La (clásica) última entrada del año

+++ Los periódicos están llenos de viñetas en las que un anciano y deprimido año 2008 es expulsado a zapatazos, pedradas o insultos. Con la cacareada crisis de por medio, cualquiera diría que el año ha sido malo para todo el mundo.

Bueno, pues para mí, no. Empezó como el culo, pero con paciencia, una caña y la convicción de que mañana no puede ser sino mejor... pues he acabado pescando un año la mar de majete. Aunque no todo es brillante.

damoclesMi inacabado proyecto de fin de carrera sigue ahí, molesto como un quiste sebáceo en un párpado. Lo cierto es que cada vez que le he metido mano en serio ha sido para conseguir la sensación de estar perdiendo el tiempo de miserable manera. La primera vez, para que os hagáis una idea, comencé un estudio biológico de un área protegida. El propietario de la finca que lindaba con el área en cuestión encontró que la arboleda era un estorbo, así que decidió hacerle un servicio a la comunidad y convertir la zona en un paisaje lunar. La fiscalía de medio ambiente no apreció sus buenas intenciones y le metió un puro considerable… pero menda lerenda se quedó sin proyecto.

Desde entonces, las ocasiones en las que me han tomado el pelo con el proyecto han sido numerosas. Ayuntamientos interesadísimos que dejaban de estarlo repetinamente, planos que no aparecían porque el concejo se mudaba de edificio… Sumemosle a eso un par de oportunidades que yo dejé pasar por postergar lo necesario y… un asco de historial, sí.

La última ocasión en que me armé de valor y me acerqué al tema en serio también hice el canelo. Pero al menos, avancé bastante el trabajo. Alguna vez lo he tocado desde entonces, pero no he hecho gran cosa. Esa es la puñetera espada de Damocles que pesa sobre mi cabeza y me impide hacer, por ejemplo, otra carrera.

Así que, despreciando los fracasos pasados, este año proclamo mi profunda insatisfacción por tener el proyecto fin de carrera pendiente, y anuncio que mi propósito de año nuevo es titularme como Ingeniera Técnica Forestal. De una vez.

Vale, ya me he fustigado. Ahora, las buenas noticias. ¡Este año he cumplido una barbaridad de sueños, de ilusiones viejas y nuevas, de retos, de… ! ¡Yo qué sé!

  • Me he ido de cooperante a Bolivia
  • Por tanto, he viajado a América :)
  • He corrido la primera media hora seguida de mi vida
  • He aprendido a tocar un instrumento musical
  • He publicado una colaboración en un libro ¡y estoy escribiendo otro!
  • ¡Y a lo mejor me cae algo como ilustradora un día de estos!
  • He continuado buceando.
  • He disfrutado de nuevas experiencias en diversos sentidos.

Y lo más increíble…

  • Tengo una relación de pareja. Una muy buena relación. Con proyectos de futuro y esas cosas. Con confianza. Con apoyo. Hasta nos hemos comprado un Rock Band a medias, fijaos si es serio…

En serio, no pensaba yo que fuera a estar de humor para tener una relación de pareja. Ni de coña. Porque entré en el año cansadísima, agotada, con las reservas de fe (once again) por los suelos y con la tentación de esconderme bajo la alfombra y no salir hasta… vete a saber.

Y sigo cansada, no nos engañemos. Me siento como la batería de un móvil que han usado demasiado, y que se carga y descarga con sorprendente rapidez. Hay días malos aún. Pero sabía el precio que pagaba y el riesgo que corría con cada decisión del pasado, así que ahora pago el precio que me toca sin rechistar. No problem. Peor es no contarlo.

Pero la mayoría son días buenos. Y han ido mejorando. Algunas cosas las hago bien, algunas cosas las hago mal. Algunos días soy fuerte, y otros soy una bayeta vieja. Algunos días hago lo que quiero hacer, y otros días no, y me dejo llevar por la pereza.

Pero tengo la sensación de que hago las cosas mejor, un poco mejor cada vez.  Según a quien le preguntes, será que tengo razón, o será que estoy relajando mis criterios.

Me la pela.

El 2008 ha sido un año de puta madre. Tuvo un nacimiento duro, pero le permití ser un año feliz y me devolvió el favor. A ver qué tal se porta su hermanito :)

Bien hecho, chaval

Antropología Navideña (13)

+++ Y llegamos al final de la lista. Quedan dos puntos en el tintero, y con esto termina el Año 2008 de este Blog. Apropiadamente, tanto por la  fecha como por el tema, un clásico del poz epañó.

¡Pon la tele, Paco, que ya van a dar las uvas!

11. Se declara terminado el Año en Curso, se hace cierre fiscal a diversos niveles y se celebra la llegada del Año Nuevo.

12. Hay un solsticio.

Comenzaré por el número 12, más sencillo y del que se deriva en parte el 11.

