+++ Esto no es un villancico, pero está tan en consonancia con el tema que no puedo dejar pasar la oportunidad. Tracy Chapman y su Talking ’bout a revolution.
La letra, muy inspiradora, aquí.
Siente un pobre a su mesa… o mejor, déle algo y que se lo coma en el corral
Continúo con la verborrea reflexión cosa acerca de…
8. Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en Navidad, y hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.
c) LO BASTANTE MENOS OBVIO
Anteriormente he hablado de por qué creo que el Espíritu Navideño es una ventaja cultural de cara a la familia y las relaciones cercanas. No sólo crea un buen ambiente para la redistribución de bienes, sino que establece una fecha señalada para la reconciliación.
Pero otra parte del Espíritu Navideño está relacionada con el vídeo de Live Aid de la entrada anterior. En Navidades, se exalta la generosidad del espíritu y se promueven diversas obras caritativas hacia un prójimo genérico e indeterminado. No es la única época del año en que ocurre, pero siempre ocurre en esta época del año
Lo sorprendente es que la misma sociedad que permite que existan desigualdades sociales extremas, que justifica la miseria, decadencia y muerte de los desfavorecidos, que fomenta la admiración y la exaltación de las grandes fortunas y sus fenómenos asociados… también fomenta la caridad. ¿No es esto contraproducente?
¿No deberían el capitalismo y el darwinismo social (perversión de las teorías de Darwin en la que muchos siguen creyendo, cosa que ya desesperaba al pobre Darwin en sus tiempos) llevar al extremo su propia ideología y permitir que las clases menos favorecidas perecieran?
Este punto de vista, que puede parecernos chocante, ya lo utilizó de manera satírica Jonathan Swift en 1729 para denunciar la situación de las clases sociales inferiores en Irlanda. Puede parecernos una atrocidad, pero se trata de simple falta de costumbre. Tenemos perfectamente integrada la existencia de la guerra y la pena de muerte, y aunque nos parezcan peores o mejores según nuestra ideología, nadie se cae de la silla al saber de un nuevo caso.
Tampoco me sirve el argumento de “el Nuevo Testamento dice que debes amar a los pobres” o “ya la Declaración de Independencia de los Estados Unidos decía que todos los hombres tienen derecho a…”. Aclaré en su momento que parto de una base materialista. Las creencias religiosas o sociales que perviven , en general, lo hacen porque permiten sostener el sistema económico. Ninguna fe o ideología puede realmente marcar una diferencia si no realiza una intervención paralela en el sistema de producción. Vamos, el clásico “a Dios rogando y con el mazo dando”.
Entonces, si ni las creencias religiosas de la superficie ni la ideología feudal o capitalistade base proporcionan una justificación a la existencia de la caridad….
¿Para que sirve la caridad? ¿Por qué está ahí? ¿Por qué no permitimos que a los pobres se los terminen de comer las ratas?
Mi tesis, nada original por otra parte, es que la caridad y la beneficencia son una imprescincible válvula de control del sistema.

Para los que reciben, la caridad supone la posibilidad de sobrevivir, aunque sea al precio de consumir productos de desecho y ver su estatus reducido al mínimo (recordemos que en las relaciones de caridad, lo entregado viaja de “arriba” a “abajo” y se trata de productos sobrantes. No es una relación recíproca ni entre iguales).
¿Y los que dan? ¿Qué ventaja obtienen?
Pues obtienen la perpetuación de una situación que les permite estar arriba, en condiciones de dar, mientras los otros siguen abajo, en condiciones de sólo recibir. Porque, sin la válvula de escape de la caridad, los socioeconómicamente débiles pueden caer en la desesperación. Y la gente desesperada es muy peligrosa, porque le da todo igual. Lo mismo, importándoles un rábano su seguridad personal, te asaltan la mansión, te violan a los hijos (y a ti), te queman el artesonado, te roban la plata y las gallinas… y no sé, hasta te abren en canal. Que los pobres, bastorros ya de por sí, enrabietados son lo peor.
(Esto no es sólo mi teoría del pato. Sin ir más lejos, parte del modus operandi de grupos como Sendero Luminoso es cargarse las organizaciones comunitarias que alivian un poco la situación de las barriadas más miserables de Lima, en la creencia de que estas estructuras pailativas sólo están retrasando la revolución.)
