[Curiosidad cultureta: para los fans de Tod Browning, mirad con atención al Munchkin de la derecha. Sí señora, es nada menos que el "desgraciado en amores" Hans de La Parada de los Monstruos, interpretado por Harry Earles. Este actor pertenecía a una familia de personas pequeñas , todos dedicados al espectáculo. La Parada de los Monstruos (Freaks) es una de mis películas favoritas, y llevo un año persiguiendo a Athair para que la vea conmigo. Debo decir en su favor que tal vez no sea una buena idea verla tras un día duro de trabajo, y tal como está lo de ser revisor de parquímetros, parece que son todos de esos...]
+++Pero a lo que iba, caramba. Que no, que no son esos bajos los que veo (más bien oigo) por todas partes, sino del tipo que se ve en la foto.
Que no es otro que mi propio bajo, un peaso de regalo que los Pelafustanes, con la colaboración de Imperator (¡ gracias, pichurri!), que les abrió la puerta y les ayudó a preparar la sorpresa, me han hecho llegar por mi cumpleaños. Imaginad mi cara cuando vengo de la calçotada de Mensa (donde también tuve tarta sorpresa, si es que son de majos…) y me encuentro esto en el despacho. Metido en una caja enorme, con su amplificador y todo… Así he podido asistir hoy a mi clase de bajo con mi propio instrumento, dejando de paso descansar también el bajo de Keller, que me lo prestaba amablemente, pero que más que un bajo parecía el baúl de la Piquer. ¡Muchas gracias, chicos, sois los mejores!
El profe que me enseña a tocar, un chaval eslovaco del barrio, es un tipo serio con el que estoy aprendiendo mucho (cosa fácil ignorando tanto como yo…). Me dijo “en cuanto empieces con esto, empezarás a oír el bajo en muchas más canciones”. Y tanto. Lo oigo por todas partes.
Y me he dado cuenta de que algunas de mis canciones favoritas tienen melodías de bajo muy potentes en las que no había reparado. Como muestra, este “You can call me Al” del Graceland de Paul Simon (hablando de obras favoritas…) , acompañado al bajo por un señor sudafricano que se llama Bakithi Kumalo, y que viene a ser como san dios tocando. Ah, como todo bajista que se precie, es negro.
+++ El jueves recibí mi primera clase de bajo. Encontré el profesor a través de un anuncio colgado del corcho de la fotocopiadora, esa desde la que envío todos esos estúpidos faxes que me solicitan en el último momento para pagarme el dinero que me adeudan desde hace meses.
Me tranquilizó mucho que no se echara a llorar al ver los pequeños que tengo los dedos, especialmente el meñique. Vive en Lavapiés, en una buhardilla ordenada y diáfana, que es algo que siempre me da buena onda, y más en un docente.
De hecho, si entrara ahora en mi propia casa, la reacción sería muy diferente. Pero es lo que tienen los partos, que siempre lo dejan todo perdido. Este fin de semana, con ayuda de Athair, por fin he comenzado con la pintura de la segunda habitación, el dormitorio que he compartido con Imperator durante dos años y medio. Cuando he retirado el armario viejo y he visto la porquería que se había acumulado en la pared, he dado gracias por mi decisión de pintar la casa.
Cada vez me organizo mejor, tanto a la hora de mantener una casa ordenada (nada fácil cuando además es tu lugar de trabajo, y para mayor inri de mi trabajo) como en mis horarios y listas de tareas. Ayudan mucho sistemas como el GTD que me pasó Imperator y del que ya hablé, y visitar con frecuencia otras páginas web como 43folders, Unclutterer y Apartment Therapy (esta es un capricho más que nada) , donde he encontrado ideas tan atractivas como este Eggling que aparece en la foto.
Tengo debilidad por los huevos, así que pienso comprarme uno, en cuanto tenga tiempo de visitar una de esas carísimastiendas que lo venden. No tendré el peligro de comprar nada más, porque creo que lo único que mi sentido de la economía me permitirá comprar es precisamente un Eggling
+++ El sábado que viene cumplo 37 años. Me siento como Hillary y Tenzing en 1953, agotada tras la ascensión más improbable, y disfrutando de las vistas. Cuando la vida se me estaba convirtiendo en una rutina pantanosa y sin brillo, me comí el musgo que me estaba creciendo sobre los ojos y, aún a ciegas, emprendí el trayecto de salida.