El 21/22 de diciembre tiene lugar en nuestra latitud el solsticio de invierno. Es nuestro día más corto, nuestra noche más larga y un punto muy bajo en el ciclo vegetativo. No es el día del año en el que se registran las temperaturas más bajas (cosa de los ciclos meteorológicos y sus inercias) pero, desde luego,  no es una época fácil.

solsticio-equinoccio

La mayoría de las cuestiones  que he repasado estos días tienen su justificación funcional principal en el invierno. Las costumbres que acompañan a las tradiciones navideñas ayudan a atravesar las épocas de penuria y escasez derivadas del frío, la falta de luz, la tristeza económica y psicológica y la falta de alimento.

Si los etnocéntricos humanos tuviéramos dos dedos de frente, los cristianos hubieran exportado al hemisferio sur la celebración por la llegada al mundo del Santo Niño el 25 de Diciembre, pero las Navidades, como las conocemos nosotros, las hubieran dejado para el 21 de Junio, que es cuando la época chunga y los días cortos sacuden al sur. O para la época mala del monzón, o para las temibles mogafreiras de septiembre en Madagascar, yo qué sé… Cada zona del mundo tiene su particular época difícil, en la que la solidaridad, el agrupamiento y la redistribución son más necesarias.

Pero no ha sido así. Exportamos nuestra celebración invernal a lugares donde no es invierno en Navidad. Con lo cual, toda la funcionalidad de esas celebraciones no vale de gran cosa. It’s like rain on your wedding’s day…

Pero bueno, aquí hemos cortado el bacalao de la colonización, y así se come. Al que le ha tocado, ha arreado con ello como ha podido.  También con la fecha de final de año.

Porque en las cercanías de este cortísimo día europeo marcado por el solticio se encuentra el final del año y el principio del siguiente.

¿Para qué vale el Año Nuevo? Para varias cosas.happy-new-year1

  • Si eres un campesino medieval iletrado, lo mismo no tienes ni idea de en qué año vives, hasta que no te lo dice el cura. El ciclo de las estaciones lo conoces y lo vives, pero probablemente ni siquiera supieras en qué año estás si no fuera porque hay momentos de cambio de año muy marcados. No es como hoy en día, donde si no sabes que día es hoy miras el calendario. No había calendarios al alcance de la mayoría de la gente.
  • El Año Nuevo vale para que todos cambiemos de año a la vez. Obvio, pero no por ello menos importante. Especialmente por el aquel de los impuestos y los tributos.
  • El cierre fiscal no lo inventaron los bancos.  De toda la vida ha habido necesidad de cerrar el ciclo productivo, pagar impuestos y darle su parte al señor. Un año dura un año porque en nuestras latitudes, la diferencia entre estaciones está muy marcada. El calendario gregoriano parece el único sensato en nuestra latitud, pero es posible que en el ecuador o el trópico, donde ni las horas de luz ni el clima tienen las mismas variaciones que el nuestro, otros calendarios fueran igualmente sensatos… Como fuere. El caso es que, en el nuestro, las vacas y las caballerías paren una vez cada año solar, el trigo se cosechaba una vez al año solar y, por tanto, el recaudador pasaba (y pasa) una vez al año solar. Así que el cambio de año vale para llevar las cuentas.
  • Esto que viene no es una explicación colectiva, sino individual. Pero creo que es común a todos los individuos de la especie, aunque puedo estar pecando de ombliguista. A los seres humanos nos vienen bien los principios y los finales, la segmentación. Al menos en la cultura occidental, es bueno poder hacer planes, mejorar, cambiar. Tener esperanza de que algo distinto ocurrirá esta vez. Por eso tenemos rituales que marcan la transición a la edad adulta, el comienzo de la vida en pareja o el estreno de un negocio.
  • El fin de año y el comienzo del siguiente es un buen momento para pararse un segundo y reflexionar. Sobre lo ocurrido. Sobre lo que hicimos bien y lo que hicimos mal. Sobre lo que queremos que pase en nuestra vida, y cómo hacer lo posible para que suceda. Las resoluciones de Año Nuevo , aunque no las cumplamos todas, nos permiten abordar mejoras en nuestra vida con optimismo y alegría. Y eso, en el pasado y en el presente, nos da mejores opciones para sobrevivir.

Y aquí termina la primera vuelta del bucle. Aunque a veces me he desviado de mi propósito original, he querido explicar la Navidad como un conjunto de celebraciones funcionalmente atractivas para la supervivencia de nuestras sociedades, allá en la época en que se originaron. Probablemente haya sido un ejercicio pretencioso, pero desde luego ha sido divertido. Muchas de las ideas han ido surgiendo a medida que escribía, así que he aprendido puntos de vista nuevos en  el proceso.

No tengo palabras para agradecer a los que se han tragado la serie, y encima han comentado. Siempre me da que pensar lo que leo. Es mucho más divertido con feedback :)

Pero ahora queda destejer el tapiz, paso a paso, igual que se tejió, pero con una nueva pregunta. Supongamos que aceptamos que las tradiciones Navidadeñas  eran funcionales en el pasado. ¿Siguen siendo funcionales ahora?

Quizás toda esa gente que se queja de las celebraciones tenga razón después de todo. Tal vez las cosas hayan cambiado. Bueno, le daremos un repaso, a ver qué sale.

