Blog y Rapunzell

Alegría

Posted by: Rapunzell on: Diciembre 26, 2007

+++ Generalmente, las narradoras orales trabajamos sobre repertorio que nosotras mismas elegimos.

En ocasiones, sin embargo, trabajas por encargo. Una editorial, por ejemplo, te pide que prepares una actuación sobre uno de sus títulos para una función en un conocido centro comercial.

Cuando, como en esta ocasión, no eliges tú el repertorio, te tienes que inventar la motivación. “El Petirrojo”, de Federico Delicado, es un bonito cuento intimista (muy, muy apropiado para un centro comercial en Navidades, claro que sí… Estooooooo… no, no, no voy a perder el tiempo hablando de eso). Pero no hubiera sido mi primera elección, y le encontraba dificultades.

petirrojo1.jpg

“El petirrojo” es la historia del sueño de una niña que no es como las demás. Las ilustraciones dejan claro que algo ocurre con su rostro, que es distinto, raro. Pero no queda claro si a sus rasgos extraños va unida alguna otra circunstancia especial.

- Claro que sí- me dice otra narradora, enteradísima ella.- Es claramente síndrome de Down. Por eso, el maestro de su sueño es “como un duende”, también con síndrome de Down…

petirrojo2.jpg

Joder, qué facilidad para verlo todo tan claro. Yo no estoy tan segura. Decido investigar más, pero en internet no hay reseña o crítica que me ilumine sobre esta cuestión.

Exploro más el libro. En la dedicatoria casi escondida entre los editado por y publicado en aparecen estas palabras. “Para Niche y Bubulina. Y a la alegría de Michel Petrucciani”.

Niche y Bubulina no dan mucho de sí, pero Michel Petrucciani parece prometedor.

Voilá.

Síndrome de Down. Unas narices. Qué atrevida es la ignorancia.

Este tipo es Michel Petrucciani.

Petrucciani padecía osteogénesis imperfecta, una grave enfermedad ósea. Nunca superó el metro de altura, lo que no le impidió estar a la altura de los grandes del jazz. Las malformaciones pulmonares asociadas se lo llevaron por delante con sólo 36 años.

Afortunadamente, quedan sus grabaciones y unos cuantos vídeos en youtube para que membrillas como yo, que casi no han escuchado jazz moderno, puedan alegrarse el día y las orejas.

Una cuentacuentos es una intérprete, una traductora de los universos de otros. Nosotras también hacemos volar a los petirrojos. Como la alegría de Michel Petrucciani.

[Embrollado]

10 comentarios para "Alegría"

La ignorancia esm uy atravida, doy fe de ello. Y si aún encima nos encontramos ante un tema tan delicado como son las minusvalías mucho mas. A veces parece que seguimos anclados en el pasado, en el que se internaba a los “subnormales” (dios, como odio esta palabra) en psiquiátricos o sitios peores.
Es como de lo que se quejaba el otro día mi tia. Dice que está harta de que en la residencia la traten como si fuese tonta o estuviese demenciada. Que como ella bien dice, vale que tiene 83 años, y no oye ni ve bien del todo, pero de ahí a que la traten como si fuese una niña pequeña ….
Y como siempre da gusto leerte, hermosa. Lástima que últimamente no te prodigues demasiado por estos lares, pero se te perdon tras leer posts como éste :)

Erik Weihenmayer es ciego. Mark Wellman es parapléjico. Ambos son escaladores. De hecho, Weihenmayer ha subido el Everest. Voy a repetirlo: un tipo que se quedó ciego a los 13 años a subido al Everest. Bueno, y al Aconcagua y al Kilimanjaro también.

Cada una de estas personas (Petrucciani, Weihenmayer, y otros) nos enseña que cada vez que hablamos de nuestros límites, cada vez que decimos “Yo soy así y no puedo cambiar”, somos unos ignorantes de mierda.

