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Veinte minutos para el fin del día

Posted by: Rapunzell on: Julio 8, 2008

+++ Cuando un cuento vive 2000 años, es porque encierra pragmatismo.

Hoy se me ha ocurrido pensar que tal vez no te haces realmente adulta hasta que has sido negada tres veces por la gente por la que habrías dado un brazo.

No me extraña que a Cristo no le quedaran muchas ganas de quedarse por aquellos parajes después de resucitar. Y, al fin y al cabo, él no era de allí.

13 comentarios para "Veinte minutos para el fin del día"

Cristo era otro pragmático. Esto es lo que hay.

Pero lo que tampoco puedes es vivir como si estuvieras en la selva de Vietnam, viendo charlies en cada árbol, con lo que a veces hay que arriesgarse. Y asumir el riesgo, que esto es como la bolsa, todo el mundo sabe ganar pero no todos saben perder.

Precisamente a eso me refiería.

Es lo que pensaba ayer cuando escribía, que hasta que no has tenido determinadas experiencias y las has superado, no tienes la oportunidad de aqquirir la serenidad necesaria para vivir aceptando las bancarrotas emocionales como parte del programa.

No sé si todos saben ganar y nadie sabe perder.
No creo que todos sepan ganar, la verdad. Puedes pedir, tener lo que pides y dejar que se pudra, pero seguir pidiendo más. Y, por otra parte, tampoco me parecería saludable que las personas que pierden sonrieran y volvieran al mismo sitio a perder más.

En ambos casos, tanto si no sabes ganar como si sabes perder, parece lógico no volver a invertir en el mismo proyecto ni el mismo lugar. El cambio de aires es una opción atractiva.

Qué bien, qué fácil se dice todo esto cuando, por esta vez, la reflexión viene motivada por la pena de otros. Y no lo digo con alegría, sino con tristeza.

Tiene que haber una forma mejor de compartirnos.

Pero para encontrarla no queda otro camino que abandonar la resigmación y la costumbre, y buscar sinceramente formas mejores de hacer las cosas. Si nos limitamos a vivir como nos enseñaron, sin cuestionar nunca los pilares de esas formas de vida, no tenemos que pensar mucho, y nos encontramos cómodos y confortables. Y no nos equivocamos, es “la vida”. Sigh…

La vida no puede ser un lecho de rosas, pero tampoco ha de ser un valle de lágrimas. El equilibrio de saber ganar y/o perder en cada momento es (como bien dices) muy fácil de decir, pero aplicárselo a uno mismo ya es otro cantar. Yo en cualquier caso siempre intento extraer el lado positivo de toda situación (Always look on th bright side of life, que dirían los Python), y es que en eso consiste el aprendizaje: el tener que enfrentarte a retos, en ocasiones desagradables, y superarlos.

Si de algo me he dado cuenta en los ultimos 6 años (desde que entré en la “secta”) es de la necesidad que tenía de arriesgarme por mi misma y dejar atrás la vida cómoda y sin preocupaciones que había tenido hasta la fecha. Y realmente creo que no lo estoy haciendo del todo mal, que se ganar y se perder cuando toca, y que ya no tengo tanto miedo como antes a asumir riesgos.

El mayor riesgo a que puedes enfrentarte, es que ese que te niege, esa persona que te defraude, ese amigo por quien hubieras dado un brazo y no está a la altura de lo que esperabas cuando toca, seas tú mismo.

La realidad es que a veces nos ocurre. Defraudarte a ti mismo, sobre todo en según qué situaciones, es de las cosas más dolorosas que se pueden padecer en las relaciones con el mundo, incluido uno mismo. Al fin y al cabo, lo único que “tenemos” del mundo y de la vida es lo que nuestros sentidos nos ofrecen, y de manera distorsionada y limitada.

Cristo fue negado tres veces por los suyos, pero él mismo también renegó, no lo olvidemos.