Antropología Navideña (12)

+++ Otro de esos vídeos para escuchar sin mirar. Pero es que este no podía faltar aquí…

¡Igualmente!  Espere…. ¿le conozco yo de algo?

10.  Se felicitan las fiestas a completos desconocidos, y se mandan postales y emails a gente a la que no ves hace quince años o a los tíos de Australia.

La relevancia de esto depende de cada lugar. En Madrid, por ejemplo, los nativos solemos guardar las distancias. Si entras en un autobús, saludas al conductor o a nadie. Esto es interpretado por personas que provienen de ciudades más pequeñas como frialdad y descortesía. En mi opinión, es una saludable manera de no volvernos locos.

Cada día podemos interactuar, potencialmente, con millones de desconocidos. Pero nuestro reciente pasado como primates sólo nos permite mantener relaciones estrechas con unos cincuenta individuos a la vez. Si tenemos que considerar “miembro del reparto de mi película” a cada desconocido que encontramos, corremos el peligro de empatizar con demasiada gente, demasaidos problemas, demasiadas causas en las que no podemos intervenir.

De modo que funcionamos bajo la hipotesis de que son “extras”, parte del paisaje. No los  saludamos, simulamos que no están alrededor cuando hablamos de cuestiones personales en el metro con nuestro marido. Desde un punto de vista funcional, son objetos, en tanto no se demuestre lo contrario.

Atención, porque esto no excluye la solidaridad ni la colaboración. Yo personalmente he tenido unas cuantas experiencias en la gran ciudad en las que la indiferencia circundante se transforma en interés y apoyo cuando hace falta. Lo mismito que he asistido con horror a la cobardía, la hipocresía y el mirar para otro lado en uno de esos pueblitos pequeños y amigables donde todo el mundo conoce la vida y necesidades de todo el mundo. De todo hay en este supermercado del Señor, decía Manolito…

Recientemente, sin embargo, Patomas me contó que en Caracas la gente sí saluda a los demás pasajeros al subir al autobús. Y mira que Caracas es grande. Al principio pensé que esto invalidaba mi teoría, pero después pensé que, a no ser que se trate de un saludo personal y efusivo, no tiene por qué. El cajero automático también me saluda…

En las grandes urbes, los contactos con los desconocidos están reglamentados. Por favor,  en qué puedo atenderle, es buena esa mermelada de ahí, el lunes cerramos, gracias, de nada. Sólo en ocasiones extraordinarias entran en lo personal. Podrían tratarse de clientes/dependientes/ventanilleros automáticos. Siguen sin ser personas reales.

Ciudad de maniquies

Pero en Navidad, le dezeas Feliz Año al otorrino de la Seguridad Social, al que no vas a volver a ver en meses, años o vida terrenal. Y no tienes por qué, pero si eliges hacerlo, repentinamente pertenecéis de manera palpable a la misma comunidad. (El fútbol, el Hola y Gran Hermano tienen una función social parecida).

Cuando deseamos Feliz Navidad o Feliz Año a completos desconocidos, lo hacemos de manera voluntaria. No es socialmente obligatorio, como dar los buenos días o pedir las cosas por favor. Precisamente por ser prescindible, nos proporciona un pasajero pero eficaz recordatorio de que nuestra comunidad de extras es, en realidad, una gran compañía llena de actores y actrices de reparto. No somos parte de una masa de hormigas o robots, que nada tiene que importarnos en realidad. Somos una comunidad de personas.

Si por desgracia en el barrio de al lado estalla una bomba , las obras el metro obligan a desahuciar a los vecinos o el río se lleva la calle, seremos más proclives a prestar ayuda. Porque son de los nuestros. Nos desearon Feliz Navidad, y nosotros se la deseamos a ellos.

En los pueblos y comunidades pequeñas, por el contrario, es posible que la hipocresía, el sentimiento de que “hay que decirle eso a todo el mundo, te guste o no” te hagan desearle feliz navidad al sacristán, un poner, que en tu opinión mejoraría la Navidad de todo el pueblo si se tirara por un puente.

Igualmente funciona. Aunque sea mínimo, ese pequeño contacto facilitará la colaboración en caso de necesidad.

Por supuesto, existe el caso contrario. Familia, amigos, compañeros que consideramos parte de nuestra comunidad pero con los que no mantenemos mucho contacto porque están lejos. Enviar una felicitación o recibirla es un recordatorio de que seguimos ahí. Podríamos hacerlo en cualuier momento, pero, como siempre, las fechas señaladas nos colocan en mejor disposición mental para hacerlo y recibirlo.

Antropología Navideña (11)

+++ Hace un frío de narices. Según oí en la radio la semana pasada, este otoño fue el más frío en Madrid de los últimos 40 años. No sé si será verdad o no, pero si no lo es lo parece. Y el invierno está intentando hacerle justicia a la estación pasada.

Así que buscad alguien calentito para arrebujaros a su lado, y escuchad música que os haga entrar en calor. Por ejemplo, este Merry Christmas de los Ramones.

Las canciones de Los Ramones molan bastante más cuando  las tocas  que cuando las padeces en sus conciertos. Y esta ha sido mi  pequeña píldora de sabiduría de hoy.