Que no sé si va en la línea de lo que tú querías decir o no, cielo, porque aún no he leído el cuento :) Pero tengo la sensación de que sí lo está.

Hm, interesante. Pero ¿seguro que era osteogénesis imperfecta? Esa es la enfermedad de los huesos de cristal, no termino de ver un intérprete de piano, que tiene que aporrear a lo loco el asunto (El piano de verdad consiste en unas señores palancas con martillo, no es un Casiotone), con la osteogénesis, se estaría partiendo los dedos cada dos por tres. Parece más un acondroplásico de algún tipo.

Acojonante historia, anyway. Te recuerdo que en “Finding Nemo” hay una movida parecida.

La osteogénesis imperfecta presenta diversos grados de importancia. Yo misma he tenido una alumna con esa enfermedad, una niña aparentemente normal, sólo que con fracturas cada dos por tres. Tiene pinta de afectar sobre todo a los huesos largos, ya que esta chica nunca ha mostrado problemas con los dedos, que yo sepa.

Por otra parte, por mucho que aporrée el piano, no deja de ser un instrumento compensado. No creo que el impacto sea tan fuerte, pero ahí no me pronuncio (Fantine seguramente tendrá una mejor idea de esto).
Acondroplasia sí que diría que no, porque los brazos no son especialmente cortos, aunque no es fácil de ver en un vídeo. Me fío de esto, sin embargo, de la ilustración de Delicado.

Pero vamos, a mí lo que me llama la atención de esto es que las limitaciones las tenemos fundamentalmente en la cabeza. Este tío tuvo la suerte de tener un padre músico que lo trató como a un niño con posibilidades más que como un niño con limitaciones :)

Cada cual somos nuestro propio niño en esto, también.

Como me preocupaba la objeción de Napalm acerca de golpear las teclas (nada desdeñable) he seguido buscando.

Un bloguero (desconozco la fuente de la que extrae la información ) dice de Petrucciani:

“Después de cada concierto llegaba incluso a permanecer hasta dos semanas sin poder tocar para curarse las fracturas de sus falanges.”

De ser así, las manos las tendría de cristal, pero los huevos los tenía de hormigón.

http://atharwan.blogspot.com/2004/12/petrucciani.html

Yo también recuerdo haber oído que Petrucciani tenía, en efecto, muchos problemas por la fragilidad de sus huesos.

Por otro lado, en este vídeo parece que las piernas le cuelgan de la banqueta, pero le he visto tocar con una especie de zancos para llegar a los pedales del piano. Supongo que el chico decidió que tenía el cuerpo que tenía, así que más le valía apañarse con él. Y vaya si lo consiguió.

Cuando Gorpik ha dicho “Yo también recuerdo haber oído que Petrucciani tenía, en efecto,…”
pensé que iba a continuar con “los huevos de hormigón” XDDD.

Voluntatis, voluntatis…..

Gorpik, cielo, hay algún aspecto de la “cultura musical” del que tu no tnegas conocimiento? Porque macho, sea cual sea el grupo o intérprete del que se te hable siempre sabes algo :)

Uy, se me olvidaba. Efectivamente debe ser muy jodido tener los huesos de cristal para tocar el piano. Vale que hay múltiples técnicas de ataque a las teclas, pero estas novan en función del intérprete, si no de lo que vayas a interpretar. Y está claro que la música que hacía Petrucciani requiere ataques potentes, y por tanto que hagan sufrir la articulación. Y yo me quejaba de sentir dolor en los dedos, agujetas en los brazos e incluso hipertrofia en los antebrazos!!!! Está claro que siempre habrá alguien que esté peor que uno mismo. Y es que nos quejamos de vicio.

Michel Petrucciani salía mucho en “Jazz entre amigos”, un programa de televisión que me hizo aprender muchísimas cosas sobre jazz, casi todas las que conozco. Por eso lo tengo bastante visto y oído, aunque siempre es un placer recordarlo.

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