Quizá hace muchos, muchos años, alguien fue bueno y cariñoso conmigo, pero después yo no le correspondí con comprensión, incluso tal vez le negué tres y más veces. Ese tipo de cosas suelen ser las que algunas noches nos hacen dar vueltas en la cama, las que nos quitan el sueño: no lo que nos han hecho de malo los demás, sino lo que hemos hecho de malo nosotros.

El fulcro de mi entrada es cómo la necesidad de integrar la quiebra en las relaciones más íntimas (no sólo las e pareja, sino las filiales, fraternales, amistosas, etc) parece a veces condición sine qua non para madurar.

Yo representaría la decepción como la bifurcación de ls senderos que siguen la realidad y la imagen . Vale para uno mismo y para otros.

Si no me gusta el sendero que lleva mi realidad, puedo pasarlo mal, enfadarme conmigo misma, asustarme, lo que sea. Pero no me decpeiconaré ni me negaré, porque seré consciente en todo momento de que la estoy cagando. Y he hecho muchas cosas en mi vida que hoy haría de otro modo, pero nunca he tenido la sospresa de pensar que estaba actuando de una forma o por unos motivos y encontarme toiempo después con que todo era falso.

(Una vez más, depende de a quién le preguntes, por supuesto. He oído este años muchas veces que me autoengaño muy bien porque soy una persona inteligente. Mi propia opinión en este sentido, obviamente, carece de importancia.)

Pero, en cualquier caso, uno mismo es controlable por uno mismo. Si quieres estar a la altura de las circunstancias, puedes trabajar sobre ello. No sóo es menos arriesgado confiar en uno mismo, es que no hay elección. Y cuando no hay elección, la ansiedad se reduce.

Es la experiencia de confiar en una persona, tenerle afecto, reverlarle trozos de ti y ver cómo son aceptados, alabados y atesorados, para después encontrate que te arrojan todo lo que has dado a la cara convertido en materia oscura, la ue puede derivar en ansiedad ante la existencia.

Porque no puedes controlar lo que otros desean o hacen, o dicen. Puedes perseguir a alguien dirante meses preguntándole “¿te gusta mi pelo, de verdad?” y que te conteste siemrpe “es perfecto” , y que en realidad piense lo contrario.

Lo que es peor, encontrate después que todo el mundo sabe que odia tu pelo, menos tú. No hay nada que puedas hacer para evitar eso. Nada.

Por muy bueno que sea tu radar, si se te cuelan, se te colaron. Y los riesgos que asumiste, se materializan. Y ya está.

Y si eso te sucede tres veces por lo menos, y aun así sigues queriendo tener pareja, amigos, familia (paar mí la familia es la que se contruye con gente de mi misma sangre y de otras), compañeros… es que realmente has interiorizado el proceso. Ya sabes caerte. Y sabes caerte no sólo de cuerdas que sujetas tú, sino de cuerdas que sujetan otros.

Me encanta pesnar en voz alta. Pero siempre acabo alargándome tanto…

Yo creo que no te queda otra que interiorizar ese proceso, como tú dices, porque no creo que la vida que te queda por delante en caso contrario merezca la pena en absoluto.

Con “saber ganar” me refiero a ser consciente de que no siempre te van a salir las cosas igual de bien, y como decía el otro, tratar al éxito y al fracaso como los dos impostores que son.

Asumir cuando se acaba un ciclo de bonanza y es el tiempo de vender las acciones o retirarte del casino.

Eso es saber ganar.

Pues sinceramente, sirve para aprender, madurar, bla bla bla, pero que te niegue alguien en quien confiabas es una putada. Y desgraciadamente es una putada recurrente a lo largo del tiempo.
Y sí, seguro que te autoengañas. Como todo el mundo. Unos más que otros, pero todo el mundo se autoengaña. De todos modos no está mal pegarse un par de bofetadas de vez en cuando pa despertar y ver las cosas como son. Lo digo por si es el caso.
Y ánimo y esas cosas.

