+++ Hace un frío de narices. Según oí en la radio la semana pasada, este otoño fue el más frío en Madrid de los últimos 40 años. No sé si será verdad o no, pero si no lo es lo parece. Y el invierno está intentando hacerle justicia a la estación pasada.
Así que buscad alguien calentito para arrebujaros a su lado, y escuchad música que os haga entrar en calor. Por ejemplo, este Merry Christmas de los Ramones.
Las canciones de Los Ramones molan bastante más cuando las tocas que cuando las padeces en sus conciertos. Y esta ha sido mi pequeña píldora de sabiduría de hoy.
El indigesto ladrillo es lo que sigue más abajo.
¿El punto ocho ya se acabó? ¿De verdad?
+++ Sí, de verdad de la buena. No porque no diera más de sí, al contrario, pero es que ese punto era la Hidra de Lerna, caray, no paraban de salirle cabezas. Mejor no intentar agotarlo. Y pasar, en su lugar al punto…
9. Se ponen luces y cosas brillantes por todas partes, hasta que el mundo parece un vídeo de los Queen o un restaurante chino.
Este es mucho más fácil.
Biológicamente, la falta de luz nos deprime. Tiene todo el sentido del mundo, porque la falta de luz coincide, en las latitudes donde el ser humano se desarrolló durante un chorro de milenios, con el invierno. Oh, sí. Lo voy a volver a decir.
Y en invierno hace frío, hay poca comida y los lobos están de particular mala uva. Mucho mejor estar tristón y quedarse en la cueva bajo la manta que andar zascandileando por ahí.
La explicación fisiológica es que la luz estimula la glándula pineal, y esta segrega algunas de esas drogas estupendas y naturales que nos hacen estar dicharacheros y cantarines. Por lo tanto, si no hay luz, nos da el muermo.
Por supuesto, nos gusta más estar de buen rollo que hechos una dama de las camelias. Aunque luego nos dé por las poses góticas, la depresión invernal es algo que procuramos evitar. Y, además, si una sociedad tiene los suficientes recursos alimentarios, de abrigo y de protección para mantener a sus miembros en buena forma, estos pueden dedicarse a tareas mucho más provechosas que llorar por la ausencia del sol, metidos en agujeros hediondos, hasta la primavera. Pueden invitar a comer a los vecinos, secar pescado, curtir pieles o inventar la cerámica.
Así que procuramos llenarlo todo de luz. Antiguamente, se hacían fogatas y se colocaban elementos de colores vivos o con propiedades reflectantes que ayudaran a dispersar la luz en vez de absorberla. La gente, que habitualmente iluminaba sus hogares con velas de sebo, braseritos o teas miserables, recibía algo más de luz en sus nervios ópticos y estaba más activa y feliz. La diferencia era notable.
Hoy en día nos da por despilfarrar luz eléctrica de manera irresponsable, aunque disfrutamos de muchísima más iluminación como norma de vida. Pero es que el exceso de luz nos sigue estimulando. Como decía Makodfilu en un comentario anterior, nos anima fundamentalmente a comprar y gastar, porque la gente más optimista consume más como norma general, yel ciclo económico anual ha acabado incorporando la iluminación navideña como elemento del juego.
Como casi todo lo que tocamos los humanos, sin embargo, llenar de luz la oscuridad invernal también ha sido convertido en arte. Pero Gorpik lo cuenta mucho mejor, así que mejor le echáis un vistazo alli.
Diciembre 29, 2008 a las 6:16 pm
Jo, veo que aquel concierto de los Ramones te marcó bien. Todo un trauma infantil, pero más crecidita.
Diciembre 30, 2008 a las 11:31 am
Nah, no te creas, ya lo voy superando.
Pero vamos, que razones para dejarme marcada había, Un concierto de los Ramones sin estar cocida o drogada… O a lo mejor, más que faltarme, me sobraba algo. ¿Un concepto anticuado de la música, donde cosas como la melodía son importantes, quizás?