En mi vida hay dos ascensiones inolvidables. La primera, hace muchos, muchos años, desde el fondo de la piscina. La segunda, que comenzó en un lugar mucho más peligroso porque era de la clase de lugares soportables que te vuelven roma y te apagan la mecha, hace poco más de un año. No tuvo que suceder ningún acontecimiento catártico y trascendente que me obligara a salir del pisapapeles de cristal. Cambié mi vida porque quería una mejor, aunque fuera menos cómoda. Sin más.
El premio es pasar un fin de semana con Athair tan excepcional como el que he pasado, cenar con Fantine, Jambri, Stephy yKeller el sábado, oler la pintura fresca en mi techo el domingo, notar cómo la tensión se marcha y la primavera vuelve.
A todos aquellos que echáis de menos los felices tiempos que se fueron para no volver, sólo puedo deciros una cosa : dejad de quejaros y haceros cargo de vuestra vida. Si no os gusta el trabajo, cambiadlo. Si no os gusta vuestra relación, cambiadla. Y , por supuesto, si lo que os hace felices es quejaros, no cambiéis nada y seguid haciéndolo. Cada uno está satisfecho a su manera. Pero defended vuestro derecho a quejaros a gusto, y comprometeos con vuestra forma de vida. Con dos gónadas.
No busquéis una catarsis que os libere de vuestra propia mediocridad, sufrimiento o imperfección, porque raramente hay de eso (a no ser que pertenezcáis al grupo que cree en un ser superior que va a tocarles con su dedo mágico y hacerles el trabajo duro). Y, si realmente queréis mejorar las cosas, tampoco busquéis profetas que asuman la responsabilidad de aprobar cada pasito que déis. Para bien y para mal, nosotras tenemos el poder.Siempre somos quienes queremos ser. Cada día, cada hora. No podemos elegir dejar en el camino los trozos de nosotros que no nos gustan, porque no somos ordenadores que tiran una tarjeta de red vieja y se colocan otra en su lugar, o lagartijas que dejan la cola atrás en los malos tiempos, o versiones de un mismo software.
Somos plásticos. Nos modelamos y construímos a partir de la arcilla que llevamos encima. No nos sobra nada. Bueno, tal vez a veces, algo de musgo en la cabeza. Y escuchad más a los Beatles, que dicen más o menos lo mismo que yo, pero de una forma mucho más divertida. Podéis hacerlo aquí mismo. Aunque en este vídeo sólo salga uno
+++ A veces necesitas alguien con quien compartir uno de tus tesoros para poder disfrutarlo plenamente. Esta semana he disfrutado junto a Athair una de esas joyas que una guarda en el estuche de los CDs: The Storyteller, una maravilla del taller de Jim Henson.
Como Tintoretto, Rembrandt o Tim Burton, Henson no necesitaba poner sus manos personalmente en lo que hacía para que tuviera su sello. Y vaya sello…
La memoria de mi generación está deliciosamente marcada por sus marionetas, su expresividad, su forma de contar historias. De Barrio Sésamo(programa nacido con la vocación de llevar la educación infantil a las casas de las poblaciones menos favorecidas) a Dentro del Laberinto (“…sólo soy un gusano ¡Entra a conocer a mi señora!“), Los Teleñecos, Cristal Oscuro, Fraggel Rock…
Para mí, sin embargo, esta es su obra maestra: The Storyteller. (especialmente la primera serie; vi algo de la segunda, basada en mitos griegos, y es buena, pero no admite comparaciones).
Muy probablemente debido a mi propio sesgo personal, esta serie, basada en los cuentos tradicionales europeos (yo diría que fundamentalmente en las recopilaciones de Grimm y Afanasiev, con claros homenajes a las ilustraciones de Bilibin en algún relato) es para mí una de las grandes creaciones para televisión de todos los tiempos.
Los actores son perfectos (John Hurt está soberbio como cuentacuentos, y podemos ver a un jovencísimo Sean Bean haciendo de pringao, como siempre, pobre) , la fotografía y la puesta en escena son maravillosas, la música es una gloria, y el guión… Bueno, niñas y niños, en estos tiempos oscuros en que cualquier chapucero con un lápiz garabatea un storyboard de todo a cien en tres días, quizás hablar de buenos guiones esté de más. Pero si te interesa la calidad del andamiaje de una producción audiovisual, esto es gloria bendita.
Para muestra, una cita de uno de los monólogos de John Hurt.
Por si alguien tiene dudas, me retrata casi perfectamente. Aún no sé pelear sucio, pero el año pasado me han enseñado que hay que ser imbécil para pretender pelear más limpio que nadie. Sólo necesito un poco más de tiempo.