El indigesto ladrillo es lo que sigue más abajo.

¿El punto ocho ya se acabó? ¿De verdad?

+++ Sí, de verdad de la buena. No porque no diera más de sí, al contrario, pero es que ese punto era la Hidra de Lerna, caray, no paraban de salirle cabezas. Mejor no intentar agotarlo. Y pasar, en su lugar al punto…

9.  Se ponen luces y cosas brillantes por todas partes, hasta que el mundo parece un vídeo de los Queen o un restaurante chino.

Este es mucho más fácil.

Biológicamente, la falta de luz nos deprime. Tiene todo el sentido del mundo, porque la falta de luz coincide, en las latitudes donde el ser humano se desarrolló durante un chorro de milenios, con el invierno. Oh, sí. Lo voy a volver a decir.

Y en invierno hace frío, hay poca comida y los lobos están de particular mala uva. Mucho mejor estar tristón y quedarse en la cueva bajo la manta que andar zascandileando por ahí.

La explicación fisiológica es que la luz estimula la glándula pineal, y esta segrega algunas de esas drogas estupendas y naturales que nos hacen estar dicharacheros y cantarines. Por lo tanto,  si no hay luz, nos da el muermo.

iluminacion-navidena-en-la-avenida-de-la-alameda-en-malaga_9414Por supuesto, nos gusta más estar de buen rollo que hechos una dama de las camelias. Aunque luego nos dé por las poses góticas, la depresión invernal es algo que procuramos evitar. Y, además, si una sociedad tiene los suficientes recursos alimentarios, de abrigo y de protección para mantener a sus miembros en buena forma, estos pueden dedicarse a tareas mucho más provechosas que llorar por la ausencia del sol, metidos en agujeros hediondos,  hasta la primavera. Pueden  invitar a comer a los vecinos, secar pescado, curtir pieles o inventar la cerámica.

Así que procuramos llenarlo todo de luz. Antiguamente, se hacían fogatas y se colocaban elementos de colores vivos o con propiedades reflectantes  que ayudaran a dispersar la luz en vez de absorberla. La gente, que habitualmente iluminaba sus hogares con velas de sebo, braseritos o teas miserables, recibía algo más de luz en sus nervios ópticos y estaba más activa y feliz. La diferencia era notable.

Hoy en día nos da por despilfarrar luz eléctrica de manera irresponsable, aunque disfrutamos de muchísima más iluminación como norma de vida. Pero es que el exceso de luz nos sigue estimulando. Como decía Makodfilu en un comentario anterior, nos anima fundamentalmente a comprar y gastar, porque la gente más optimista consume más como norma general, yel ciclo económico anual ha acabado incorporando la iluminación navideña como elemento del juego.

Como casi todo lo que tocamos los humanos, sin embargo, llenar de luz la oscuridad invernal también ha sido convertido en arte. Pero Gorpik lo cuenta mucho mejor, así que mejor le echáis un vistazo alli.

Antropología Navideña (10)

+++ ¿No hemos tenido villancicos en latín aún? No es posible… Eso hay que corregirlo ahora mismo.

Rowan Manahan dice que este le gusta especialmente.

Rowan también nos regala una anécota navideña de su barrio. Si entendéis inglés, no dejéis de echarle un vistazo.

Y con esto y un bizcocho… No, no se termina la serie, qué va.

Solo se termina el punto 8. ¿Y cuál era ese?

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

Un par de ideas sueltas para acabar, que comprenden mucho de lo expuesto en días anteriores. Entiendo que parte de esta disertación es un tanto confusa, pero es lo que tiene hilar pensamientos deslabazados. Si algún día condenso todo esto en un sólo artículo, prometo estructurarlo mejor :)

Sería fácil preguntarse:

¿Y hace falta realmente todo ese rollo del Espíritu Navideño para que la gente sea un poco más solidaria en invierno?

Si hablamos del espíritu de la Navidad, Charles Dickens y su Cuento de Navidad deben aparecer por algún lado… Imagino que, a estas alturas, todas y todos  conocemos la historia.

scrooge

Mr. Scrooge es un fenómeno literario (tuvo un éxito inmediato) propio de la revolución industrial. Dickens había sufrido en propia piel el resultado de una economía bruscamente virada hacia el capitalismo industrial, con su correspondiente éxodo de la población rural hacia el medio urbano, la necesaria existencia de un cupo de mano de obra en paro estructural, la subsistencia basada únicamente en la posesión de dinero con el que comprar bienes. Fue una víctima directa de  la encarcelación de los acreedores y sus familias y la existencia de niñas y niños solos, sin familia, recursos ni más futuro que la mendicidad o la delincuencia.

Las economías anteriores a la revolución industrial se basaban fundamentalmente en la posesión de la tierra, y giraban en torno al sector primario. Las poblaciones eran fundamentalmente rurales y los círculos sociales eran pequeños.

A los necesitados, los ricos, los generosos y los indiferentes se les podía poner cara y nombre. El comercio y el intercambio de bienes y trabajo eran una cuestión fundamentalmente local. Pero todo eso cambió.

