Navideña Antropología (5 y final)

+++ Y la recta final…

Voy a dejar las propuestas concretas, en general, para las navidades próximas. O mejor, para las prenavidades. Aquí sólo haré crítica destructiva, pero si se me olvida tomar el tema, me lo recordáis. Asi como en Noviembre ¿Vale?

7.  Se hacen regalos. Y se reciben regalos. Parte los hacemos nosotros, parte las criaturas mitológicas (o no, según tus creencias) locales como San Nicolás, la Befana, el Niño Jesús, el Olentzero o los Reyes Magos.

Pues esto sigue siendo funcional, y a la vez es menos funcional que nunca. Todo depende de los parámetros.

Por una parte, nuestra economía  está espectacularmente estructurada y delegada. Nuestra capacidad de producir un formón o una lavadora es nula. Lo que si podemos hacer es comprarla y regalársela a otros. Pero eso carece de la ventaja económica que le concedía la manufactura personal, porque a mí me van a cobrar por la lavadora lo mismo que a ti. Ambos la compraremos en una tienda.

Además, tú tendrás que hacerme un regalo de recíproco valor, que también te costará dinero. En la práctica, quizás nos encontraremos intercambiando vales-regalo de El Corte Inglés. ¿Sirve esto para algo?

Esto deberia ir a la Historia del Regal o Tonto

Esto debería ir a la Historia del Regalo Tonto. ¿Quién adivina lo que es?

Bueno, le sirve al Corte Inglés, y a todo el comercio de productos de consumo, que experimenta un empujón. Y que a su vez, nos anima a regalar más cosas, más caras y más innecesarias. (Mea culpa para una servidora, la primera, a la que estas navidades se le ha ido completamente la pelota, pero eso es otra entrada).

El sistema económico que tenemos necesita de esos empujones. Este año, sin ir más lejos, la Navidad ha sido un verdadero balón de oxígeno para el comercio, que ve cómo los niveles de bajo consumo a lo crack del 29 le están reventando las previsiones.

Fuera de eso, los regalos se han convertido en una tarea, un compromiso, un despilfarro, una barbaridad ecológica, un método deseducativo y algo que llena de satisfacción pero también de insatisfacción.

Pero desde una óptica más amplia, como la de intentar encontrar sistemas económicos viables a largo plazo, hacer regalos de esta manera es una gilipollez. Una vez más, una gilipollez de culos gordos y estómagos repletos, pero aun así hambrientos de status y relaciones.

- Pero los regalos son tan bonitos…

Pos claro que son bonitos, joder. Así que lo que habrá que hacer será mejorar la costumbre y hacerla sensata.Y que los Reyes Magos vuelvan a ser los “Three Wise Men” (hombres sabios) y no los “Se les fue la pinza por completo Men”.

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

Pues sigue siendo la mar de válido.

La caridad y la beneficencia, esa tirita para los cuerpos de los que no tienen y las negras conciencias de los que sí tenemos, experimentan un empujón en Navidad. La dureza del frío, la soledad y la oscuridad se reducen un poco gracias a las migajas que caen cuesta abajo.

Las ONG que tienen tiendecitas de manufacturas propias de sus proyectos o de comercio justo tienen también su tirón navideño. Y eso les permite sobrevivir varios meses.

Pero la caridad tal y como la entendemos es también una forma de perpetuar la injusticia. Esto es todo un debate, y no voy a desarrollarlo ahora, pero esto es mejorable

Por otra parte, reconciliarse con el cuñado y con esa compañera de oficina (con la que siempre nos llevábamos bien hasta que nos birló el afilador eléctrico) es buena idea. Y el espíritu que lo fomente debe ser mantenido. Todo sea porque los primitos vengan a jugar a casa con el niño y el proyecto de la depuradora salga adelante en la oficina.

Y cierto espíritu de reconciliación y festividad general no puede ser sino positivo. En situaciones concretas es una chincheta en el asiento (si hay desavenencias muy profundas en el grupo, el espíritu navideño no puede salvarlas, pero sí recordarnos tristemente que están ahí). Pero el balance general es bueno.

Punto para la Navidad, en 2009 también.

