+++ O tienes mucho tiempo libre, o mejor te saltas la entrada. Es larga y densa de narices. Si quieres un buen resumen, lee el último párrafo.
+++ Mañana me marcho a Bolivia. Estaré fuera durante un mes, y no creo que vaya a tener muchas oportunidades de escribir aquí. Francamente, tampoco me voy a esforzar mucho en buscarlas, porque se trata de tener otro tipo de experiencia.
+++ Los últimos preparativos, combinados con las circunstancias, están siendo una lata. En menos de un mes, una persona se ha marchado de casa (mi compañera Anna, de la que tendría muchas cosas buenas que contar, y que ahora está felizmente de regreso en Francia), otra ha venido a vivir conmigo (Athair, evidentemente) y otra ha pasado unos días aquí, mientras buscaba un alojamiento menos disparatadamente lejos de su trabajo (Nilrem, que acaba de marcharse rumbo a su nuevo piso).
Sacar cosas de una habitación para meterlas en otra es la constante de este mes. Sumémosle a eso que mi casa es también el local de mi empresa, y que una vez al año tengo que hacer limpieza, reordenar, etc. Unido a las circunstancias anteriores, un horror.
Nos fuimos a bucear una semana (estupenda, a pesar de que Athair lo pasó mal los primeros días) y el resto ha sido terminar trabajos, ver gente, preparar las últimas vacunas y la última documentación, y los últimos flecos del trabajo y bla, bla, bla.
O sea, que como decía Quino, necesito unas vacaciones para descansar de los preparativos de las vacaciones.
Pero las limpiezas tienen sus consecuencias positivas, como facilitar el repaso a lo que ha sido y la proyección de lo que será.
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Lo que ha sido: mirando hacia atrás sin ira.
Un ex-novio me dijo una vez que yo no avanzaba realmente, porque las entradas en mi blog, si se leían en orden, contaban siempre la misma lucha desde el mismo sitio. Mi ex-novio un tío inteligente, y seguro que otras personas compartiréis su opinión. Creo que fue una declaración sincera, aunque seguramente también teñida por el calor de las circunstancias del momento. Sea como sea, su opinión fue algo que no se me olvidó porque una crítica importante como esa, si resulta cierta, es señal clara de que lo estás haciendo como el culo. Si no avanzas y te limitas a describir una y otra vez el mismo proceso, no eres un ser humano en crecimiento: eres un hámster en una rueda.
Las limpiezas profundas del hogar, entre otras cosas, me dan la oportunidad de hacer repaso y evaluación, profesional y personalmente. Los momentos en los que dejas de vivir con una persona, después comienzas a vivir con otra, y más tarde vuelves a cambiar, dejan un montón de “residuos” en forma de papeles, objetos, etc. Y tienes que ver si se adaptan o no a ti en ese momento. Y permite pensar y valorar. Y evaluar si eres una mujer o un roedor.
Bueno, mi diagnóstico es que, en general, soy una mujer . No estoy en el mismo sitio. Mi lucha interior se parece a sí misma, cierto, porque en lo básico hay pocos anhelos esenciales en mi vida que hayan cambiado, pocas variaciones en lo que estimo correcto e incorrecto, pocos cambios en lo que es atractivo o no y grandes deseos de perfeccionar cada vez más las mismas áreas fundamentales.
A veces, los cambios y las rupturas de esquemas son tibias. Los últimos 14 meses han supuesto, por el contrario, las modificaciones más significativas en mi interpretación del paisaje y comportamiento en consecuencia de los últimos 15 años. . Algunos cambios en forma de derrumbes que todavía son dolorosos, porque no consigo encontrar respuesta a cerca de qué hice mal o cómo podía haber evitado el fallo sin comprometer la posibilidad de éxito real, y aún ando buscando plano para ver qué se construye ahí en vez de lo que había. Pero, afortunadamente, hay poco de eso.
La mayoría de los cambios han venido en forma de nuevos procedimientos, con líneas bastante definidas. Lo más destacable es, hablando en términos de psicología barata, que he abandonado mi fe en las estrategias cognitivas y me he hecho conductista a saco (el enlace es una simplificación, pero ilustra).
Laboralmente, he introducido nuevas prácticas que están siendo difíciles de implementar (mis GTD periódicamente saltan por los aires y me vuelvo únicamente reactiva, hasta que me meto en cintura de nuevo) pero que progresan.
Personalmente, me he dado cuenta de que la valoración que las personas a las que aprecio tenían de mí era excesivamente importante. No tanto como para hacerme orientar mi comportamiendo en un sentido u otro, pero sí como para darle relevancia a sus críticas, escucharlas y dedicar enormes cantidades de energía a pensar sobre ello.
Eso ocasionaba que, en caso de que sus opiniones fueran contradictorias o cambiantes, el esfuerzo de análisis era excesivo. Y además, el proceso era de lo más latoso.