Recapitulemos:

  • Es invierno. Como ya hemos repetido inmisericordemente hasta dormir a las ovejas, hay escasez de recursos.
  • A partir de la revolución industrial, el pobre se convierte en un rostro indefinido, y aparecen los intermediarios organizados de la caridad.
  • Hay que estimular al pudiente a que se rasque el bolsillo y suelte la mosca a una organización, sin el estímulo/molestia de tener un montón de pobres con nombre y apellido haciéndoles la rosca/dándoles el coñazo  en la puerta de sus casas.
  • Si no lo hacen, los menesterosos pueden llegar a un nivel de desesperación que acabe en una revuelta.

Así que, volviendo al Sr Scrooge, en Navidades se estimula poderosamente al acomodado a que:

  1. Llevante un poco el pie del cuello a su asalariado.
  2. Haga un poquitín de redistribución de riqueza. Lo justito para que la maquinaria no se atasque, no se le pide más. Nada de justicia, por dios. Sólo caridad.

Hubiese sido mucho más satisfactorio poder prescindir de todo este peloteo, y establecer mecanismos no ya de caridad, sino de justicia, cooperación y solidaridad de igual a igual. Peeeeeeeeero… no hay suficientes seres humanos peleando por la justicia social.

Si las hordas de personas que critican la beneficencia dedicaran parte de su tiempo y recursos a cambiar sus propias formas de vida y consumo para lograr una sociedad más justa, tal vez la realidad ya sería otra.

Lamentablemente, no conozco un solo caso de alguien que haga una crítica como la que comienzó el análisis de este punto (la del vídeo de Live Aid, recordáis)  que realmente se arremangue y se ponga a hacer algo práctico para ayudar a cambiar la situación. Es más bien toreo de salón.

Y por supuesto que hay personas haciendo las cosas de manera diferente. Pero, normalmente, suelen concentrar sus esfuerzos en mejorar  las condiciones de vida de las personas con peor suerte y las relaciones económicas entre clases sociales, más que en disparar bolas de cinismo a los que hacen caridad.

Al fin y al cabo, si sabes qué cara tiene un pobre porque lo has visto de cerca, prefieres que el pobre tenga un plato de sopa o un abrigo nuevo a que no tenga nada. Tus chascarrillos acerca de los benefactores no les van a calentar el estómago. Ya mantearemos a los sepulcros blanqueados más adelante. Pero de momento…

Hay varios modos de responder a la mala conciencia. Los pudientes, las personas con poder, pueden cambiar su forma de vida y trabajar activamente para que se dé un reparto de la riqueza más justo. O pueden volverse cínicas y reírse de los que dan lo que les sobra, mientras que ellos no dan ni eso, y siguen sin mover ni un dedo.  Pueden ser unos Mr Scrooge que, a toda petición de colaboración para paliar la miseria del invierno de los menesterosos, responden con un ¡Paparruchas!

Creo que este cuadro no sólo se da en la actualidad, sino que Dickens también era consciente de ello en sus días. Sin hacer una llamada a la revolución, que no le hubiera publicado ni el tato y en la que seguramente nunca pensó, sí consiguió impactar las mentalidades de sus lectores y vacunarles contra un exceso de cinismo. Habiendo sido él mismo un niño pobre en las calles de Londres, entendió perfectamente como, mientras llega la Tierra Prometida, todos los Mr Scrooge del mundo deben recibir visitas.

Feliz Navidad

+++ Despacho de Athair y Rapunzell. Athair mira catálogos de cuchillos en Internet (actividad que debe de ser mucho más fascinante de lo que parece) y Rapunzell se come un kiwi, mientras revisa su lista de feeds y comprueba, por tercer día consecutivo, que no actualiza sus blogs ni el tato.

Rapunzell: En Navidades no escribe ni dios en el blog. Creo que soy la única.

Athair: Sí… Pero tú escribes por todos los demás. :P

Rapunzell: …

Y es que eso no lo puedo discutir. Me enrollo como las persianas. Mi serie de Antropología Navideña, en origen, estaba pensada para extenderse una o dos entradas. Voy por la novena, y me temo que no he conseguido mantenerlas en una longitud reducida, sigh…

Pero tengo una justificación para ello. ME LO PASO PIPA. Me chifla darle vueltas al tarro, buscar explicaciones a lo ¿obvio? , leer vuestros comentarios y estar de acuerdo o en desacuerdo con ellos (ambas cosas me hacen pensar más todavía, y el placer es mayor). No sé por qué a veces veo que se identifica la reflexión con el sufrimiento o la ansiedad. A mí me produce las emociones contrarias.

Un blog es como un afilador para las uñas....

Un blog es como un afilador para las uñas....

Abrir un blog ha sido una de las grandes ideas de mi vida. Siempre le agradeceré a dilettante haber sido el pionero en esto de las bitácoras, y que me descubriera el invento. El blog ha mantenido en un razonable estado de salud mi escritura, y así he podido redactar con cierta facilidad  cuando ha llegado el momento de hacerlo seriamente.

