Antropología Navideña (6)

+++ Hoy no podía acompañar esta entrada nadie sino…Él.

Esta historia ilustra como pocas la santidad e infinita paciencia de San José y la Virgen María, quienes después de dar vueltas por el pueblo como tontos sin encontrar posada, de un parto en condiciones paupérrimas y un montón de visitas a deshora, se encontraron un chavalín aporreando un tambor delante de la cuna... y no se lo encajaron a modo de sombrero en la cabeza.

En cuanto al Santo Niño, evidentemente sonreía porque quería congraciarse con el pastor y que le prestara el tambor. Y porque estaba bastante seguro de que no lo estaban criando los lobos.

Y a ti los Reyes Magos… ¿ qué te van a echar, corazón?

7.  Se hacen regalos. Y se reciben regalos. Parte los hacemos nosotros, parte las criaturas mitológicas (o no, según tus creencias) locales como San Nicolás, la Befana, el Niño Jesús, el Olentzero o los Reyes Magos.

(Tengo un sueño tremendo, esto va a quedar un poquitín más inconexo de lo normal. Buena suerte).

Cuando tocamos el tema de las comilonas, hablamos de la redistribución de riqueza por medios no comerciales.

Eso también sirve para la costumbre de hacer presentes. Las fechas señaladas sirven para estimular el acto de regalar. Si todo el mundo se pone de acuerdo, es más fácil que todos den y reciban regalos. Y los bienes y servicios reciben un saludable empujoncillo.

En sus inicios es probable que se tratara de sacrificar algo a un árbol, o a un tótem, o a la madre de Espinete. Como sucedía también con los sacrificios de comida, generalmente la deidad en cuestión se conformaba con ver y oler, y el producto en sí… caray, no lo ibas a tirar. Así que se repartía o consumía.

Incluso si ese no es el origen, lo cierto es que la costumbre de hacer regalos en época de escasez es una buena idea. Regalamos lo que nos sobra, pero que puede venir bien a otras personas.

Eso no quiere decir que lo que se regala sea de mala calidad, al contrario. precisamente, en nuestra cultura una de las grandes diferencias entre caridad y hacer regalos es que lo donado en el primer caso puede ser viejo, producto de deshecho, mientras que en el segundo caso debe estar nuevo o parecerlo.

mban1089lY esto es muy razonable. No esperamos recibir caridad el año que viene, pero sí esperamos recibir regalos. Así que procuramos mantener el listón en un nivel decente. Como ocurre con el caso de la comida, si alguien se obstina en recibir regalos pero no hacerlos a su vez, o estos son de mala calidad, acabará quedando fuera del círculo de presentes. Es un comportamiento en el que la reciprocidad es ley.

Y es beneficiosa para todos. Si yo fabrico formones, me cuesta quizás tres horas de trabajo hacerte uno. Pero a ti te costaría el equivalente de 8 horas de trabajo conseguir el dinero para comprarlo a un mercader. A su vez, tú tienes un telar, y sabes fabricar paño. En una mañana fabricas el paño que a mí me cuesta tres días de trabajo poder comprar.

Los regalos se saltaban la economía de mercado, podían hacerse de manera personalizada y podían aliviar necesidades concretas. Recordemos (una vez más) que en invierno esas necesidades se agudizaban. La gente caía enferma. Necesitaba ropa de abrigo, estaba más triste y deprimida…

Cuando se introdujo la economía de mercado de manera generalizada, la redistribución de riqueza continuó existiendo, sólo que ahora también entraban en la ronda los intermediarios. Como seguía siendo funcional, pues adelante.

La razón por la que una costumbre prospera no es igual al mecanismo que la hace pervivir.  La costumbre de hacer regalos se mantiene, como tantas, por presión social. Si regalas algo cutre, se te mira mal. Si persistes en no regalar nada pero sí en recibir, se te mira mal. Se te tacha de pobretón, de roñica. Pierdes estatus. A su vez, el comportamiento contrario te proporciona estatus ante la comunidad.

O, mejor dicho: la comunidad estimula con estatus a los pudientes para que se rasquen el bolsillo y regalen. Agradecemos su generosidad y les decimos lo estupendos que son sus regalos, al ilusión que nos han hecho… aunque nos parezcan horribles..

Es de mala educación decir que el regalo no nos ha gustado. ¿Por qué? O mejor dicho ¿para qué? Para que la rueda siga, y no haya respuestas desalentadoras.

Por supuesto, entran en juego también otros sentimientos. Regalar algo a alguien a quien quieres es agradable. Es satisfactorio, gracias a nuestra capacidad empática, ver la satisfacción de otros. Pero esa puede ser (o no) la razón INDIVIDUAL por la que se hacen regalos. La colectiva, la social, es otra.