Por otra parte, sigo creyendo que obtener la valoración de los otros es importante, porque permite tener un punto de vista diferente al propio y detectar fallos. Eso es feedback, y necesario en cualquier proceso de aprendizaje.
La solución al problema viene de la constatación de que las pistas más importantes acerca de mi desarrollo personal han provenido fundamentalmente de desconocidos, cuasi-desconocidos o de personas a las que trato sólo de vez en cuando (menos de lo que me gustaría, generalmente). Los cambios drásticos en mi forma de ver la vida, las críticas que han provocado realmente los cambios drásticos proceden de personas alejadas.
Creo que eso es así por dos razones. La primera, que sus observaciones no tienen ni el objetivo ni el riesgo de cambiar de manera significativa tu comportamiento HACIA ELLOS. Es una observación mucho más desinteresada y menos sujeta a la marea emocional.
La segunda, que su inocencia, su falta de prejuicios y su carencia de miedo o culpa acerca de su valoración de mí permite críticas más originales. Y las ideas originales son las que provocan cambios profundos en los paradigmas de pensamiento (sí, he dicho paradigma, qué pasa).
Por supuesto que las personas cercanas tienen opiniones que valoro extraordinariamente, pero sobre todo las valoro como indicadores acerca de mi relación con ellos. No como material genérico.
Mi pareja, por ejemplo, cuyos pensamientos acerca de todo me interesan extraordinariamente, me aporta opiniones valiosísimas acerca de mi honestidad, pero no de mi honestidad en genérico, sino de mi honestidad hacia ÉL. Si un día me dijera que soy una mentirosa compulsiva cuando el día anterior me dijo que era ciertacomoelsolquenosdacalor, ya no me partiré la cabeza intentando integrar esas dos ideas con mi propia mismidad general, sino que entenderé qiue es, simple y llanamente, cómo percibe su relación de comunicación conmigo.
Y si mi profesor de bajo me dice el jueves algo parecido, entonces me empezaré a preocupar de verdad por mi honestidad genérica. ¿Capici?
Bueno, me preocuparé de verdad, pero con mucha calma. Porque otra idea interesante que ya compartía pero que no es fácil llevar a la práctica es que, en el fondo, casi todo importa un carajo, y que no hay buen o mal comportamiento en nuestras relaciones que resulte realmente significativo. Lo importante no son los comportamientos correctos o incorrectos, sino los confortables y los incómodos. Sobre esos sí se construyen relaciones fluídas y satisfactorias o viceversa.
Todo esto todavía constituye un sistema complicado de gestionar para mí, que soy una persona amante de la simplicidad, pero de momento funciona bastante bien.
Cambiando de tercio, mi independencia económica, laboral y personal se ha incrementado, y mis habilidades negociadoras también. He tenido oportunidad de aprender de otros y las he aprovechado. He asumido riesgos y tareas nuevas, y con mayor o menor coste, todo ha sido productivo. Pero no quiero repetir el mismo curso del año pasado. El balance es postivo porque ha mejorado mi currículum y mis conocimientos, pero ha sido agotador, y no quiero volver a pasar otro periodo así proximamente
Mi gestión del estrés cuando estoy fuera de mi “zona de confort en cuanto al estrés” es mejorable. Pero la verdad, hace falta muchísima presión para ponerme en esa zona, y no tengo intención de colocarme ahí otra vez. Así que esa la dejo correr.
Y hablando de correr, una mejora significativa. Cuando este blog comenzó su andadura, yo era una persona fumadora, incapaz de correr 5 minutos seguidos sin asfixiarme. He dejado de fumar hace unos cuatro años, sin recaídas. Ni cuando las cosas iban peor.
(Una nota que puede servir de ayuda a otros. Me he dado cuenta de que a veces, sorprendentemente, he dado la impresión de que yo no sufro ansiedad, o temores, o deseos. Eso desanima a cualquiera que esté en proceso de dejar de fumar, por ejemplo, porque parece que hay quienes estamos bendecidos por el destino para dejar el hábito, y quienes no. Bueno, pues yo tenía una señora adicción, tengo aun confundidas las señales “tengo ansiedad” y “necesito un cigarrillo” y sigue surgiendo la tentación. Esta semana se me ha venido a la cabeza la idea de fumar no menos de dos veces al día. Pero no pasa nada. Siempre que recuerdes que en realidad, no quieres un cigarrillo, sólo quieres librarte de tu exceso de excitación. Y respires hondo.)