Jajajaj… Y tal como lo dices, parece que el autoengaño es algo normal a lo que debemos resignarnos :)

Bueno, no deja de ser una postura razonable. Realmente, el esfuerzso por no engañarse uno mismo es algo que renta muy poco en las relaciones, del tipo que sea, tanto con personas como con objetos o ambientes. Renta mogollón para una misma, pero también es buenísimo hacer 50 largos de piscina todos los días, y no los hago. Sin embargo otras personas no dejan pasar ni un entrenamiento. O igual no son particularmente saludables ninguna de las dos cosas.

de todos modos, no hay que confundir el autoengaño con el engaño a secas, o el error. A veces, calculas mal el salto y te la pegas, porque honradamente pensabas que el escalón medía 15 cm menos. Lo cual es bastante diferente de decirse uno mismo “no están maduras”, y darse media vuelta, cuando en realidad la respuesta es “tengo miedo”. O “me gusta por su sentido del humor y su mirada limpia” cuando en realidad te gusta su coche, su cartera y sus hombros.

Un posible problema que produce el autoengaño generalizado es el hecho de que se acaba extendiendo la sensación de que lo que se dice no vale un comino.. Y a menudo aparecen situaciones “Pedro y el lobo”, cuando se da un momento o persona o circunstancia en la que sí debe ser tenido en cuenta lo que se está diciendo. Son tropezones en los que se pasa un ,al rato, pero la verdad es que son situaciones puntuales, según observo, y el resto del tiempo no molesta.

Yo, que antes pensaba que esos comportamientos hacían muy infelices a las personas, ahora creo lo contrario, que las hacen muy felices, aunque a veces su felicidad se exprese con ansiedad y mala cara. Pero es que la gente no tiene que ser feliz como soy feliz yo, sino como son felices ellos. A mí, con que me dejen en paz y no me metan en líos, dabuti. Ya ni siquiera me importa que no se hagan líos conmigo.

Yo, por mi parte, sí creo que me autoengaño menos de lo normal. No tiene más mérito que el que tendría que nadara bien si hiciera 50 largos diarios. Me intereso como objeto de estudio, tengo un enorme interés en mantenerme satisfecha y a gusto, y como soy mi propio negocio, procuro auditarme muy a menudo. Y eso, por supuesto, puede ser adoptado como una muestra más dle proipio autoengaño en el que caigo , y además como parte de mi soberbia y tal y tal. Pero sea como sea, el trabajo de estos años ha servido para reducir espectacularmente mis necesidades (temngo una lista enorme de cosas que sé que no quiero, y otra de cosas que sé que si quiero, más pequeña. Eso ahorra mucho dinero.)

Y es gracioso. Y además, interesante. Porque pienso que lo normal sería que todo el mundo que conozco tuviera la misma clase de fantasía acerca de sí misma. de investigar cada día para saber qué quieren realmente, y no desviarse de su ruta, en lo posible.

Y resulta que no. Que esa fantasía al parecer sólo la tengo yo, soberbia de mí o quizás tacaña. Importa tan poco saber la verdad acerca de nuestros propios deseos, reflexionar acerca de por qué se sienten celos, rabia, placer, excitación, codicia, desesperación o incertidumbre, por qué nos parece mal que nuestro hombre duerma con otra mujer pero nos parece bien que nuestro hombre le cuente sus pesadillas más íntimas a otra mujer (Dexter, segunda temporada), por qué nos sentimos bien cuando el gilipollas de nuestro jefe nos dice que nuestro trabajo es bueno (auqnue sea con tibieza) y nos sentimos mal cuando nos dice que es una mierda (sigue siendo el mismo gilipollas sin criterio, ¿no?)…

Es material tan poco interesante … que no da ni para un pequeño autoengaño común.

