Cerrado por reforma

+++ La gente que lo pasa mal es un coñazo. Somos un coñazo.

Yo era una tía alegre. Hubo una época de mi vida, en la que yo era básicamente una tía alegre. En una situación que no podía durar mucho, pero también su final lo predecía con optimismo.

Y luego me metí toda optimista a hacer cosas muy complicadas e innecesarias, y metí la parta un montón y lo hice todo mal. Y todos los que dicen que lo hice tan mal tiene razón. Seguramente también los que dicen que traté fatal a personas muy buenas también la tengan. Creo que nadie ha compartido mi punto de vista nunca acerca de lo que hacía, y estando en franca minoría, entro en razón y confesaré lo que sea. Yo maté a Kennedy. La verdad, en este momento, ni siquiera puedo asegurar que no lo matara yo. Soy tan imbécil y me entero tan poco de las cosas que igual lo hice y no me he dado cuenta.

Soy consciente de que el que yo esté tomando por culo en el peor de los sentidos llenará de satisfacción a más de una persona. Incrementar el nivel de felicidad en el planeta es bueno. Esa es mi aportación de esta semana. Esa, y una encuesta sobre yogur griego que he hecho hace un rato y que ha completado el cupo de una encuestadora con cara de querer irse a su casa de una vez. Algo es algo, y he justificado el aire que respiro, que no seguramente el agua que bebo o el petróleo que gasto.

La cosa es que ya no soy una tía alegre. Porque no lo soy por naturaleza, lo soy por elección, y eso es cansado. Y depende de lo cuesta arriba que venga el mundo, te cansas más o menos. Yo tengo la muy subjetiva sensación de que llevo subiendo por empinado tres años y pico, y encima por el camino equivocado. Me he comido las pilas.

Desgraciadamente, a la mayoría de los que me rodean, de los que se pasan por aquí y de los que me ven la jeta de vez en cuando no les gusta verme así y lo pasan mal. O porque me tienen afecto, o porque les molesta que no pueden hacer nada, o porque si digo que algo me molesta en un alguien genérico se preguntan si hablo de ellos. O porque la gente triste es poco atractiva. La gente que parece triste y nos pide consuelo y consejo tienen su morbillo. La gente triste de verdad, no.

Y es que la gente que lo pasamos mal somos un coñazo. No acertamos. No decimos cosas bonitas. No damos buen rollo, reaccionamos mal y nos ponemos muy pesados. Y lo digo sin sarcasmo, es que es verdad.

Por eso voy a dejar en paz a la peña hasta que me encuentre de mejor ánimo. Incluída la peña de aquí.

Esto chapa y me voy a otra zona, donde no va casi nadie y donde puedo seguir hablandole al auricular del teléfono sin saber si hay alguien al otro lado o no, pero más o menos segura esta vez que lo más probable es que no, que no haya nadie.

En una temporada volveré. Cuando ya no dé repelús. Por lo menos, cuando no me lo dé a mí misma.

No es un buen día

+++Así que será un día en blanco.

He llamado al curro y he dicho que no iba, que no me encontraba bien. Lo cual es absolutamente verdad, no me encuentro bien en absoluto para hacer mi trabajo. No me encuentro en condiciones de estar cerca de nadie sin ladrale o echarme a llorar.

Pero como eso es difícil de transmitir, he exagerado un síntoma físico: la contractura de mi mandíbula. La tengo hace una semana, es muy probablemente causada por estrés. Hoy no está tan mal como otros días, aunque no esté bien del todo. He exagerado ese síntoma (he mentido, sí, soy perfectamente capaz de hacerlo) y he dicho que el viernes recuperaré la clase.

Los críos no se merecen tenerme hoy como profesora. De ningún modo. Y hoy no tengo la fe necesaria en el arte amateur que debería transmitirles. Ni sentido del humor. Sin sentido del humor, estoy perdida.

Hay que buscar recursos, los de siempre u otros nuevos. Los nuevos, esta entrada de Wardog, fresquita . Siuele ser divertido, pero la de hoy es especialmente ingeniosa.