Y a menudo somos sensibles a ella. No creo ser la única que ha oído a otr@s quejarse de que les agobia tener que ir a comprar regalos, que luego la gente nunca está contenta, que vaya lata…

En esos casos, esas personas son muy conscientes de que están respondiendo a la presión social  para que redistribuyan, y no a un deseo interno. Nunca he oído decir eso a los padres que preparan los regalos sorpresa de sus vástagos, porque el sentimiento es distinto. Y porque los niños (si están bien educados) no presionan. Los adultos sí :)

¿A quiénes?

A las personas demasiado jóvenes o viejas para tener ingresos no se les insiste para que regalen cosas valiosas. Aplaudimos el dibujo que ha hecho el niño en el cole o el pañito bordado de la tía abuela (pobre, con la mierda de pensión que tiene…) con igual candor. Sólo se presiona a los adultos productores.

No tengo una explicación para el hecho de que los regalos a l@s niñ@ sean entregados por criaturas mitológicas. Pero tiene que haberla. El fenómeno se repite en toda Europa, aunque con variantes… ¿A alguien se le ocurre algo?

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EDICIÓN: Como esta cuestión me tenía intrigada, la he formulado en una lista de correo sobre escepticismo a la que estoy suscrita.

Las respuestas han sido muy interesantes, y extraigo de ellas el par de posibilidades que me parecen más plausibles. Evidentemente, están agrupadas, resumidas y formuladas según mi propio criterio:

a) Se delega el castigo y la recompensa en un tercer agente externo, de manera que la presión directa de los niños sobre los padres disminuye. Es cierto que en la sociedad en la que yo vivo, los niños bien educados no ejercen una presión que no se pueda sobrellevar bien. Pero en sociedades con grandes desigualdades, explicarle a tu hijo por qué el no podía comer más que harina y agua en Navidad mientras que el hijo del señor se ponía las botas quizás fuera traumático.

b) Se introduce el concepto del castigo o recompensa futuros por parte de un agente superior sobrenatural. Crear en niñas y niños la idea de una recompensa futura en el paraíso tras la muerte, o de un castigo igualmente duradero en el infierno, es muy complicado. Parte de la educación de los niños consiste en enseñarles a posponer sus deseos inmediatos para lograr recompensas futuras (“si hoy no vas a jugar a la pelota y te quedas estudiando, dentro de dos meses sacarás buenas notas”). Esto es harto difícil con recompensas materiales, y mucho más con las inmateriales.

Los proveedores mágicos de regalos podrían ser una forma de transición desde una infancia incapaz de creer en una recompensa en el más allá de manera efectiva hacia una religión basada en la recompensa tras la muerte. Comenzamos con el “sé bueno ahora, y en Navidad tendrás tu recompensa” como forma de llegar a “sé bueno ahora, y el Señor te recompensará cuando estés muerto”.

Aunque suena bien, esta última teoría no es redonda ni mucho menos. Explica bastante bien por qué existen divinidades menores infantiles en la Europa cristiana, pero no explica por qué otras religiones, como el Islam, que también prometen recompensas en la otra vida, no necesitan algo parecido. (Los judíos no hacen tanto hincapié en la vida tras la muerte; eso es una aportación en la línea de evolución de la religión judeo-cristiana que aparece sobre todo a partir de San Pablo.)

Si conociera más sobre las sociedades calvinistas o sobre otras religiones y sus sistemas de recompensas, podría hacer un análisis mejor. (Desgraciadamente, no es el caso. He ahí mi limitación. Si alguien está dispuesto a hacermne de mecenas para que pueda volver a la universidad, puede contactar conmigo a través de este blog. :P )

c) Zanahoria (Proveedores mágicos) y Palo (Hombre del saco) como metáforas educativas para tratar con niños pequeños a los que explicarles las cosas racionalmente es complicado. Y que pueden contribuir a desarrollar su imaginación (que es una buena herramienta para la supervivencia, aunque en el caso de los panteones mágicos tengo mis dudas de que sea positivo a medio plazo) y su capacidad de pensar en el futuro.

Como veis, sigue siendo un tema de lo más abierto. Todas las colaboraciones serán bienvenidas :)

11 comentarios para “Antropología Navideña (6)”

  1. Gorpik Dice:

    El párrafo en que hablas del estímulo a los pudientes me recuerda una ocasión en que estuvimos tocando en una cena que se organizó en cierta ciudad española (no era Zaragoza) como homenaje al presidente de su equipo de fútbol. Esto ocurrió en la época en que casi todos los clubes se convirtieron en sociedades anónimas. En realidad, lo que se pretendía con la cena era halagar al tipo para que comprara las acciones del club y evitar así su desaparición.

