+++ Doy la bienvenida, en primer lugar, a unos cuántos lectores que no sabía que tenía. Siempre me sorprende resultar tan interesante. A veces, a fuerza de hablarme a mí misma en voz alta, me olvido de que hay más gente escuchando, y no sólo tropezando con el blog por accidente al picar un enlace del buscador.
Si seguís engordando mi ego de esta manera, cómo voy a conseguir adelgazar rápidamente
+++ Hace unos meses, yo me hacía la pregunta “¿Dónde está el dinero?”.
Ni mucho menos es una pregunta original. Probad a introducir esos términos en Google, y preparaos para la avalancha de resultados. Sin embargo, la mayor parte de la información que encuentro no responde a mi pregunta, porque…
- Yo no necesito saber por qué el dinero de la bolsa se ha evaporado. Entiendo perfectamente por qué una empresa que antes valía 10.000 millones en Bolsa ahora vale sólo 20. No porque sea muy lista (aunque tengo un rascahielos chachi piruli de mi club de listorros) sino porque a los periodistas financieros se les ha secado la boca de explicarlo.
- Yo no necesito saber qué ha ocurrido con la liquidez. Entiendo que mucho del dinero que antes revoloteaba por doquier cual grácil bailarina está ahora enterrado en productos de renta fija (dinero que produce poco porque se presta con dificultad y sólo se invierte en proyectos muy sólidos que dan rentas bajas pero seguras). Algunos inversores, incluso, no sólo han movido el dinero del fondo de inversión basado en derivados y guarrans al depósito sencillito de toda la vida… es que lo han metido directamente en el colchón. Vale, eso explica UNA PARTE DEL PROBLEMA, PERO NI MUCHO MENOS LO EXPLICA TODO.
- Tampoco necesito que me expliquen que la economía actual es fiduciaria y no se basa en patrones de producción real, sino en la confianza de los mercados, etc. Entre otras cosas, porque esa explicación es verdad, pero no toda la verdad, sólo una parte.
Si la economía monetaria y la fiduciaria fueran independientes, la ostia del sistema financiero no se traduciría en más gente hurgando en los cubos de basura. Se traduciría en unos números mu feos para los corredores de bolsa, un par de yates menos y ya está. Pero no es el caso.
Por otra parte, si la economía financiera y la real no tuvieran una relación íntima, los objetivos de inflación máxima en los estados, los resquemores antes de darle a la maquinita de imprimir billetes, la atención ante los tipos de cambio y los tipos de los bancos centrales no serían objeto del interés prioritario de los gobiernos.
La economía real y la financiera están, eso sí, relacionadas a través de un complejísimo sistema de gomas elásticas, que transmiten la fuerza y el movimiento de forma similar a la maquinaria de un reloj. A veces es difícil seguir las relaciones, pero las consecuencias finales de los desplazamientos inciiales… no cabe duda, están ahí.
Creo que uno de mis errores pasados ha sido entender la economía más como una partida de ajedrez, algo que se analiza sobre todo en función de las posiciones actuales. Y no he prestado suficiente atención a la dimensión temporal. Tampoco es que las explicaciones recibidas, destinadas a hacer fotos fijas de pequeñas porciones de lo sucedido, me hayan ayudado mucho a pensar de otro modo.
Necesito entender la situación global, la relación entre el precio del arroz en Bolivia, la guerra del coltán, la caída del Ïbex, la quiebra financiera de Islandia y la manía de las poblaciones de los países desarrollados de cambiar de coche cada cinco años. Cada una de esos fenómenos es fácil de explicar por separado. Pero nadie me sabe dar una explicación global que resulte verosímil. Las gomas elásticas son tan abundantes y se entrecruzan tanto que no dejan ver casi nada.
+++Recientemente, sin embargo, creo que he entendido mejor dónde se fue el dinero. Como decía, he tenido que introducir una perspectiva temporal más fuerte, y ahora entiendo algo mejor parte de la quiebra.
Advierto, por si aún fuera necesario, que soy muy consciente de que mi análisis es más basto que unas bragas de esparto y carece probablemente de una base conceptual sólida. Pero a mí me parece lo bastante razonable como para exponerlo, con todos sus fallos.
El dinero está en el pasado. Ha descubierto el secreto del viaje temporal y, llevándole la contraria a Einstein, se ha movido hacia atrás. O, dicho de otra manera, hemos estado gastando dinero del futuro. Y no es una obviedad tan grande como parece, porque no me refiero a “moneda” sino a dinero.