De los viejos, una canción que aparece recurrentemente por aquí.

Y sudar. Sudar mucho.

Me queda mucha mierda dentro si una gilipollez como la de ayer me lo hace pasar tan mal.

Maldita sea mi estampa.

Maldita sea.

[Edit: All I know, all I know is love will save the day.]

Hoy voy a dejarme arrastrar por mis emociones…

+++ … como tantas veces me ha aconsejado. Y en lugar de pensar cerebralmente en lo que me ocurre, buscar soluciones e intentar no pagar lo platos con quien no debe, voy a hacer partícipe a todo el mundo de mi malestar.

Yo estoy jodida, pero vosotros no vais a estar mejor.

Pinchad el play si tenéis valor.

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(Vía Mensadomaso, que más quisiera yo que ser la descubridora de esta joya)

Honestidad, capítulo 67.

+++ En una vieja discusión sobre religión, hace bastante tiempo, recuerdo que Imperator y yo hablamos mucho sobre la importancia de las formas. No sé si él sacó algo en limpio de todo aquello, pero yo recuerdo que me dio la oportunidad de analizar despacio un asunto complejo y fundamental, y extraer algunas observaciones.

Que son estas:

(Nota: es conveniente mantener en todo momento la conciencia de que en esta discusión el término verdad no se refiere a la verdad objetiva, sino la sincera expresión de la verdad subjetiva de cada uno. Decir que Fulanito dice la verdad, por tanto, es equivalente aquí a decir que Fulanito expresa sinceramente su opinión.)

a) Para que se produzca un diálogo mínimamente útil, las personas deben decir la verdad acerca de lo que piensan. Lo contrario es pasar el tiempo emitiendo ruidos por la boca, que es una actividad respetable (como lo son el teatro, la narración oral y el canto) pero no necesariamente es comunicación interpersonal de pensamientos.

b) Para que las personas quieran decir y escuchar la verdad, es necesario que se sientan seguras. Si piensan que serán atacadas en su persona por exponer sus ideas, es más difícil que se sinceren.

c) Las personas se sienten inseguras cuando sus ideas se ven cuestionadas, e interpretan el hecho como que se pone en juego su propia estima. Sí, si juntamos esto con el apartado b), tenemos un problema.

d) Las personas tienen una tendencia a desear que se les diga la verdad sólo cuando es lo que quieren escuchar. Si no, prefieran que se les mienta. Esto es negado por la mayoría de las personas que yo conozco, e incluso es posible que se digan a sí mismos lo contrario. En una política de lectura de hechos, sin embargo, queda claro que la conducta más frecuente es favorecer, recompensar y premiar en los otros sólo la expresión de ideas favorables a las nuestras y a nosotros. Y penalizar lo contrario.

La opinión favorable puede, incluso, ir disfrazada de sincera crítica. Por ejemplo “mira que eres tonto, no deberías aguantar en ese trabajo, tú vales mucho más que eso”. Aparentemente es una crítica, pero en realidad es un halago. Pero permite cubrir el cupo de “críticas recibidas” y presentar un balance fiscal razonable entre aplausos y abucheos recibidos, lo que se aproxima bastante a un paisaje de sinceridad. Pero no lo es.

e) Del punto anterior se deduce que “las críticas no deben ser verdad, sólo parecerlo”, para ser genéricamente deseadas. Una crítica real, una opinión desfavorable de la idea presentada por el interlocutor, será como norma no deseada.

De estas observaciones he extraído las siguientes reflexiones.

1) Para favorecer que mi interlocutor sea sincero conmigo, puedo empezar por empatizar con él, transmitirle que valoro su experiencia en los campos en los que ciertamente la valoro, que el hecho de que tenga una opinión diferente de la mía y me la exprese no le va a hacer perder puntos y que me interesa mucho lo que tiene que decir. Claro, primero tiene que ser verdad. Lo cual no me capacita para tener un diálogo sincero con cualquier persona (a algunas las conozco demasiado poco, a otras demasiado).