    Por otro lado, creo que la costumbre de hacer regalos se mantiene también porque nos gusta regalar cosas y que el receptor del regalo las aprecie. Supongo que halaga nuestra vanidad. ¿Quién no conoce a alguna persona de éstas que cambian todos los regalos que reciben? ¿Y acaso no es un asco regalarles cosas? Por lo menos a mí me parece una manía muy desagradable. No sólo con mis regalos, tampoco me gusta ver que alguien cambia un regalo que le ha hecho otra persona (salvo casos obvios de talla errónea o regalo repetido), pero tal vez sea por proyección hacia mí mismo.

  2. Fantine Dice:

    Coincido con el maño en que no soporto a los que nunca están contentos con lo que se les regala. Es más, por mucho que me horrorice algo que me hayan regalado siempre lo guardo, porque soy consciente de que en la mayoría de los casos el regalo se ha hecho con cariño, y no tenemos por qué tener todos los mismos gustos.

    Pero eso lo debo haber aprendido de mi madre, que tiene la casa llena de figuras de porcelana horrorosas regaladas con el mayor de los cariños por alumnos a lo largo de sus años de profe ;)

  3. Tiberio Dice:

    Sobre la circulación de regalos en sociedades primitivas, existen algunos temas bastante interesantes.

    El regalo precede al comercio. O es, podemos verlo así, una forma primitiva de comercio. Los “caciques” realizan sus regalos a otros “caciques”, objetos que muchas veces sólo tienen como función práctica la de ser regalados. Estos regalos luego pueden ser entregados a otros “caciques” y, de esta forma, un objeto puede llegar a viajar miles de kilómetros. Este fenómeno está bastante estudiado entre las tribus del área del Pacífico. Y entre los neanderthales del noroeste peninsular se han encontrado objetos de silex probablemente originarios de Francia. Es probable que este silex haya viajado de una forma semejante.

    Existe un libro maravilloso que se llama “El Mundo de Odiseo” y que habla de esto (entre otras cosas) basándose en la lectura de la Illiada y la Odisea. Sobretodo en la Illiada (libro más antiguo) se ven innumerables ejemplos de estos regalos entre élites que forman una especie de comercio primitivo.

    Estas prácticas sólo las conocemos entre las élites, pero seguramente se extendieron, en algún momento, al resto de la población.

    El comercio tal y como se desarrolló después redujo estas prácticas al dejar de ser tan necesarias, pero no las eliminó. Probablemente porque el regalo sigue manteniendo una importante función a la hora de cohesionar a una comunidad (o a comunidades vecinas). En este sentido habría que ponerlo al mismo nivel que las fiestas de verano de las que hablábamos el otro día.

  4. Tiberio Dice:

    (Me olvidé d eponer esto en el anterior comentario)

    Buena la has hecho, Rap. Ahora me paso cada mañana esperando a ver tu actualización del día :D

  5. Ibn Sina Dice:

    Hasta donde yo sé, desde tiempos de Muhammad (ignoro si había antes algún tipo de tradición de intercambio de regalos, mezclada o no con algún agente mitológico) los niños y niñas de padres musulmanes saben perfectamente que quienes les regalan cosas son sus padres y familiares. De la misma forma, no parece haber ninguna necesidad ni ninguna tradición de creencia en nadie (léase Santa Claus, los Reyes Magos, Belfara o San Nicolás) que traiga regalos a casa.
    Muy a grandes rasgos, parece ser que la cosa funciona así: si tu has sido bueno/a, y tus padres son buenos y pueden permitírselo, te regalarán cosas. Y si no, nada. Las dos grandes ocasiones en que se regalan cosas son el festival que termina el Ramadán, y el festival del Cordero, con el que concluye el mes de la peregrinación.

  6. Rapunzell Dice:

    Caray, Tiberio, qué responsabilidad :)

    Gracias, Ibn Sina, por la información. El Islam, a pesar de estar tan cerca, es algo que desconozco aún mucho más de lo que me gustaría. Es bueno tener un erudito cerca :)

  7. Deirdre Dice:

    Hablando de lo de las criaturas mitológicas que regalan juguetes a los niños aquí en Cataluña tienen un tronco que los niños le dan palos y caga los regalos. No recuerdo su nombre, pero sin duda es curioso.

  8. Tiberio Dice:

    Lo dicho por Ibn Sina me ha hecho pensar, que a lo mejor estamos cometiendo un error fundamental en este tema (bueno, más bien lo estaría cometiendo yo porque Rapunzell lleva varios artículos advirtiendo esa posibilidad :) )

    Y es que al centrarnos en Europa, que es lo que mejor conocemos, estamos considerando que Erupa es un muestrario suficientemente grande pueblos y costumbres… Pero en realidad no es así, no sólo porque son pueblos que siempre han tenido muchas relaciones culturales unos con otros, también es que son pueblos mayoritariamente indoeuropeos… ¿No es posible que hayan pervivido costumbres indoeuropeas? si lo han hecho, evidentemente ha sido porque no eran una molestia, pero a lo mejor sólo lo han hecho por ello y no por ser una ventaja.

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