+++ De repente me encuentro mejor. Puede que haya dormido lo que necesitaba para reponer la batería. Por otra parte, el sólo hecho de recordar las infusiones de tomillo y romero que guardo en la cocina me ha reconfortado. Cuando me tome la que tengo delante, mejor aun.
De camino a la clase de bajo semanal paso por una pastelería árabe (C/ MIGuel Servet, casi al lado del restaurante griego) que siempre miro con deseo pero que por diversos motivos (prisa, hoy no, no llevo dinero…) no había visitado.
El viernes por fin entré, compré un poco de pan oriental y unos pocos pasteles. “Seguro que a Athair le gustan” pensé. A los cien metros me di la vuelta y volví por más. de lo contrario, al pobre no le hubiera quedado ni uno. Qué ricos.
La cosa es que con el pan he empezado a fabricarme una especie de kebabs de canónigos, rúcula y salsa de yogur que son el infierno. Y ahora estoy terminando las últimas tortas con queso en lonchas, roquefort y pechuga de pavo pasadas por el microondas. Cómo está mejorando my humor.
3 comentarios
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El comer es lo que tiene, para mi es la mejor droga que existe… La pena son los efectos secundarios…
La buena comida es uno de los mas grandes placeres de esta vida. Ni te imaginas el bien que le ha hecho a una servidora el pasar 5 días en Navarra, degustando productos de la tierra. Menos mal que nos movimos mucho!!!
Y me alegro de que ya estés mejor. El calor unido a la polución son mala combinación para las vías respiratorias, y no necesariamente significa que hayas desarrollado una alergia
Totalmente de acuerdo, si uno no se da esos caprichos gastronómicos, que sería la vida.
Un saludo