9.  Se ponen luces y cosas brillantes por todas partes, hasta que el mundo parece un vídeo de los Queen o un restaurante chino.

La idea base de añadirle colorido al mundo cuando hay poca luz sigue siendo buena.

Hacerlo al precio de despilfarrar materiales y luz eléctrica es... ¿Lo adivináis? …una gilipollez de nuevos ricos que compran la energía y los plásticos demasiado baratos.

Ahora tenemos luz de sobra, de eso ya os habréis dado cuenta. Farolas, carteles publicitarios, luz en los portales y las casas…Tenemos hasta una cosa que se llama “contaminación lumínica”. Podemos perfectamente prescindir de las lucecitas.

El espíritu festivo puede ser alcanzado igualmente:

a) Reduciendo un montón la decoración navideña. Menos es más. NO hace falta convertir la Castellana en un desfile de Disneylandia.

b) Pasando de las bombillas, por muy de bajo consumo que sean, a otra decoración reciclable, REUTILIZABLE y poco contaminante, como la basada en papel o metal.

Por ejemplo.

10.  Se felicitan las fiestas a completos desconocidos, y se mandan postales y emails a gente a la que no ves hace quince años o a los tíos de Australia.

Esto funciona, y funciona un montón. En un planeta deonde la población urbana crece y ya no conoces a los vecinos del edificio, todo mecanismo que mantenga el nexo es vital. De lo contrario, queridos cínicos, acabaremos viviendo en ciberpunkilandia,  a lo Max Headroom. Eso nos congelaría un poco la sonrisa :/

(Mmm… Max Headroom. Qué serie más buena, dios, qué ganas me acabn de entrar de verla otra vez.)

En fin, que me disperso. Lo dicho, es una buena aportación. Mejorable, pero esta debería quedarse.

11. Se declara terminado el Año en Curso, se hace cierre fiscal a diversos niveles y se celebra la llegada del Año Nuevo.

Como decía Gorpik, nos encanta tener puntos y aparte, desde el punto de vista personal. Es una manía que se extiende a muchísimas culturas, y que permite detenerse y reflexionar. E introducir mejoras.

Al que no le gusta pararse y reflexionar no le sirve de gran cosa, evidentemente. Pero le sigue sirviendo para saber cuántos años ha cumplido y si tiene que hacerse mirar la próstata o las mamas :)

12. Hay un solsticio.
A pesar de lo cual, no deberíamos interpretar que TODO el mundo vive el solsticio igual. Es un poco ridículo exportar la figura de un tipo que llega envuelto en pieles a bordo de un trineo… a Ecuador, por ejemplo.

Más aún, las consecuencias de una solución buena para nuestra latitud puede ser un churro en otra. Pero yo no tengo “las soluciones” para el colonialismo cultural :(

Probablemente, sin embargo, si mejoramos todos los puntos anteriores disminuyamos el impacto negativo y aumentemos el positivo, en toda clase de lugares. Pero vamos, que hay que pensarlo más…

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Y chin pún. El proyecto de la Antropología Navideña ha requerido mucho más tiempo y esfuerzo de lo que tenía pensado en un principio. Pero ha sido de lo más recompensante. Vuestras aportaciones me animan a, el año próximo, abordar la próxima tarea como algo colectivo en donde todo el mundo aporte sus fluidos mentales.

Ya sabéis, si 2008 ha sido el año de La Refundación del Capitalismo, 2009 será el de La Refundación de las Navidades :)


5 comentarios para “Navideña Antropología (5 y final)”

  1. Lanarch Dice:

    ¡Max Headroom! ¡Juas! ¡Frikiculturetaaaaaaa! XD

    Sobre el regalo ese de la foto: al verle pensé que era un sacapuntas eléctrico, pero supongo que solo es un soporte para bolis. Supongo que se podrían fabricar de modo que si el boli se aleja más de 10 metros del soporte te suelta una descarga de 10000 voltios. Podrían ponerlos en los bancos y así no nos liaríamos con el cordoncillo ese que siempre hace nudos.