2) Una forma de hacer que mi interlocutor se relaje es debilitar la apariencia de impenetrabilidad de mi proposición. “Esta es mi opinión, y puede que me equivoque”, “Creo que”, etc son muletillas que podrían aplicarse a cualquier frase, favoreciendo que la otra persona entienda que estoy abierta al diálogo. Sin embargo, yo estoy en contra de su uso genérico.

En cualquier diálogo, ya se debe partir de la base de que se intercambian opiniones, no hechos blindados. Y si las compartimos, es porque las creemos. Creemos que son la verdad objetiva, y por tanto las expresamos como verdad subjetiva. El uso de “creo que” no rebaja la impenetrabilidad de la opinión, rebaja directamente la proposición, como en esas demostraciones matemáticas en las que se trucaba uno de los puntos de partida para poder llegar a algún lado. Y salirte con la tuya después.

“Creo que”, “puede que me equivoque” y demás debería reservarse sólo para aquellos casos en los que tenemos dudas reales. Lo contrario es teñir con un barniz de buenrollismo todo lo que se dice, y a la vez restarle implicación personal. Si siempre “crees que” “es sólo tu opinión” y “puede que te equivoques”… no te equivocas nunca realmente ¿verdad?. Buen truco. Pero se carga el diálogo como vehículo de comunicación.

Hay que ser asertivo con lo que uno mismo dice. La asertividad es frecuentemente interpretada como agresión, pero eso se debe a la sobreabundancia en el contexto de expresiones saturadas de “creo que”.

Del mismo modo, una misma expresión, idéntica en todos sus elementos, será interpretada como más agresiva en una mujer que en un hombre, y más cobarde en un hombre que en una mujer. Por referencias culturales, esperamos que los hombres hablen a pecho descubierto-sangre y fuego, y las mujeres disculpándose previamente. Lo anterior es, evidentemente, una exageración, pero creo que (sinceramente, no estoy segura) proporciona una imagen de lo que quiero expresar.

Conclusión: teniendo todos estos factores en la cabeza, se me ocurren dos posibilidades para que las relaciones con las personas sean eficaces en su transmisión de ideas y sentimientos.

I) Empatizar con el interlocutor, y hacerle ver que se valora su persona, aunque no se comparta su opinión. Escuchar al interlocutor teniendo presente que lo que dice es lo que dice, y no otra cosa. Y que el que no comparta mi opinión no implica que me ataque como persona. Transmitirle asertivamente mi punto de vista, reservando los debilitamientos en la transmisión de la proposición para los casos en los que realmente deseo debilitar la proposición. Rumiar durante unos días lo escuchado y lo dicho. Repetir la experiencia.

II) Poner a disposición de cada miembro de la sociedad una camiseta que diga por delante Quiero que me des tu honesta opinión” y por detrás “Esta impresión anula la delantera. Sólo hazme feliz y dime que soy guay. “.

Lo malo de la idea de la camiseta es que nadie va a querer ponérsela, claro. Pero lo bien que me vendría a mí para saber cuando tomarme la molestia, y cuando ayudar a que algunos se la ahorren conmigo…

Esto creo que se puede nombrar

+++ Aunque una nunca sabe…

Tiene que ver con la entrada anterior, pues trata de las consecuencias de meterle caña a algo que originalmente no la tiene.

¿Habéis visto la película The Wonders?

Primera película dirigida por Tom Hanks, sin muchas pretensiones, pero amable y correcta. The Wonders cuenta la historia de un grupo de un sólo éxito. La canción That thing you do, compuesta por uno de los miembros como balada, cambia repentinamente de ritmo cuando el nuevo batería (lo que tiene que le habitual se te escayole, que te puedes llevar sorpresas) decide que el compás original es un coñazo, y lo decide en medio de un concurso.

Lo que sigue, en este fragmento de la peli. Podéis apreciar los (patéticos) intentos del guitarra principal para reconducir la canción por el camino esperado. Y el flipe del bajo que no sabe de dónde le vienen las prisas. Con ese me identifico yo :)

Recuerdo a los compositores del tema central de la película hablando de lo que pretendían conseguir. Querían un tema que recordara a los años 60, y que tuviera los ingredientes necesarios para ser un verosímil número uno en las listas de éxitos. Yo creo que acertaron.

