni alcohol (lo que me recuerda que uno de estos días voy a tener que hablar de cómo la dependencia social de estas sustancias avanza, pero eso es otro cantar).
Yo me chuto con el exceso de trabajo. No es deliberado, sino que ha sucedido así por una conjunción de factores.
Voy a dar unos breves apuntes acerca de la vida del autónomo, que es un universo desconocido para la mayoría de los asalariados, demasiado preocupados por quejarse de cómo está E-paña y qué malo es su trabajo y cómo falta iniciativa entre la gente mientras se aseguran de que el culo no se les mueve del sitio, no sea que tengan que dar dos pasos con sus patitas fuera del camino de baldosas amarillas.
Para empezar: si eres buena en lo tuyo y una tía legal, hay tajo. Seguro que ves a un montón de chupópteros con un fantástico enchufe que consiguen mejores curros, carteles en letras más grandes y más pasta que tú, pero no estamos hablando de eso. Si das calidad y eres responsable, tienes tajo. No te mueres de hambre. Y se puede ser como el gato que iba a su aire y a quien todos los lugares le parecían iguales: que no tienes que lamerle el culo a nadie ni aguantarle insolencias para vivir a ningún cretino.
Por otra parte, es difícil calcular la cantidad exacta de trabajo. Mucha gente te pide presupuestos de proyectos que pueden o no salir, con amplios márgenes de desarrollo (de proyectín de chichinabo a grosatota campañota). Tú encajas las fechas y esperas. En el peor de los casos, te va a ocupar el 40% de tu tiempo (poco). En el mejor, puede llegar a solaparse hasta ocupar un 110% (mucho, sí, gallifante para ti). Pero esto último es raro.
Y después te das cuenta de que no, de que una mierda es raro, que te está pasando. Además, estás cogiendo más tajo que te deja un compañero que tiene que pasar de un bolo pero que no quiere dejar colgado al cliente, y por echar una mano (y por las pelas, que conste) lo coges, porque además es trabajo bonito.
Y luego te proponen una colaboración e un proyecto fascinante y claro, no lo vamos a dejar pasar, que para disfrutar de estas cosas nos pusimos el traje a rayas (verticales). Etc…
Y al final te ves entendiendo perfectamente cómo podía un minero del siglo XVII trabajar de lunes a domingo, con sólo un ratito de descanso para ir a misa el domingo por la mañana. Sin misa (porque tú tienes recursos mejores, como el WoW) pero así funcionas, igualita.
Alcanzas el agotamiento, la gasolina se apura hasta el fonde del carter, el carburador se emponzoña, pero al final se acaba depurando. Y en el proceso, empiezas a notar que tu conciencia se ha alterado, quee estás percibiendo las cosas mejor, que entiendes lo que no entendías, que aprecias lo que no apreciabas y que eres capaz de despreciar lo que sobra. Sí, eso, despreciar. Que sí, de verdad, que se puede usar esa palabra y el mundo no se acaba, ni los ruiseñores se mueren ni dios estrangula cachorros ni supermásn se pasa al bando de los malos. Que a ver si nos metemos en la cabeza que no se pueden apreciar más unas cosas sin despreciar otras… O no os lo metáis, qué diablos. Como si a mí me importara… XD
Bueno, a lo que iba. A mí me ocurre. Cada semana, una nueva iluminación resplandece en mi sesera.
La de hoy ha sido pensar en mis amigos. O más bien, en personas a las que me obstino en llamar así, cuando, si lo pienso bien, no me han llamado ni una vez para quedar conmigo en años. No me han escrito ni un mensaje cuando sabían que estaba pasando por un mal trago. Aunque no tengo muchas ocasiones de intentarlo, cuando hago por quedar con ellos, tampoco ponen mucho entusiasmo. Claro, si no tuviera nada mejor que hacer ni nadie mejor con quien vivir, me resignaría y pelaría por su compañía.

Pero es que no es así. Es que me molan un millón las personas que, incluso desde lejos (chicas, sabéis quienes sois, el que no os haya contestado aún es sólo producto de mi deseo de hacerlo en buenas condidiones, como os merecéis, pero me llega al alma el interés y me alegra el día) se molestan en poner un correo para decirme ¿Cómo te va?. La gente a la que le cambias el plan de quedar sesenta veces, le das plantón en el último momento y te sigue llamando (corazón, tú también sabes quién eres). Y la gente que siempre, siempre se alegra genuinamente de verte y de cuya vida formas una parte importante. Que tengo demasiada gente importante de verdad como para perder el tiempo en PNJs.
A veces la rutina nos llena de guijarros los bolsillos. La compañía de todo el mundo no me apetece por igual, por mucho que a veces me gustaría que fuera de otro modo. Mi compañía, del mismo modo, no es algo valioso para todo el mundo. A veces , nos empeñamos en hacer estrechos unos lazos que no lo son.
Por eso, los momentos de conciencia alterada, cuando el tiempo es valioso como el oro, cuando agradeces tanto el interés a pesar de las dificultades, cuando piensas realmente en quién te apetece más que una partida de Wow y quién, nos pongamos como nos pongamos, bastante menos….
Pues eso, que viva el Nirvana