Porque, señoras y señores, ayer Rapunzell recogió los cinco ejemplares de su primer negro sobre blanco profesional. Una colaboración de cinco páginas en un libro sobre actividades educativas… Nada para tirar cohetes, pero ahí estaba mi nombre impreso. Y estas vacaciones , el segundo libro (y ese lo haré entero yo solita) experimentará un avance en su gestación muy importante. Ayer me reuní con los coordinadores de la colección, y les encantó todo lo que les conté… incluso más de lo que pensaban en un principio.

Pero a lo que quiero llegar es a lo siguiente.

Feliz Nochebuena. Feliz Navidad. Me importa un rábano que no seáis religiosos. Yo tampoco lo soy, y pienso disfrutar de las Navidades como si tuviera 5 años otra vez.

Y, si sois religiosos, felices fiestas también. Al fin y al cabo, para los cristianos esta es una celebración de particular buen rollo, así que confío en que estéis doblemente contentos.

christmasguitar1A los que estáis atravesando un mal momento, echadle un vistazo a mis entradas del año pasado por estas fechas, y comparad. Todo pasa. Todo se arregla. Ánimo, camaradas.

Y si me caéis como una patada en los dientes y pienso no se perdería gran cosa si os atropellara un camión… Felices fiestas también.  Si estáis contentos y con la boca llena de polvorones,  no esparciréis ponzoña y no le joderéis el día a nadie. (Sí, George, eso te incluye a ti también. Aunque reconozco que tengo ciertas esperanzas puestas en las galletas de jenjibre…)

Para todas y todos, plagiando descaradamente a Patomas…

¡Felicidad!

Antropología Navideña (9)

+++ Esto no es un villancico, pero está tan en consonancia con el tema que no puedo dejar pasar la oportunidad. Tracy Chapman y su Talking ’bout a revolution.

La letra, muy inspiradora, aquí.

Siente un pobre a su mesa… o mejor, déle algo y que se lo coma en el corral

Continúo con la  verborrea reflexión cosa acerca de…

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

c) LO BASTANTE MENOS OBVIO

Anteriormente he hablado de por qué creo que el Espíritu Navideño es una ventaja cultural de cara a la familia y las relaciones cercanas. No sólo crea un buen ambiente para la redistribución de bienes, sino que establece una fecha señalada para la reconciliación.

Pero otra parte del Espíritu Navideño está relacionada con el vídeo de Live Aid de la entrada anterior. En Navidades, se exalta la generosidad del espíritu y se promueven diversas obras caritativas hacia un prójimo genérico e indeterminado. No es la única época del año en que ocurre, pero siempre ocurre en esta época del año :)

Lo sorprendente es que la misma sociedad que permite que existan desigualdades sociales extremas, que justifica la miseria, decadencia y muerte de los desfavorecidos, que fomenta la admiración y la exaltación de las grandes fortunas y sus fenómenos asociados… también fomenta la caridad. ¿No es esto contraproducente?

socialdarwinism

¿No deberían el capitalismo y el darwinismo social (perversión de las teorías de Darwin en la que muchos siguen creyendo, cosa que ya desesperaba al pobre  Darwin en sus tiempos) llevar al extremo su propia ideología y permitir que las clases menos favorecidas perecieran?

Este punto de vista, que puede parecernos chocante, ya lo utilizó de manera satírica Jonathan Swift en 1729 para denunciar la situación de las clases sociales inferiores en Irlanda. Puede parecernos una atrocidad, pero se trata de simple falta de costumbre. Tenemos perfectamente integrada la existencia de la guerra y la pena de muerte, y aunque nos parezcan peores o mejores según nuestra ideología, nadie se cae de la silla al saber de un nuevo caso.

Tampoco me sirve el argumento de “el Nuevo Testamento dice que debes amar a los pobres” o “ya la Declaración de Independencia de los Estados Unidos decía que todos los hombres tienen derecho a…”.  Aclaré en su momento que parto de una base materialista. Las creencias religiosas o sociales que perviven , en general, lo hacen porque permiten sostener el sistema económico. Ninguna fe o ideología puede realmente marcar una diferencia si no realiza una intervención paralela en el sistema de producción. Vamos, el clásico “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Entonces, si ni las creencias religiosas de la superficie ni la ideología feudal o capitalistade base  proporcionan una justificación a la existencia de la caridad….

¿Para que sirve la caridad? ¿Por qué está ahí? ¿Por qué no permitimos que a los pobres se los terminen de comer las ratas?

Mi tesis, nada original por otra parte, es que la caridad y la beneficencia son una imprescincible válvula de control del sistema.

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Para los que reciben, la caridad supone la posibilidad de sobrevivir, aunque sea al precio de consumir productos de desecho y ver su estatus reducido al mínimo (recordemos que en las relaciones de caridad, lo entregado viaja de “arriba” a “abajo” y se trata de productos sobrantes. No es una relación recíproca ni entre iguales).

¿Y los que dan? ¿Qué ventaja obtienen?