A ver cuándo la vuelvo a ver…

(Nota: Una sabe que el batería nuevo es el que va a dar con el ritmo adecuado desde el principio. Porque es el más guapo de todos, evidentemente)

Lo innombrable

+++ A veces sucede. Tú misma ves que determinadas adherencias te llenan de dianas pintadas por todas partes, pero es lo que hay.

+++ Innombrabilidad número uno.

Empezaremos por este tipo, Emmerson Nogueira, que se dedica a hacer covers, esto es , versiones. Pero en lugar de lanzarse a la aclamada tarea de dignificar en jevorro baladas y borreguías, le da por hacer lo contrario. Acústicos de temas de rock. Bueno, pues a mí me gusta, qué pasa.

(Capi, sáltate esto, que te va a doler)

Las versiones que más me gustan no están en Youtube. pero esta no está mal.

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+++ Innombrabilidad número dos.

¿Os acordáis de un post en el blog de Gorpik, en el que una sobrina hacía huelga de hambre (moderada) porque no la dejaban asistir a un concierto?

Pues el concierto lo daban estos tipos.

Tokio Hotel, el último berrido en producciones para consumo adolescente. Pinta de acabar de escaparse de Kingdom Hearts o de un manga, el morbo de que dos de los jovencísimos (acaban de alcanzar la mayoría de edad, criaturitas) miembros son gemelos, y por supuesto sexualmente inofensivos (otro día hablo de por qué esto es importante).

Pues me gustan también estos. Qué cosas. Resulta que una se busca a estos niñatos en unos vídeos del youtube para echarse unas risas, y se lleva la sorpresa de que son potables.

No, no voy a salir corriendo a tirar a la basura mis discos de Kiko Veneno y Extreme para hacerle sitio a los de Tokio Hotel. No se me han caído las bragas de la impresión. Pero joder, ya quisiera yo que el pop-rock comercial de este país estuviera a la altura del alemán.

Porque aquí, del Canto del Bobo y de las horteradas del Busta y el Bisba no pasamos.

Pues hala, más de Tokio Hotel, esta vez en alemán, para que os afiléis las uñas. A mí este tema me gusta más que el Monsoon de antes, aunque el rollo chicos-malotes del vídeo esté mu visto. Pero el pelo que lleva el cantante ahora mola mucho más, dónde va a parar.

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Oh, gran Forges, que tu gracia caiga sobre mí cada mañana

+++ El día que este hombre se muera se me irá con él un trocito de vida. Así que sería un detalle que se las apañara para seguir dibujando unos 100 años más, al menos.

Dos aciertos dos. Y otro más, pero no como él quisiera.

+++ El martes, para intentar compensar el plantón que le di a Gorpik el finde anterior (me quedé sopa, vaya racha que llevo de malquedar) quedamos para ver en el cine Be kind, rewind (Rebobine, por favor). A favor de la película, que participa Jack Black y que está dirigida por Michael Gondry, director de Olvídate de mí. Aun así, el experimento podría haber salido mal.

be kind rewind

Los primeros veinte minutos de la película los pasé pensando que bueno, que iba a pasar un rato agradable, pero que esta iba a ser una peli de “ver y olvidar”. La siguiente media hora la pasé pensando que seguramente esta sería de las películas que iba a querer tener en DVD y ver de vez en cuando.

Salí del cine pensando que muy probablemente volvería a verla en pantalla grande. Un pedazo de película, divertida y de buen rollo, pero además con una enorme carga de reflexión acerca de lo que significa la cultura popular, y cómo the little people se empodera y apodera de lo que los artistas ponen a su alcance, como ha sido siempre desde la edad de piedra. Digan los que digan los profetas del copyright.

Nota: la web de la película es divertidísima. Y merece la pena refrescar varias veces la página de entrada. Pero no recomiendo visitarla salvo después de ver la peli, porque es un pelín spoiler. Del trailer ya, ni hablamos.