Bien, como decía, he mejorado significativamente mi estado físico. Hago ejercicio de manera regular, y estoy paulatinamente aumentando mi resistencia. He fracasado estrepitosamente, sin embargo, en mi intento de reducir peso. Peso lo mismo o incluso unos kilos más. Durante el curso mi alimentación ha sido un completo desatre, y casi no he bebido el agua necesaria cada día. Dos meses de regularidad y buenos hábitos, desgraciadamente, no parecen estar teniendo efecto. Soy una persona a la que le cuesta mucho perder peso. En fin, trataré de hacerlo mejor. Ya tengo asumido que a mí me va a costar el doble de trabajo y sacrificios que a otras personas.
No he desarrollado ninguna dependencia del alcohol, por otra parte, y eso que hubo momentos en este año pasado en que entendí realmente, con las tripas, por qué la gente bebe para enfrentarse a sus conflictos emocionales. Las mismas cosas duelen mucho menos con dos copas de vino encima. Una mañana me di cuenta de que la misma situación hacía mucho menos daño la noche anterior, porque me había tomado tres copas de vino.
Y la pregunta lógica que me vino a a la mente entonces fue “¿por qué no te tomas una copa de vino ahora, y así dejará de doler?“
Y la alarma empieza a chillar. Cuando entiendes la evasión desde dentro, es que estás en área de riesgo. Y tienes que ser especialmente cautelosa, más aun cuando, como yo, jamás has intentado evadir tus problemas bebiendo. Porque, si no te pones las pilas, un día te haces la pregunta, y al siguiente te tomas la copa de vino a las diez de la mañana.
Por otra parte, me gusta cada vez más el vino. Estoy desarrollando paladar para degustarlo, y además me sienta particularmente bien. Lo disfruto extraordinariamente, como un regalo hedonista al terminar el día, compartir una buena comida y charla o ver una película en casa. ¿Cómo solucionar el conflicto?
Bien, lo gestioné negándome a beber cuando siento dolor emocional. Si quiero anestesiarlo, lo hago durmiendo, que es como lo he hecho con anterioridad, o a golpe de videojuego. Sigo bebiendo vino cuando me siento bien. Y, en ocasiones, me permito beberlo cuando no he tenido un buen día, después de pensarlo un rato y hacer inventario mental. Si tengo la sensación de que estoy buscando anestesia y no placer sensorial, procuro no beber. (Efectivamente, este es el momento de desempolvar la palabra autoengaño y depositarla en el comentario. De nada, soy así de servicial).
¿Todo este escándalo y este montaje por una simple pregunta, en un día muy malo, acerca de una copa de vino que no llegué a tomar nunca?
Sí. Porque pienso que las reglas deben elaborarse no durante los momentos de crisis, sino antes. En las crisis uno no está para pensar racionalmente, pero sí para seguir lemas o normas cortas. Así que bueno, otro trabajo preventivo hecho.
Y el trabajo preventivo del pasado también ayudó lo suyo. Hace muuuuuuuuuuchos años sufrí una depresión (nada del otro mundo, una cosa de lo más vulgar, y no fue ni romántica, ni épica ni me llenó de valor añadido. Salir de ahí sí me llenó de valor añadido, pero recomiendo a todo el mundo intentar añadírselo sin depresión, que se puede).
Lo que aprendí entonces fue a temerla como a un nublao, y a tomar el tema en serio. Cuando hace un par de meses comencé a sentirme realmente mal, empecé a preguntar a gente de confianza acerca de profesionales de restauración del coco.
La cosa es que en cuanto me quité los últimos coletazos de curro grave de encima me sentí mucho mejor. Athair se vino a vivir a casa y la convivencia me hizo la vida mucho más dulce. Y… ¿ he mencionado lo de quitarme de encima el trabajo más urgente y peliagudo? Je.
Pues eso, el estrés bajó, mi ánimo subió y recordé que el peor momento que yo había vivido en mi viejo capítulo depresivo no había coincidido con el momento más bajo de la curva, sino que se había dado en la subida, en el momento en que me fallaron las fuerzas. Si pasas de ahí, sigues imparablemente cuesta arriba. Más vieja. Más fuerte. Más guapa y más dura.
De momento, por tanto, tengo aparcado el tema del loquero, pero no descarto buscarme uno si veo posible una simple limpieza de bujías. Al fin y al cabo, el mejor momento para llevar el coche al taller es cuando todavía no se ha roto nada.
Otro asunto a valorar es mi relación actual con Imperator. Lo quiero muchísimo, es una persona muy importante en mi vida y con la que puedo compartir muy buenos momentos. Me alegro mucho de ver que estamos consiguiendo, a pesar de las rozaduras iniciales, tener una buena relación. Me apena que se vaya a vivir a otra ciudad, pero creo que ha encontrado una persona que está sabiendo sacar lo mejor de él como yo no fui capaz, y con un temperamento mucho más compatible con el suyo. Y me alegra todo ello porque las posibilidades de que su relación sea mucho más satisfactoria de lo que lo fue la nuestra son mucho mayores. Y yo quiero que sea feliz. Imperator y yo, a día de hoy, somos buenos amigos. Espero que esto no cambie, estoy muy contenta
Las amistades, a veces, provienen de los lugares más sorprendentes. Creo que, a menudo, no sé integrarme en los esquemas de amistad con otras personas en el grado de superficialidad/profundidad requerido para cada aspecto. No pillo la onda, y me temo que mi dial no está calibrado segun las frecuencias de mi zona. No tengo ni la menor idea de por qué es así, pero estoy aprendiendo a hacer traducciones exitosas y a disfrutar de la diversión sin compromiso. Y agradezco extraordinariamente el apoyo recibido cuando me ha sido necesario.