Y lo cierto es que probablemente lo sea. Se vive perfectamente bien sin preguntarse nada de todo eso, igual que se vive perfectamente bien sin entender exactamente de qué está hecha la materia o cómo los campos magnéticos modifican nuestro humor. Se vive, y ya está.

Hacerse preguntas retorcidas es sólo un hobby más. :)

Permitidme no obstante que opine que es un estupendo y saludable hobby :D

Bueno, es cuestión de vivir con ello.

A mi todavía me cuesta darme cuenta de que el know-how es un lastre en tu relación comercial, por ejemplo. Y lo es, y mucho.

El autoengaño es un mecanismo superútil de generación de felicidad instantánea, el único problema que tiene, como casi todo, es la mesura en la aplicación. Puedes llegar a vivir en una realidad paralela en un momento dado.

El tema del hombre feliz sin camisa es aplicable a todos los órdenes de la vida. Se es más feliz sin nada, siendo cortito y creyendo a pies juntillas en la redención de las almas. That’s a fact. Otra cosa es darte cuenta del camelo y tomarte la pastilla azul.

La parábola del hombre sin camisa puede tomarse de dos modos.

Una es esa. Como el ser feliz diotizado, aunque no tengas nada de valor sobre el cuerpo. Rodari escribió una versión de esa vieja historia añadiéndle un tono de denuncia política acerca de la pretendida felicidad de los pobres en su carencia, que a mí me gusta mucho.

Pero discrepo de ti, Capi, en que la versión original sea desdeñable. Seguramente he transmitido la impresión equivocada de que creo que las camisas de las que yo me desprendo en mi camino a la felicidad tienen que ser las mismas para los otros. No es así, pero entiendo que la alusión a “cosas” y “dinero” puede dar esa idea.

Ese es mi camino. Intentar ser capaz de vivir cuando llueve pasta y cuando al cinturón le faltan agujeros, con la misma sonrisa en la cara. Consumir menos, sobre todo menos cosas superfluas de las que en realidad no extraigo placer. Y, como decía aquel, no mortificar la tierra a mi paso.

Si eso supone que he elegido elegido la pastilla roja o la azul… Una vez más, depende de a quien le preguntes. O, mejor dicho, depende de cuándo se lo preguntes. Cuando hago lo que desean, mi piel está teñida de azulñ. Cuando no hago lo que desean, soy víctima de mis propios y astutísimos fantasmas rojos.

Como tarde o temprano hago o digo algo que no les gusta, y no me echo atrás si creo estar en lo cierto, tarde o temprano caigo en la categoría de “pastilla roja”. XD

Jodeeeer… se me ha partido el corazón, porque leyendo tu primer párrafo me he dado cuenta de que yo me hice adulto… a los 18 años, y de una patada en la boca. :(

Es un poco triste que sean las derrotas y no las victorias de la confianza las que parezcan jalonar el camino.

Tu comentario me hace pensar que quizás no sea tanto una cuestión binaria como de etapas.

Te haces adulta una vez cuando tu familia, tu primer círculo de confianza, te niega tres veces.
Te haces un poco más adulta cuando tus amigos, tu segundo círculo, te niega tres veces.
Ta haces un poco más adulta cuando tu pareja, tu tercer vínculo de apoyo, te niega tres veces.

Imagino que se llega un poco más allá cuando te niegan tres veces tus propios hijos.

Pero tampoco es tan extraño ni tan dramático. La destrucciones son explosivas e instantáneas, mientras que las construcciones son continuas y menos conspicuas. Los jalones, por definición, son puntuales. Es por eso que las decepciones marcan las transiciones con facilidad, porque a menudo, aunque formen parte de un proceso extendido, es fácil caracterizarlas con un momento determinado..

Las buenas noticias que tienen una fecha y una hora no son tantas: una boda, un nacimiento… A menudo son más como la sombra, la brisa o el buen olor, que acompañan en el tiempo y tiñen los días de buena onda.

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