+++ Y todo es estupendo. Ayer por la tarde Athair y yo nos separamos más de cinco metros por primera vez desde que crucé las puertas de la aduana en Barajas. Ya nos vamos tranquilizando un poco, la marca de las ausencias y el jet lag van desapareciendo y empezamos a dar señales de vida al exterior. Hoy prometo llamar a todos aquellos a quienes quiero llamar, y escribir a quienes quiero escribir. Disculpad la demora, pero estoy segura de que lo entendéis.
Y continúo compartiendo aquí mi experiencia boliviana. Tarde o temprano habra alguna foto. pero creo que hoy no
El transporte (segunda parte)
Bien, ya hablé de los micros, los trufis y los taxis. Acabo de averiguar que “trufi” son las siglas de “Transporte de Ruta Fija”, y no en todas partes son turismos, sino que en algunos lugares también se usan esas siglas para movilidades (furgonetas) o micros.
He de decir que cuando escribí acerca de los trufis estaba un tanto impresionada por un par de conductores un tanto… sanguíneos. Lo cierto es que la mayoría del tiempo, son gente bastante tranquila, que no se exalta con facilidad.
Y es que parece que los bolivianos, si no toman (beber alcohol) o se meten en política, son gente de lo más sereno. Conducir en Santa Cruz, que es una ciudad populosa, conlleva sus correspondientes atascos, competiciones por ver quién se mete antes en una intersección con tráfico denso, etc. Pero jamás, en todo un mes de estancia allí, escuché a un conductor proferir un solo insulto. Los taxistas y conductores de trufi que vi aceptaban (con excepción del conductor aquel que me hizo evaluar mi mochila como parachoques) los problemas del tráfico con mucha calma, sin alterarse.
Los conductores de micro, que parecen soldados al vehículo como en un autito de Fisher Price, tienen problemas a veces para incorporarse de nuevo a la calzada después de haberse detenido en el arcén para recoger o dejar a un pasajero. Y no resoplan, no blasfeman, ni se inmutan. En situaciones en las que en España el conductor medio saca el cuerpo por la ventanilla para jurar en arameo, a los cruceños no se les mueve una pestaña.
Mi impresión general es que conducen bien. En un medio donde el tráfico demanda habilidad, astucia y reflejos, tienen de todo eso. Lo que no tiene nada que ver con que la conducción sea segura o prudente.
Una carretera de dos carriles se convierte rápidamente en una de cuatro. No hay rayas en el suelo, por supuesto, sólo huecos por los que los coches circulan según les da. Los adelantamientos no son especialmente imprudentes, pero hay tantos y tan largos (circulan muchos camiones lentos o micros, y hay prisa) que impresionan. A pesar de ello, y del mal estado de muchos coches (o precisamente por ello, gracias a la baja velocidad) no vi más accidente que un camión al que se le cayó la carga.
Los peatones son una cuestión aparte.
Mi primera directora de teatro, cuando se refería al acto de cruzar una calle por donde le petaba, lo llamaba “cruzar a la boliviana”. A mí me hizo gracia la expresión, y la he empleado durante años. Bueno, pues ya he estado en Bolivia, y he de decir que se ajusta perfectamente a la realidad.
En Santa Cruz existen pasos de cebra, pero NO DEBES FIARTE. No creo que haya un conductor de cada diez que sepa para que valen, y el hecho de que estén casi todos borrados no ayuda. Se cruza por donde se puede, y cuando se puede, y ya está. Como en el trazado de la ciudad de Santa Cruz predominan las calles de un solo sentido y carril, orientadas en cuadrícula, cruzar es bastante fácil.
La política.
Vamos a partir de la base, en este punto, de que no pretendo tener mucha idea sobre el panorama político en Bolivia. A decir verdad, dudo mucho de que nadie pueda tener una explicación razonable y sensata de qué se cuece allí, y unas perspectivas de desarrollo futuro probables.
Un circo de tres pistas, eso es la política boliviana. Afortunadamente para ellos, llevan viviendo la tira de años con las saltimbancadas de turno (incluyendo golpes de estado, que en Bolivia son tan comunes como las plataneras o las trenzas). desafortunadamente para ellos, esa situación les impide progresar como podrían.
He aquí mi análisis de la situación actual.
En Bolivia hay una división territorial y étnica entre la zona oriental (en la que se incluye Santa Cruz de la Sierra) y la occidental.
El oriente es más llano, agrícolamente más fértil, con un clima mucho más benigno y presencia de yacimientos de gas y petróleo. Las etnias presentes están más mezcladas con los descendientes de españoles. Son los llamados cambas.
La zona oriental, por el contrario, se encuentra situada en el altiplano. Su altitud y su clima, mucho más extremo, hacen que la vida en esas regiones sea mucho más dura y la productividad mucho más baja. Las etnias presentes en esas regiones son mayoritariamente indígenas (quechuas y aymaras sobre todo), el mestizaje es bajo y la situación económica ha sido tradicionalmente más desfavorable.
Paradójicamente, son el folklore y la imagen del occidente boliviano las que se asocian al país desde el exterior. Cuando pensamos en Bolivia, pensamos en mujeres gruesas de largas trenzas, mantas de colores a la espalda (aguayo) donde llevan a sus bebés (guagua) y un sombrerito en la cabeza en milagroso equilibrio. Es la cultura colla.
Tradicionalmente, los dirigentes del país han sido descendientes de españoles o cambas. Evo Morales es el primer presidente “colla” (indígena, se suele decir, aunque existen otras etnias indígenas que no pertenecen a la cultura colla). Tiene el apoyo mayoriotario, en principio, de las bases orientales, que perciben que sus intereses han sido tradicionalmente aplastados, su cultura y su lengua ninguneadas y sus posibilidades de desarrollo mutiladas por los mestizos, los criollos y sus descendientes. Lo que en parte es verdad.
Ciertamente, los valiosos yacimientos metalúrgicos de Potosí y Jauja, por ejmplo, estaban situados en la zona oriental. Pero la población indígena no recibió los beneficios de la extracción, sino que fueron convertidos en mano de obra semiesclava por los españoles primero y los criollos después, mantenidos conscientemente en situación de analfabetismo y gobernados en la distancia por las fortunas del país, que evidentemente preferían vivir en zonas menos inhospitas. Vamos, lo de siempre.
Así que nos encontramos ya con dos elementos que convierten cualquier nación en un polvorín: el conflicto étnico y la percepción de la deuda histórica.
A eso, hay que sumarle las sucesivas crisis económicas. Unidas a la prosperidad de las ciudades del oriente, han propiciado un flujo migratorio de los collas que buscan allí una oportunidad de vida mejor. Y así se llena el oriente de cholitas (mujeres indígenas, con el pelo partido en trenzas como he descrito antes, siguiendo una orden de la gobernación española de siglos atrás, falda de vuelo y blusa de encaje) y sus maridos, mucho menos conspicuo. Y cuando la nueva crisis económica se cierne sobre todo el país, en las zonas orientales la reacción no se hace esperar: la culpa la tienen los inmigrantes. Vamos, lo mismo que dicen aquí.
A su vez, el gobierno de Evo Morales concede diversos cargos de responsabilidad a históricos dirigentes indígenas, personas al parecer de gran valía personal y coraje pero, desgraciadamente, no siempre con la formación necesaria para desempeñar su puesto. (Otros cargos, por el contrario, son puestos en manos de personas de gran talento, pero incluso con estos surgen discrepancias políticas).
Y aquí se queda esto de momento. Más el próximo día.