Por supuesto, puedes tener gente armada hasta los dientes a tu servicio. Pero un poco de política preventiva tampoco está mal. Así que, aparte de extender la especie de que Dios ha hecho rico al rico porque se lo merece (de lo cual nuestra actual monarquía “por la gracia de dios” no es sino una versión light) y porque es más apto para tener la sartén por el mango, se establece la costumbre de que distribuyan una ínfima parte de sus excedentes entre los menos afortunados. Y así se consigue que tengan algo que perder si se rebelan.
Y este epígrafe sigue sin estar exprimido del todo. Mañana, más.

Diciembre 23, 2008 a las 9:08 pm
No es solamente eso, con lo que estoy 100% de acuerdo.
Es que cada vez es más complicado timar a los de abajo para que asuman su condición como inexorable.
Y no nos engañemos, Sendero quiere la revolución para ponerse en el machito. Otros como ETA, en una cruzada imposible pero que al menos garantiza a una serie de ganapanes un “oficio”.
¿Por qué no hay una revolución? Por que hace falta dinero para llevarla a cabo, simplemente. La gente enfebrecida con ojos llenos de sangre podían ser preocupantes en la edad media, pero ahora son pasto de las armas. Hace falta mucho dinero para mantener una panda de salteadores de caminos como ETA, imagínate para llevar a cabo una revolución.
Y por cierto,¿una revolución para qué? ¿Para igualar a todos por abajo?
Diciembre 23, 2008 a las 11:35 pm
Ojo, que yo no estoy justificando, ni muchísimo menos, la actuación de Sendero. Y tampoco tengo ninguna clase de inocente esperanza acerca de las donámicas y objetivos que persiguen. Sólo pretendía resaltar que este argumento, el de la “desesperanza extrema ” como acicate para la revuelta, no me lo he inventado yo.
Tampoco estoy aquí defendiendo la necesidad de una revolución, cosa que porbablemente podría hacer en otro post. Pero no es el objetivo. El objetivo es intentar entender el fenómeno de la beneficencia, tan dif´cil de intergrar con os principios de la economía de mercado , etc.
La gene enfebrecida sigue siendo preocupante, Capi. ¿te acuerdas de los yonkis de Vallecas en los ochenta? Si no se hubieran dedicado a dar palos en los bancos, tirones de bolso en las calles y pinchazos a la salida del metro ¿crees que alguien se hubiera gastado un duro en programas de reahbilitación o reinserción?
El problema es que quien limpia nuestra basura por un sueldo demasaido bajo puede tener la llave de nuestra casa. Es un delicado equilibrio el conseguir que la gente no se enrrabiete. Y la asistencia social paliativa (que no crea cambios profundos en las causas, sólo receta calmantes sociales) mantiene a las hordas tranquilas. Aunque de vez en cuando, además de zanahorias, les toque recibir palos, claro.
Pero no demasiados, No pueden extinguirse. Son la base del sistema. No puede haber ricos sin pobres.
Diciembre 26, 2008 a las 1:42 pm
En realidad no era un argumentario contradiciendo al tuyo,era una serie de pensamientos deslabazados lanzados al aire, con una única linea base común: Que los de arriba, o los de abajo, son cinrcunstanciales, y que son capas casi aislantes, pero cuando uno logra pasar de abajo o arriba, o le expulsan del paraíso, se comporta exactamente igual que la capa en la que termina.
Que la función crea al órgano, vaya. Y ya verás que majos van a ser los liberadores de Guinea Conakry, por ejemplo…
Diciembre 26, 2008 a las 3:17 pm
Y no digo que no sean argumentos razonables. Pero es que la línea de pensamiento a la que puede conducir me parece una pena. Me refiero (y no digo que sea algo que tú defiendes, ojo) al “si es que mejor que estamos ahora no podemos estar…”.
Lo de Guinea no es una revolución, es una lucha de señores feudales. Mi madre me explicó cuando era pequeña que las revoluciones que se gestan en las clases bajas no revolucionan nada. Porque, al final, es un quítate tú pa ponerme yo.
Las revoluciones que han significado cambios, como la francesa y la bolchevique, estaban capitaneadas por la burguesía, que si tiene educación y base ideológica para intentar algo distinto.