+++ Y el viernes, Athair, Earendil y yo nos arriesgamos a ver Ironman. A favor, que Robert Downey Jr. es un muy buen actor (cuando las drogas no convierten los rodajes en un caos). En contra… Caray, pues en contra estaba que es una película de superhéroes, que es el género más maltratado del universo. Y que, imho, tienen un proceso de elaboración tal que así:

Ejecutivo de un gran estudio 1: ¿Qué hacemos?

Ejecutivo de un gran estudio 2: No sé. ¿Una de superhéroes?

Ejecutivo de un gran estudio 1: Puf, son muy caras, con todos esos efectos especiales, y tal.

Ejecutivo de un gran estudio 2: Ya, pero el guión nos lo puede hacer mi sobrino de 17 años, que sólo nos cobra las cocacolas. Al fin y al cabo , para la panda de descerebrados que la van a ir a ver…

Ejecutivo de un gran estudio 1: ¿Guión? ¿Qué era un guión? La palabra me suena, pero ahora mismo no caigo…

Pues para esta se han buscado un guionista de verdad. De los que escriben diálogos ingeniosos, saben colocar las escenas en su sitio y creen en personajes con cierta profundidad psicológica (con que sea superior a la de un geranio, ya es mayor que la del Spiderman cinematorgráfico) por muy superhéroes que sean. Está bien montada. Tiene ritmo. Es estéticamente brillante, pero esa estética no fagocita la historia. Y los actores, muy buenos. A ver si dura la racha.

A diferencia del trailer anteriormente mencionado, este se puede ver.

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+++ Y no quiero abandonar esta entrada sin hablar de Keanu Reeves.

En Te lo digo por tu bien hacen una semblanza muy acertada de su trayectoria. También analizan magistralmente sus capacidades como actor, que se resumen en esta foto.

Afirmo que Keanu reeves es uno de los peores actores vivos que existen. Es tan malo como David Hasselchof.

Huy, estoy oyendo un susurro… Se acerca… Ya está aquí:

- ¿Sí? No sé, a mi Matrix me gustó.

Es que Matrix (la primera, las otras dos son sólo producto de nuestra imaginación) es un peliculón, si eso no lo niego. Y los Guachoski son unos genios, que han sabido sacarle todo el talento interpretativo (?) a Reeves a basa de , básicamente, colocarle al lado un actor de verdad (Lawrence Fishburne) que dice su texto y el de Keanu.

Como muestra, véase un diálogo tipo de Matrix:

Neo (Cara de vaca mirando pasar el tren on):…

Morfeo: Sé lo que estás pensando, Neo.

Neo (Se pone las gafas oscuras para darle otra dimensión a su personaje. Ahora parece una vaca con gafas mirando pasar el tren): ¿Gñññññññ…?

Morfeo: Adivino en tu mirada la crisis epistemológica que genera en ti esta paradoja existencial. Yo pasé por lo mismo que tú.

Neo: ¿Sí?

Morfeo: Oh, sólo los grandes como tú participan de semejante humildad, pero yo vivo atado por tus mismos demonios, Neo. Sólo que en mí no brilla la chispa detonadora de la némesis de mi autoengaño. Siempre he creído que tú nos despertarás, Neo.

Neo (se quita las gafas. Su expresión sugiere que está pensando en cuánto papel higiénico le queda en casa): Ah…

Pero es que esto no pasa sólo en Mátrix, ocurre en cualquier película con Keanu Reeves que se deja ver. Por ejemplo, The Replacements, en que le toca a Gene Hackman limpiarle los mocos al chaval. Y me juego el pescuezo a que en Dueños de la calle, la última película protagonizada (?) por el campeón, Forest Whitaker y Hugh Laurie también trabajan el doble. Sólo espero que a las niñeras interpretativas de Reeeves les paguen el doble, también.

(A quien le dé por poner en duda este argumento, le sugiero que cuente las frases que le dan a Keanu en cada peli. Efectivamente, le caben en un folio.)

La pregunta que yo me hago es ¿qué hace este tío todavía ahí, el primero del cartel? Y me respondo que, aunque sea un tocino actuando, el hombre debe de ser del tipo dócil, que se aprende los movimientos, no tropieza con los muebles y está encantado de que otros le hagan el trabajo interesante. Y que cobre poco. Porque si no, no me lo explico. Que ya no está ni bueno, caray.