Pues obtienen la perpetuación de una situación que les permite estar arriba, en condiciones de dar, mientras los otros siguen abajo, en condiciones de sólo recibir. Porque, sin la válvula de escape de la caridad, los socioeconómicamente débiles pueden caer en la desesperación. Y la gente desesperada es muy peligrosa, porque le da todo igual. Lo mismo, importándoles un rábano su seguridad personal, te asaltan la mansión, te violan a los hijos (y a ti), te queman el artesonado, te roban la plata y las gallinas… y no sé, hasta te abren en canal. Que los pobres, bastorros  ya de por sí, enrabietados son lo peor.

(Esto no es sólo mi teoría del pato. Sin ir más lejos, parte del modus operandi de grupos como Sendero Luminoso es cargarse las organizaciones comunitarias que alivian un poco la situación de las barriadas más miserables de Lima, en la creencia de que estas estructuras pailativas sólo están retrasando la revolución.)

Por supuesto, puedes tener gente armada hasta los dientes a tu servicio. Pero un poco de política preventiva tampoco está mal. Así que, aparte de extender la especie de que Dios ha hecho rico al rico porque se lo merece (de lo cual nuestra actual monarquía “por la gracia de dios” no es sino una versión light) y porque es más apto para tener la sartén por el mango, se establece la costumbre de que distribuyan una ínfima parte de sus excedentes entre los menos afortunados. Y así se consigue que tengan algo que perder si se rebelan.

Y este epígrafe sigue sin estar exprimido del todo. Mañana, más.

Antropología navideña (8)

+++ Seguro que os sorprende que haya pasado tanto tiempo. Este vídeo va a cumplir 25 años:

Paul Young estaba vivo y era joven, Boy George… Bueno, la gente sabía quién era Boy George, y que cantaba en un grupo.  Bono tenía cara de jovenzuelo irlandés, Sting ya era terriblemente sexy, los Spandau Ballet y los Duran Duran se llevaban a las nenas de calle, los Status Quo ya habían firmado su pacto con el diablo… Qué potito.

Me gusta ver ese vídeo. Mucha de la gente que salía ahí tenía una imagen pública habitual de estirados, ochenteros con pelos cardados y la raya del ojo más negra que el alma de Reagan, pómulos salientes y cara de velocidad… y sin embargo parecen gente relajada y amigable mientras cantan esa solidaria canción, que pretende llevar la Navidad  allí donde no ha llegado aún…

(No es el caso de Bob Geldof, que muestra el aspecto de haberse levantado con resaca para ir a la cola del paro, o sea, la pinta de siempre)

Todos estos solidarios cantantes han accedido a abandonar sus mansiones y sus coches de lujo por un día, a despreocuparse por un rato de si sus millones crecen o decrecen y han ido a juntarse junto al micrófono por una buena causa. Algún dinero irá a parar a los niños pobres de África, y a cambio ellos sólo tendrán que soportar el ser tachados de solidarios, comprometidos y sensibles, y vender más ejemplares de sus propios discos gracias a la publicidad gratuita. Qué buenas personas…

+++++++

¿Habéis visto qué fácil es?

Acabo de hacer una mordaz e ingeniosa (entiéndase ingeniosa en el sentido “mi mamá dice que escribo muy bien y mi novio dice que tengo mucha gracia”) sátira acerca de estos individuos que salen cantando en el vídeo de Band Aid. He expuesto las contradicciones entre su pretendida caridad y su forma de vida habitual, he resaltado la incoherencia entre ser una estrella del rock, vendida al capital y al star system, y ser solidario. He dejado caer el hecho de que, de los discos benéficos, sólo una parte llega a los supuestos destinatarios.

Si llego a escribir esto 25 años antes, tal vez hubiera conseguido que unas cuantas personas hubieran dejado de comprar el disco. Por supuesto, acompañando a mi crítica no hay una sola inciativa práctica para encontrar un modo de ayudar a las personas que más lo necesitan, en África o en el Ártico, donde sea.

Lo cuál no quiere decir que lo que he dicho sea exactamente  falso. Complicado ¿verdad?

La beneficencia, la caridad y la cooperación son siempre controvertidas. No es el único fenómeno asociado al espíritu navideño, pero es uno de los más importantes.

Pero, para que esto no se alargue demasiado, continuaremos mañana.

La Embajadora Troy nos dejó

+++ Majel Barrett-Roddenberry, actriz, colaboradora y esposa de Gene Roddenberry, le puso voz de la computadora en Star Trek, La Nueva Generación, Espacio Profundo 9 y Voyager. Interpretó a la enfermera Chapel en la serie original, a la segunda de a bordo en el episodio piloto que no llegó a emitirse y, sobre todo, encarnó a la inolvidable Embajadora Lwaxana Troi, madre de Deanna Troy.

Como curiosidad, quienes utilizaráis determinada interfaz en el IRC, también escuchábais su voz cada vez que un archivo terminaba de descargarse.

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Murió este pasado 18 de diciembre, debido a la leucemia que padecía. Catorce días antes había conseguido terminar de grabar la voz de la computadora de Star Trek XI, que se estrenará en Mayo del 2009.

Después del propio  Gene Roddenberry, esta mujer era quizás la presencia más constante en la franquicia.

(Edición: me corrijo a mí misma, era LA presencia más constante. Gene murió durante la emisión y rodaje de La Nueva Generación. Aunque su nombre siga apareciendo en los créditos, Majel es sin duda la figura de continuidad.)