Para comprender esto, explicaré en primer lugar qué entiendo por “dinero”. No me refiero con ese término a un euro o a un dólar, sino a una representación de valor real. Un reflejo, en el sistema económico, del valor de una vaca o la reparación de un automóvil.
El dinero, así entendido, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Si dejamos de valorar las vacas es porque pasamos a valorar más los cóndores. Si dejamos de valorar los automóbiles es porque pasamos a valorar más las alcayatas. La suma del valor total sólo puede crecer de verdad cuando la capacidad productiva aumenta realmente. Si puedo obtener 15 arrobas de trigo de una porción de tierra, estoy realmente obteniendo 3 veces más valor que cuando cosechaba sólo 5. (A diferencia de la medida únicamente en términos de moneda, según la cual puedo estar tentada de pensar que estoy obteniendo más del triple de la producción, cuando ese incremento extra se debe sólo al efecto de la inflación, por ejemplo)
A lo que voy: gracias a todo el sistema de créditos, nos hemos encontrado, tanto particulares como empresas, con que poseíamos aparentemente una enorme capacidad adquisitiva . Enorme pero irreal si se estudia a medio plazo.Y hemos adquirido tanto bienes de primera necesidad (elementos necesarios para la supervivencia o capital productivo) como otros que no lo eran. Si nos saltamos la parte de la gestión crediticia, podemos resumir la cuestión en que prometimos a otros entregarles una enorme cantidad de dinero en el futuro a cambio de los bienes que nos daban en el momento actual.
Como era fácil, muchos de los bienes que adquirimos resultaron ser más valiosos del valor que podríamos producir realmente. Hemos comprado casas, coches, teléfonos móviles y entradas de fútbol a un precio cuyo equivalente no íbamos a ser capaces de devolver en el futuro. Pero no podíamos saberlo a simple vista, porque la existencia de moneda fácil nos ha hecho olvidar que, en realidad, estamos trabajando con valores que representan objetos reales. El dinero no se come. El dinero representa bienes y servicios. Una lección básica que orgullosamente se declaró trasnochada y fuera de onda.
Si al menos nos hubiéramos dedicado a fabricar bienes y servicios realmente necesarios, la contracción económica (que guarda una curiosa semejanza visual con el rebote de la goma elástica en tós los morros) hubiera supuesto, más que otra cosa, un ajuste de la diferencia entre el valor del dinero y el valor de la moneda. Pero no ha sido así. Porque hemos gastado mucho dinero del futuro en producir, no sólo bienes suntuarios que las poblaciones no pueden pagar, sino lo que es mucho peor: estructuras productivas y sociales que permitan la producción de esos mismos bienes.
Ya es puñetero que yo gaste mis recursos individuales en comprar un coche en 100 cómodos plazos mensuales cuando no voy a ser capaz de producir el equivalente a esos plazos en los próximos 100 meses. Pero mucho peor es que haya un montón de empresarios que se han frotado las manos viendo lo alegremente que compraba yo sus coches nuevos y se hayan lanzado a montar fábricas a base de pedir créditos (fiannciación privada) subvenciones (financiación pública), y que encima han creado una enorme demanda de personal cualificado en ese sector que es necesario cubrir (hala, a montar centros de fp de la automoción como si fueran burrikins).
La multinacional que deja de vender coches no va a reaccionar de hoy para mañana, y va a pagar la broma con una reducción de sus beneficios importante. Pero las regiones y estados que apostaron por esa vía de desarrollo, a base de producir un producto que no podemos pagar… se comerán con patatas sus inversiones, infraestructuras y trabajadores cualificados. Ahora ya no sirven. y el problema es que todo eso se hizo con el dinero del mañana. Y mañana ya es hoy… qué putada.
Porque ahora la deuda sí se queda. Ahora hay que trabajar para pagar el crédito del ayer, y no podemos cambiar el producto de nuestro trabajo por bienes nuevos. Tenemos que usarlo para mantener a todas esas personas, áreas, estratos, regiones… que se prepararon para producir bienes que ahora no necesitamos. Puede que tengamos que dejar de consumir bienes necesarios para pagar las soplapolleces del pasado. Y como los artículos de status no son muy nutritivos por mucho que los guises, ahí se quedarán, muertos de asco por falta de mantenimiento.
Una pena que no haya oído nada semejante a este punto de vista ni por parte de los gobiernos ni por parte de las oposiciones.
También puede ser que no lo haya oído porque esta teoría es una gilipollez y no tengo ni puñetera idea de qué estoy diciendo. Seguiremos informando.