Si tenéis alguna otra duda, sólo tenéis que traerme un dragón o treinta ostras
“I am a teller of stories, a weaver of dreams. I can dance, sing, and in the right weather I can stand on my head. I know seven words of Latin, I have a little magic, and a trick or two. I know the proper way to meet a Dragon, I can fight dirty but not fair, I once swallowed thirty oysters in a minute. I am not domestic, I am a luxury, and in that sense, necessary. “
+++ La metafórica tierra que empecé a arar hace año y medio, cuando decidí dejar en suspenso el proyecto conjunto (sobre el que Imperator y yo, aunque aparentemente estuviéramos de acuerdo, creo que vitalmente nunca llegamos a tener un terreno realmente común)está por fin fructificando.Me han convocado para participar en un taller de teatro para el que va a haber una demanda de plazas importante, así que es todo un lujazo tener sitio preferente. La corriente que practica este grupo de aficionados (en el sentido de que no viven de eso, aunque su nivel y su compromiso son de primera) es el teatro social. No sólo se trata del taller, sino de establecer una colaboración a largo plazo. ¡Estoy entusias-ma-da!
Y sumémosle a eso que voy a la calçotada de Mensa (¡sí, este año sí!), que vienen dile y Rossie (excelsos vocalistas pelafustanes) a Madrid la semana que viene…. Dos grandes sonrisas en el calendario
+++ Hace una hora que me he quitado de encima una de las tareas que menos me apetecían: contarle a la casera lo de nuestra separación, y decirle que quiero encontrar una persona que comparta el piso conmigo. Es una mujer muy desconfiada, que prefiere tener cerrada la casa antes que exponerse a tener problemas. No está muy contenta con el cambio, pero eso es todo.
Evidentemente, yo quedo como responsable del chiringuito, así que ya me aseguraré yo de que quien venga sea de fiar. Hay un par de posibilidades interesantes y atractivas. Estoy esperan-za-da…
La posibilidad de que la casera me diera problemas para seguir aquí, y verme así obligada a buscar otro lugar donde vivir, era poco probable pero real. Pero todo ha salido bastante bien. Me he quitado un peso de encima. La tensión de estos días, con tanta comunicación trascendente, tanto cambio, tanta visita para ver el piso, tanto mirar la cuenta a ver si me pagan los más de 10.000 € que me deben… Todo eso se cobra su precio en forma de agujetas y cansancio. Y sin embargo, me siento bien. Muy bien. +++ Voy, como dije, a tener la casa para mí sola unos días. Y voy a aprovechar para… ¡PINTAR!
¡He conseguido que la casera me permita cambiar el blanco de las paredes por un color más cálido! Estoy deseando mirar muestras de amarillo…
De manera que chicas, chicos, yo no necesito ayuda con la mudanza (porque no me mudo, al menos físicamente). Bueno, la verdad es que casi no necesitaré ayuda ninguna. Pero sí me encantará ver a quien le apetezca verme, y eso hará mi vida y mi experiencia pintora mucho más divertida. Prometo comida, bebida y fiesta a quien se apunte a echar una mano ))
Voy a darle una vuelta de tuerca a esta casa, y hacerla más bonita (aún). Me he levantado a las 4 y pico de la mañana pensando en comprar pintura, herramientas, cómo colocar los muebles… Estoy ilusio-na-da.
+++ Mañana es la última noche que Imperator pasa aquí antes de mudarse. La relación que teníamos se acabó. Empieza otra. Yo creo que será mejor.
Voy a echarte de menos, amor. Voy a echar de menos lo que pudo haber sido y no fue, y voy a echar de menos también lo que ha sido, por supuesto. Y los momentos malos, que se están alejando rápidamente de mi cabeza ahora que he podido sacar la nariz fuera del agua y respirar, serán sólo eso, momentos malos.
He aprendido mucho a tu lado. Gracias a tu presencia, he aprendido de ti, de otros y de mí. Cuando ha sido divertido, ha sido muy divertido; cuando no, ha sido catártico. Tengo curiosidad por saber qué vendrá, qué será de nosotros, qué inventaremos a partir de mañana. Desde luego, lo que no será es aburrido… No-sé-cómo-definir-mi-estado-de-ánimo-respecto-a-esto-pero-es-bueno.
+++ Una recomendación, que da título a la entrada. Hace años que la vi, inolvidable y conmovedora (la clase de conmoción que te hace desear salir a la calle con una excavadora, a ver si conseguimos que esto empiece hoy, de verdad). Espero disfrutarla de nuevo próximamente.
Y otra recomendación, obtenida del blog de David Bravo: la opinión del escritor José Luis Sampedro sobre el canon en las bibliotecas.