Comer

+++ De repente me encuentro mejor. Puede que haya dormido lo que necesitaba para reponer la batería. Por otra parte, el sólo hecho de recordar las infusiones de tomillo y romero que guardo en la cocina me ha reconfortado. Cuando me tome la que tengo delante, mejor aun.

De camino a la clase de bajo semanal paso por una pastelería árabe (C/ MIGuel Servet, casi al lado del restaurante griego) que siempre miro con deseo pero que por diversos motivos (prisa, hoy no, no llevo dinero…) no había visitado.

El viernes por fin entré, compré un poco de pan oriental y unos pocos pasteles. “Seguro que a Athair le gustan” pensé. A los cien metros me di la vuelta y volví por más. de lo contrario, al pobre no le hubiera quedado ni uno. Qué ricos.

La cosa es que con el pan he empezado a fabricarme una especie de kebabs de canónigos, rúcula y salsa de yogur que son el infierno. Y ahora estoy terminando las últimas tortas con queso en lonchas, roquefort y pechuga de pavo pasadas por el microondas. Cómo está mejorando my humor.

I don’t care who’s wrong or right

+++ Me siento fatal. Es posible que, tras 37 victoriosos años escapando a la alergia, el vivir en una gran ciudad haya finalmente conseguido enloquecer mi sistema inmunológico. Llevo dos días tosiendo y casi no tengo voz.

+++ Lo cual, en determinados contextos puede ser una bendición, como tener un esguince y tortícolis en una situación tipo “no corras y no mires hacia atrás”.


Me gusta mucho conversar. Conversar debería presentar el equilibrio perfecto entre hablar y escuchar, y cada vez soy más consciente de su dificultad. En ocasiones tengo muchas ganas de compartir un suceso, una idea o un pensamiento, pero me doy cuenta mientras hablo de que no hay mercado, de que no es momento, persona o lugar. Si me doy cuenta a tiempo, no hablo de ello en absoluto. Al menos en directo. Un blog es una solución maravillosa ¿Lo he mencionado ya?

Desgraciadamente, no siempre es fácil detenerte en el momento oportuno, pues puedes tener la errónea impresión de que hay interés por escuchar lo que dices. Tal error a menudo viene precedido de otro similar en tu contertulio, que piensa que lo que le vas a decir le va a interesar. Es que esto es complicado.

Entonces, procuro limitar la relación a escuchar, que es algo muy interesante también, pero no tan productivo. es como asistir a una conferencia o un debate en la tele, no tiene el mismo interés que la posibilidad de participar. Por otra parte, cuando reduces tu intervención, el Principio de Incertidumbre de Heisenberg aplicado a la antropología se debilita, y oyes cosas que de otro modo no oirías.

Un momento especialmente conflictivo al conversar es el de las opiniones diferentes. Es muy interesante tener la oportunidad de conversar con personas que piensan de manera muy diferente a la tuya en temas importantes para ambos, pero requiere de unas habilidades a la hora de separar argumentaciones y puesta en juicio de la valía personal que no todo el mundo lleva en la maleta, o no siempre. Pero cuando se produce la conjunción adecuada, el instante es una mina de oro.

Así me siento a veces, como una buscadora de oro. Como una de esas almas errantes en los hielos de Alaska, sin plano ni certeza de que su búsqueda tenga sentido. Pero con la inclinación a que el pico y la pala sean para buscar ideas y contrastes, y no para pelear cuarpo a cuerpo, salvo en defensa propia.

Que ya he tenido suficiente de eso, y no pierdo de vista que mi glamour aumenta cuando cierro el pico y soy una buena chica, y no Mae West. Y ya he oído suficientes veces lo contrario de labios amigos como para saber diferenciar los buenos deseos de la realidad.

Sí, estoy un poco deprimida. Tiene que ver con que mi garganta es un campo de exterminio. Afortunadamente, en el primer mundo tenemos drogas para todo.