Como decía un compañero de una lista de correo, deberemos irnos acostumbrando a la idea de las viejas generaciones de tripulantes y pasajeros del Enterprise irán dejándonos poco a poco.

Pero es triste.

Yo compartía con Majel Barrett-Roddenberry la fecha del cumpleaños y la fascinación y el amor por Star Trek.  Criterios tal vez estrambóticos para tenerle cariño a una desconocida, pero suficientes para mí.

Descanse en paz.

Antropología Navideña (7)

+++ A petición de Imperator, la versión de Carol of the Bells interpretada por Metallica y la Transiberian Orchestra. El vídeo es una asco, pero la música no :)

Venga, no seas así. Que es Navidad…

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

Este es el punto que encuentro más complicado abordar, ya que en mi mapa mental muestra tal cantidad de flechas de entrada y salida que corre el peligro de resultar demasiado confuso.

Así que voy a dividirlo en unos cuantos epígrafes.

a) LO OBVIO.

feliz-navidad-gallina-pavoSi hemos establecido la costumbre de reunirnos para compartir la comida e intercambiar regalos, es necesario que el ambiente permita llevar estas dos actividades a cabo con éxito. Si vamos a acabar arrojándole el pollo a la cabeza al suegro, negándole la sal a la abuela, pegando al niño y regañando con el esposo… Pues como que el planeado intercambio de bienes y servicios recíproco y no comercial puede quedar hecho un churro.

Asímismo, si la idea de ver a la familia y  a los vecinos me produce urticaria y agobio, quizás prefiera negar la mayor y pasar de reunirme. Mejor me aguanto mi hambre y prescindo de los regalos (o por el contrario, tiro la carne de oveja que sobra a la basura y me quedo mis regalos para mí) antes que exponerme a semejente suplicio…

A la gente le gusta reunirse y dar y recibir recíprocamente. Pero sólo con personas con las que está a gusto. Una llamada al Espíritu Navideño que implique  “pelillos a la mar”, tiene dos consecuencas inmediatas:

- Nosotros vamos a tender a tener la fiesta en paz y no liarla.

- Tenemos la razonable seguridad de que los demás tenderán a su vez a tener la fiesta en paz y no nos la van a liar.

¿Y por qué esta llamada a la paz familiar se hace sólo en Navidad? Porque es la época en la que necesitamos reunirnos y compartir nuestros recursos escasos, como ya hemos expuesto antes. Si esa exaltación de la concordia se hiciera en toda época del año, perdería efectividad. De hecho, se hace, pero con mucha menos intensidad. La subida de volumen  se reserva para los meses de alto riesgo.

Quizás alguien se pregunte: ¿Y por qué yo, que no tengo recursos escasos sino todo lo contrario, que puedo sobrevivir perfectamente al invierno y que no necesito de la solidaridad de mi familia y vecinos, tengo que meterme en este jaleo del buen rollo y aguantar mirarle el jeto a  gente que no me apetece ver?

Porque los condicionantes culturales basados en principios irracionales no pueden ser selectivos. La cultura expande ese sentimiento de buenrollismo navideño a todos sus individuos, y espera que los que lo necesiten sean beneficiados. Los que no lo necesitan este invierno no salen perjudicados tampoco, al contrario. Fortalecer sus redes sociales manteniendo el contacto, a pesar de sus posibles rencillas esporádicas, los protegerá en caso de un futuro desastre.

Evidente, que diría mi sacerdotisa elfa del Wow.

b) LO UN POCO MENOS OBVIO.

Ya me gustaría a mí conocer mejor los fundamentos religiosos de otras culturas. Son una fuente de información por comparación valiosísima.

gato-perroTomemos, por ejemplo, el año de remisión de los judíos. Una vez cada siete años, los hebreos debían (ignoro cómo han compatibilizado esto con la legislación financiera moderna) perdonar todas las deudas a sus acreedores de la comunidad (a los forasteros no era necesario). Igualmente, en el día de Yom Kipur un buen judío reflexiona acerca de sus faltas propias, pero también es la fecha señalada para perdonar, si lo desea, las faltas cometidas contra él.

El Espíritu Navideño cristiano invita también a cancelar las deudas, aunque en nuestra cultura cristiana se centre en la morales y no en las económicas.

Una cena familiar o vecinal en la que los asistentes se encuentren en el estado mental correcto favorece la reconciliación, elimina las fracturas y fortalece las relaciones. Pero, para qué funcione, todo el mundo debe llevar la actitud correcta, de perdonar y ser perdonado,  A LA VEZ.  Y esa es la utilidad de los días señalados.

Los lazos entre los humanos, la confianza y la sensación de pertenencia al grupo no se fabrican de un día para otro. El cinismo, en dosis excesivas, puede comprometer la supervivencia ante una futua calamidad.

Imagino que no es necesario explicar por qué las comunidades unidas por lazos más fuertes sobreviven mejor a las calamidades ¿verdad?

(Continuará en la siguiente entrada de la serie.  Probablemente, el lunes próximo.)