Bueno, estoy cansada de escribir, así que voy a terminar hablando de mi relación de pareja con Athair.
Es difícil de creer que una relación que empezó en unas condiciones como las nuestras se encuentre en estos momentos en tan buena salud. Perfectamente podría haberse resentido del periodo en el que yo mantuve dos relaciones a la vez, o de mi penosa agenda, o de mi mal ánimo. El mayor riesgo, desde luego, provenía de mi escasa fe en las relaciones de pareja y mis poquitas ganas de invertir en las mismas.
Pero aquí estamos. Athair ha tenido mucho valor para llegar hasta aquí. Me sigue sorprendiendo su capacidad de comprometerse con decisiones difíciles y tratar honestamente de llevarlas a cabo. Me sigue sorprendiendo lo mucho que le gusta pasar tiempo conmigo, compartir experiencias y minutos o quitarme la ropa. (A mí también me gusta lo mismo, especialmente quitarle la ropa. Está mucho mejor sin ropa.)
(Edición: Mentira. Ese ha sido uno de esos momentos en que la pose de mujer fatal se vuelve más atractiva que la verdad y la fagocita. Detesto las poses, porque pueden encandilarte con facilidad y convertir lo que haces o lo que dices en merchandising. Mierda para eso.
Me encanta quitarle la ropa a Athair, me chifla su cuerpo y no puedo decir lo mucho que me gusta el sexo con él. Pero a veces eso es lo que deseo especialmente, y otras veces deseo especialmente contarle chistes de los míos y ver sus fingidas muecas de horror, o ver Pocoyó a su lado o cruzarme con él cuando salimos a correr en diferentes circuitos o leer tiras cómicas de internet a la vez o bucear a su lado. Esto empezó siendo, fundamentalmente, una cuestión de severa atracción sexual, pero no es ni mucho menos el único espacio para la química. El sexo es fundamental, pero hay mucho más).
Y no es que esto sea fácil. El camarada Athair y yo tenemos los dos una espina dorsal bastante notoria, intensidad en nuestros deseos y opiniones y una potencial mala leche significativa. Y yo estoy en plena etapa “tonterías las justas” (ignoro si le he pillado a él en una etapa similar, cuando vuelva de ayudar a Nilrem con la mudanza se lo pregunto), así que tenemos más broncas de las que he tenido con ninguna otra de mis relaciones estables, y yo creo que en el patio de vecinos ya nos conocen por la voz (en dos clases de situaciones completamente distintas, pero es que es un patio muy pequeño y se oye todo.)
Por cuestiones tan saltimbanquis a veces como “cuál es la forma correcta de contestarle a tu pareja cuando tiene un globo del copón porque un alemán grande y bobo se llevó prendido en su traje de buceo la funda de velcro de los plomos que la hermana de Athair nos había prestado”. Que en esta pareja cada cuál folla con quien le apetece, pero nos la cogemos con papel de fumar con cosas como esas. Que son las que a nosotros nos parecen importantes
Es una buena relación. Es una muy buena relación. Espero que lo sea por mucho tiempo. Espero también que esté llena de complicadas discusiones, y de largos abrazos. Y de largas conversaciones con minúscula, y alguna inevitable Conversación, pero esas mejor cortas. Es una buena relación, de las que me hacen desear ser parte de una pareja. Caray, en enero yo pensaba que no iba a querer algo así hasta dentro de cinco años, y que Athair y yo, dada mi trayectoria, teníamos el futuro de un sugus a la puerta de un cole. Y aquí estoy.
Milagroso. En buena parte, milagrosa tenacidad de Athair.
Como conclusión, estoy contenta y satisfecha. No pongo un “muy” delante de esas dos palabras porque también estoy un poco drenada de energía. Cansada, hasta las narices de trabajar en todos los sentidos, pero al otro lado del bache.
Un gran semestre, que se podía haber estructurado mejor en varios aspectos, pero donde las posibilidades de partirme algo en alguno de lso saltos eran bastante grandes. Trastabillando a veces, pero estoy de pie. Y me marcho un mes a Bolivia. Salgo de mi pequeño mundo y mis pequeños problemas de estómago repleto, y viajo al mundo real de la mayor parte del planeta .