+++ Los periódicos están llenos de viñetas en las que un anciano y deprimido año 2008 es expulsado a zapatazos, pedradas o insultos. Con la cacareada crisis de por medio, cualquiera diría que el año ha sido malo para todo el mundo.
Bueno, pues para mí, no. Empezó como el culo, pero con paciencia, una caña y la convicción de que mañana no puede ser sino mejor... pues he acabado pescando un año la mar de majete. Aunque no todo es brillante.
Mi inacabado proyecto de fin de carrera sigue ahí, molesto como un quiste sebáceo en un párpado. Lo cierto es que cada vez que le he metido mano en serio ha sido para conseguir la sensación de estar perdiendo el tiempo de miserable manera. La primera vez, para que os hagáis una idea, comencé un estudio biológico de un área protegida. El propietario de la finca que lindaba con el área en cuestión encontró que la arboleda era un estorbo, así que decidió hacerle un servicio a la comunidad y convertir la zona en un paisaje lunar. La fiscalía de medio ambiente no apreció sus buenas intenciones y le metió un puro considerable… pero menda lerenda se quedó sin proyecto.
Desde entonces, las ocasiones en las que me han tomado el pelo con el proyecto han sido numerosas. Ayuntamientos interesadísimos que dejaban de estarlo repetinamente, planos que no aparecían porque el concejo se mudaba de edificio… Sumemosle a eso un par de oportunidades que yo dejé pasar por postergar lo necesario y… un asco de historial, sí.
La última ocasión en que me armé de valor y me acerqué al tema en serio también hice el canelo. Pero al menos, avancé bastante el trabajo. Alguna vez lo he tocado desde entonces, pero no he hecho gran cosa. Esa es la puñetera espada de Damocles que pesa sobre mi cabeza y me impide hacer, por ejemplo, otra carrera.
Así que, despreciando los fracasos pasados, este año proclamo mi profunda insatisfacción por tener el proyecto fin de carrera pendiente, y anuncio que mi propósito de año nuevo es titularme como Ingeniera Técnica Forestal. De una vez.
Vale, ya me he fustigado. Ahora, las buenas noticias. ¡Este año he cumplido una barbaridad de sueños, de ilusiones viejas y nuevas, de retos, de… ! ¡Yo qué sé!
- Me he ido de cooperante a Bolivia
- Por tanto, he viajado a América
- He corrido la primera media hora seguida de mi vida
- He aprendido a tocar un instrumento musical
- He publicado una colaboración en un libro ¡y estoy escribiendo otro!
- ¡Y a lo mejor me cae algo como ilustradora un día de estos!
- He continuado buceando.
- He disfrutado de nuevas experiencias en diversos sentidos.
Y lo más increíble…
- Tengo una relación de pareja. Una muy buena relación. Con proyectos de futuro y esas cosas. Con confianza. Con apoyo. Hasta nos hemos comprado un Rock Band a medias, fijaos si es serio…
En serio, no pensaba yo que fuera a estar de humor para tener una relación de pareja. Ni de coña. Porque entré en el año cansadísima, agotada, con las reservas de fe (once again) por los suelos y con la tentación de esconderme bajo la alfombra y no salir hasta… vete a saber.
Y sigo cansada, no nos engañemos. Me siento como la batería de un móvil que han usado demasiado, y que se carga y descarga con sorprendente rapidez. Hay días malos aún. Pero sabía el precio que pagaba y el riesgo que corría con cada decisión del pasado, así que ahora pago el precio que me toca sin rechistar. No problem. Peor es no contarlo.
Pero la mayoría son días buenos. Y han ido mejorando. Algunas cosas las hago bien, algunas cosas las hago mal. Algunos días soy fuerte, y otros soy una bayeta vieja. Algunos días hago lo que quiero hacer, y otros días no, y me dejo llevar por la pereza.
Pero tengo la sensación de que hago las cosas mejor, un poco mejor cada vez. Según a quien le preguntes, será que tengo razón, o será que estoy relajando mis criterios.
Me la pela.
El 2008 ha sido un año de puta madre. Tuvo un nacimiento duro, pero le permití ser un año feliz y me devolvió el favor. A ver qué tal se porta su hermanito

Bien hecho, chaval



Por supuesto, nos gusta más estar de buen rollo que hechos una dama de las camelias. Aunque luego nos dé por las poses góticas, la depresión invernal es algo que procuramos evitar. Y, además, si una sociedad tiene los suficientes recursos alimentarios, de abrigo y de protección para mantener a sus miembros en buena forma, estos pueden dedicarse a tareas mucho más provechosas que llorar por la ausencia del sol, metidos en agujeros hediondos, hasta la primavera. Pueden invitar a comer a los vecinos, secar pescado, curtir pieles o inventar la cerámica.

A los que estáis atravesando un mal momento


Si hemos establecido la costumbre de reunirnos para compartir la comida e intercambiar regalos, es necesario que el ambiente permita llevar estas dos actividades a cabo con éxito. Si vamos a acabar arrojándole el pollo a la cabeza al suegro, negándole la sal a la abuela, pegando al niño y regañando con el esposo… Pues como que el planeado intercambio de bienes y servicios recíproco y no comercial puede quedar hecho un churro.
Tomemos, por ejemplo, el