Antropología Navideña (10)

+++ ¿No hemos tenido villancicos en latín aún? No es posible… Eso hay que corregirlo ahora mismo.

Rowan Manahan dice que este le gusta especialmente.

Rowan también nos regala una anécota navideña de su barrio. Si entendéis inglés, no dejéis de echarle un vistazo.

Y con esto y un bizcocho… No, no se termina la serie, qué va.

Solo se termina el punto 8. ¿Y cuál era ese?

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

Un par de ideas sueltas para acabar, que comprenden mucho de lo expuesto en días anteriores. Entiendo que parte de esta disertación es un tanto confusa, pero es lo que tiene hilar pensamientos deslabazados. Si algún día condenso todo esto en un sólo artículo, prometo estructurarlo mejor :)

Sería fácil preguntarse:

¿Y hace falta realmente todo ese rollo del Espíritu Navideño para que la gente sea un poco más solidaria en invierno?

Si hablamos del espíritu de la Navidad, Charles Dickens y su Cuento de Navidad deben aparecer por algún lado… Imagino que, a estas alturas, todas y todos  conocemos la historia.

scrooge

Mr. Scrooge es un fenómeno literario (tuvo un éxito inmediato) propio de la revolución industrial. Dickens había sufrido en propia piel el resultado de una economía bruscamente virada hacia el capitalismo industrial, con su correspondiente éxodo de la población rural hacia el medio urbano, la necesaria existencia de un cupo de mano de obra en paro estructural, la subsistencia basada únicamente en la posesión de dinero con el que comprar bienes. Fue una víctima directa de  la encarcelación de los acreedores y sus familias y la existencia de niñas y niños solos, sin familia, recursos ni más futuro que la mendicidad o la delincuencia.

Las economías anteriores a la revolución industrial se basaban fundamentalmente en la posesión de la tierra, y giraban en torno al sector primario. Las poblaciones eran fundamentalmente rurales y los círculos sociales eran pequeños.

A los necesitados, los ricos, los generosos y los indiferentes se les podía poner cara y nombre. El comercio y el intercambio de bienes y trabajo eran una cuestión fundamentalmente local. Pero todo eso cambió.

Recapitulemos:

  • Es invierno. Como ya hemos repetido inmisericordemente hasta dormir a las ovejas, hay escasez de recursos.
  • A partir de la revolución industrial, el pobre se convierte en un rostro indefinido, y aparecen los intermediarios organizados de la caridad.
  • Hay que estimular al pudiente a que se rasque el bolsillo y suelte la mosca a una organización, sin el estímulo/molestia de tener un montón de pobres con nombre y apellido haciéndoles la rosca/dándoles el coñazo  en la puerta de sus casas.
  • Si no lo hacen, los menesterosos pueden llegar a un nivel de desesperación que acabe en una revuelta.

Así que, volviendo al Sr Scrooge, en Navidades se estimula poderosamente al acomodado a que:

  1. Llevante un poco el pie del cuello a su asalariado.
  2. Haga un poquitín de redistribución de riqueza. Lo justito para que la maquinaria no se atasque, no se le pide más. Nada de justicia, por dios. Sólo caridad.

Hubiese sido mucho más satisfactorio poder prescindir de todo este peloteo, y establecer mecanismos no ya de caridad, sino de justicia, cooperación y solidaridad de igual a igual. Peeeeeeeeero… no hay suficientes seres humanos peleando por la justicia social.

Si las hordas de personas que critican la beneficencia dedicaran parte de su tiempo y recursos a cambiar sus propias formas de vida y consumo para lograr una sociedad más justa, tal vez la realidad ya sería otra.

Lamentablemente, no conozco un solo caso de alguien que haga una crítica como la que comienzó el análisis de este punto (la del vídeo de Live Aid, recordáis)  que realmente se arremangue y se ponga a hacer algo práctico para ayudar a cambiar la situación. Es más bien toreo de salón.

Y por supuesto que hay personas haciendo las cosas de manera diferente. Pero, normalmente, suelen concentrar sus esfuerzos en mejorar  las condiciones de vida de las personas con peor suerte y las relaciones económicas entre clases sociales, más que en disparar bolas de cinismo a los que hacen caridad.

Al fin y al cabo, si sabes qué cara tiene un pobre porque lo has visto de cerca, prefieres que el pobre tenga un plato de sopa o un abrigo nuevo a que no tenga nada. Tus chascarrillos acerca de los benefactores no les van a calentar el estómago. Ya mantearemos a los sepulcros blanqueados más adelante. Pero de momento…

Hay varios modos de responder a la mala conciencia. Los pudientes, las personas con poder, pueden cambiar su forma de vida y trabajar activamente para que se dé un reparto de la riqueza más justo. O pueden volverse cínicas y reírse de los que dan lo que les sobra, mientras que ellos no dan ni eso, y siguen sin mover ni un dedo.  Pueden ser unos Mr Scrooge que, a toda petición de colaboración para paliar la miseria del invierno de los menesterosos, responden con un ¡Paparruchas!

Creo que este cuadro no sólo se da en la actualidad, sino que Dickens también era consciente de ello en sus días. Sin hacer una llamada a la revolución, que no le hubiera publicado ni el tato y en la que seguramente nunca pensó, sí consiguió impactar las mentalidades de sus lectores y vacunarles contra un exceso de cinismo. Habiendo sido él mismo un niño pobre en las calles de Londres, entendió perfectamente como, mientras llega la Tierra Prometida, todos los Mr Scrooge del mundo deben recibir visitas.

2 comentarios para “Antropología Navideña (10)”

  1. Tiberio Dice:

    “Nada de justicia, por dios. Sólo caridad.” :D Genial!

    Estoy totalmente de acuerdo en tu visión de la caridad como forma de impedir “males mayores”. De hecho, el efecto es sumamente beneficioso para el sistema ya que obliga a los desfavorecidos a competir “por ser buenos pobres”, “pobres pero honrados”, etc con el fin de conseguir así las mejores migajas.

    En el fondo, la gente no quiere problemas, y las revueltas traen muchos problemas en forma de muertos y represión. La gente, incluso la más desfavorecida, está deseando un pretexto que le permita creer en el sistema y así no tener necesidad de organizarse contra él. Sólo un fuerte trabajo ideológico, sólo una alternativa clara y alcanzable puede transformar las revueltas medievales en revoluciones contemporáneas.

    Las revoluciones exitosas, normalmente, coinciden con revueltas de hambre… Pero, como dijo Marx, sin una ideología clara, las revueltas por hambre terminan en la panadería más cercana :)

  2. Rapunzell Dice:

    Creo que, cuando haga la maxientrada esa que me decías con todas las entradas juntas, voy a incluir los comentarios también. Esta entrada estaba incompleta , y me he dado cuenta al leer lo que has escrito tú.

    Caray, cómo me gusta Internet :)


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