    En cuanto a lo que comentas, algunas cosas de la navidad me parecen especialmente repugnantes. Los regalos por obligación es una cosa que me supera por completo. Recibirlos suele molar (a mí no demasiado, pero eso es cosa mía), pero si te lo quieres currar un poco (y si el regalado te importa lo querrás) puede ser un infierno. Aparte de que favorece un sistema económico que no me gusta lo más mínimo, pero bueno. Lo realmente malo es esa sensación de TIENES que regalar, y además tienes que SUPERARTE cada vez.

    En cuanto a la iluminación navideña: no la soporto. Al margen de que personalmente no me guste, es un despilfarro completo y absoluto, y una agresión en toda regla. ¿Soy el único al que le hacen daño en los ojos? (físicamente, ¿eh? No hablo de forma figurada). Cuando en mi casa miro de frente a una bombilla, me duelen; en la calle también, pero no puedes escapar.

    Ídem con los putos villancicos puestos en bucle. Que la gente cante o incluso tire petardos, pues bueno, lo entiendo. Pero los capullos ponen la música en la calle y se olvidan… eso no lo sporto. Yo antes vivía al lado de la plaza Mayor de Valladolid. A las 1000h ponían la cinta de los villancicos, que volvía a empezar cada 30 o 45 minutos. Todo el día y parte de la noche, un día si y al otro también. Malo era (o eso creía yo) el año de los villancicos aflamencados, pero el que pusieron una cinta de castrati fue peor aún. (Y esos muñecos cantarines, brrr, parecía Rascapiquilandia o el futuro de Terminator, daba la sensación de que iban a ir a por ti.)

    Lo peor es que es todo casi obligatorio. Los putos regalos insoportables (aunque ya he “educado” a mi familia y por fin este año no me han dado el coñazo), las luces despilfarradoras y agresivas, la mierrrrda de los villancicos por todas partes (si el Corte Inglés pusiera un disco de Bisbal nos cagaríamos en ellos, pero ¡es Navidad!), ains.

    ¡Gracias por la serie!

  2. Tiberio Dice:

    Coincido con Lanarch en las luces y en la música (aunque a mí las luces no me producen dolor físico, sí que me parecen una horterada y un despilfarro).

    Pero no estoy de acuerdo con vosotros en los regalos :) . A mí me encantan!, tanto regalar como ser regalado, aunque la verdad es que de unos años para acá casi me mola más regalar, por eso de que me lo curro más.

    Más allá del consumismo, yo si creo que mantengan una función económica y social, aunque menos que en otros tiempos probablemente. Estas últimas navidades mi hermana, que me quiere mucho y me conoce bien, me ha comprado un cómic que sabe que me molaría mucho tenerlo pero yo no me lo compraría porque me parece muy caro. Mi madre, que me quiere más y me conoce mejor, me ha regalado ropa que sabe que necesito pero que yo no me compro :) .

    Y mi padre que me quiere poquito y me conoce menos, pues me ha dado dinero porque “es que yo no sé nunca que regalarte” :P

    ¡Gracias por la serie, guapetona! No te preocupes que no dejaremos que te olvides de tu promesa el próximo noviembre :)

  3. Gorpik Dice:

    Tu planteamiento del punto 8 me ha recordado algo que ocurrió aquí en Madrid hace unos años. El Rayo Vallecano, que entonces aún estaba en primera, hizo una campaña de recogida de alimentos consistente en regalar una entrada para ver el partido a quien fuera con un kilo de comida. Conque allá fue la peña, y allá fueron las cámaras de televisión, a entrevistar a la concurrencia.

    Preguntaron a un tipo que iba con su kilo de arroz barato lo que opinaba de la campaña, y contesto: “está muy bien, así tenemos una oportunidad de ser un poco solidarios”. En lugar de: “joder, puedo venir a ver el fumbo por veinte duros escasos”.

    Qué huevos, oye.

  4. Rapunzell Dice:

    Caray, frikicultureta, lo que me quedaba por oír. Pero no me negaréis que la serie era la caña… :)

    Tu propuesta del aparatejo es bastante más útil que la realidad. En el próximo post desvelaré el secreto…

    Lanarch, Tiberio, gorpik… apuntad vuestras ideas. Las necesitaré dentro de unos diez meses :)

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