Posted by: Rapunzell on: Octubre 13, 2008
+++ Y las generalizaciones también.
Porque a veces la nostalgia es el recuerdo y la pena por no estar en un momento especial de mi biografía, un lugar donde los minutos eran más bellos y más significativos. Un lugar al que desearía volver… Y quién no.
Pero ese rememorado momento de mi vida se corresponde con la realidad en un pequeñísimo porcentaje de casos. En la mayoría, lo que ocurre es el siguiente diálogo:
Nostalgia: Mira, Rapunzell, mira que cuadrado más hermoso.
Rapunzell: Sí que es bonito, sí.
Nostalgia: ¿Verdad? Y quedó atrás. Qué pena… ¿No sientes que has perdido algo que no vas a recuperar? ¿No te entristece?
Rapunzell: Sí… Pero, espera, que te conozco. Eres el segundo sentimiento más tramposo que hay.
(Rapunzell saca la lupa)
Rapunzell: Ajá. Efectivamente. Es bonito, sí. Sólo que no es un cuadrado. Lo parece, pero no lo es. Las esquinas no cierran. Puedes intentar hacerme creer que fue un cuadrado, pero no lo era. Eran cuatro bonitas rayas hábilmente colocadas. Esto sí es un cuadrado. Lo anterior no.
Rapunzell: No puedo echar de menos un cuadrado que no existió ¿Entiendes?
Nostalgia: No seas tonta. ¿No prefieres aprovechar la oportunidad y abandonarte a la dulce melancolía de…?
(Nostalgia es bruscamente interrumpida por una patada en el culo que la manda fuera del edificio. Tardará lo suyo en volver.)
Los buenos recuerdos están ahí, y no importa si eran cuadrados o no. Y a veces, habrá lugares y momentos dignos de ser añorados. Pero no tantos como nos gustaría pensar.
Conservar también recuerdos de los momentos malos, de las esquinas que nunca se cerraron o de las heridas que no debieron abrirse, es importante. Para no equivocarse. Para no mirar hacia donde no debemos.
El pasado es un espacio muerto, y los muertos deben ser mirados a la cara, ya sean sus caras bellas o feas. Y debes abrazar esos cadáveres e impregnarte de la sabiduría que puedan otorgarte.
Como es bueno meterlos después en una caja de pino y enterrarlos. Y si alguna vez hemos de visitarlos, estará bien dejar una flor en sus tumbas. Pero si los echáramos demasiado de menos, es el momento de agarrar la pala y cavar. Y volver a mirar sus manos descarnadas y sus cuencas vacías, y recordar por qué son parte del antes y no del ahora.
El presente es el país más acogedor, porque es la única patria que tenemos. Y es la patria hacia la que hemos decidido ir, y hemos venido por buenas razones. El pasado está muerto porque lo matamos con nuestras manos o porque se murió él solo. En ambos casos, está donde debe estar. La nostalgia es necrofilia, y la necrofilia es para el que le guste. Empiezas con añoranza y luego, si te descuidas, te pones a reescribir el pasado de una forma más estética y donde salgas mejor peinada.
A mí no me va la nostalgia.
El futuro, aquel país desconocido, es, desde que llevo el timón de mi propia vida, un lugar que no hace más que mejorar.
Repleto de cuadrados descubiertos, repleto de cuadrados por descubrir.
Rememorar y sonreír, sí. Añorar… no.
Este fin de semana he puesto un emulador de C-64 en el móvil. Ha sido divertido, pero el 90% de los juegos serían un horror de jugar, y de esos, el 80% ya no entretienen igual.
Eso sí, ha sido bonito volver a escuchar sus melodías.
Pero ha sido mejor el espectáculo de ballet moderno, que ayer estaba bien fuera del recuerdo. Claro que eso ya fue *ayer* ^^
Hahahahaha.
La mejor cita al respecto de esto, hoy, en el avión que me traía a Brasil:
“There is a saying. Yesterday is history, tomorrow is a mystery, but today is a gift. That is why we call it the present”
Maestro tortuga Oogway, Kung Fu Panda.
La filosofía no es propiedad de Spinoza (Algún día escribiré un libro con este título)
Bastante buena, sobre todo en versión original (Jack Black, Dustin Hoffman, la Jolie…). El tipo de producto muy pulido que suele hacer Dreamworks.
Tampoco te va a volar la cabeza, eh…
Octubre 13, 2008 a 9:14 am
Enlazando con tu entrada anterior, qué felices eran esos tiempos en que los frikis éramos la avanzadilla cultural maldita. Incomprendidos por todos. Y si alguien te dice que, en realidad, entonces éramos unos pobres parias que buscábamos que los demás nos hicieran un poco de caso, está mintiendo. Igual que quien te diga que los dibujos de Mazinger Z dan vergüenza ajena.