+++ Observo el fenómeno. Aquellos que se muestran partidarios de “ser ecuánimes”, “encontrar que se puede entender la posición de todo el mundo”, “no juzgar a nadie”, “todo el mundo sufre”…
… se encabronan bastante más cuando la putada se la hacen a ellos en lugar de a otros. La ecuanimidad y la comprensión se les van a hacer gárgaras, y no les les hace tanta gracia que su “ofensor” siga siendo invitado a las cenas de grupo como una hubiera podido pensar, después de tanto oírles repetir sus mantras ante el crujido de los pómulos ajenos.
Por otra parte tengo que confesar que , una vez que aprendes a elegir tus causas con más cuidado, el resto de conflictos se convierte en un circo mucho más divertido. Y que el papel de “yo entiendo a todos, acojo a todos, mi hombro es de todos” tiene su morbo. Lo que pasa es que a mí me puede la pereza, y tengo muchos libros por leer.
Mayo 24, 2009 a las 12:34 pm
Igual sucede con la libertad de expresión
La única libertad de expresión buena es la propia hasta que alguien expresa algo que no me gusta a mí.
Es genial ver a mi amigo Fulano dar caña y ser mordaz con las tonterías de otros, pero no cuando lo es con las mías.
Por demás, este post es una suerte de broma privada, en tanto no sé a quién te refieres, de modo que sólo opino ante el principio general que manifiestas. Aparte de eso, hace un día precioso aquí y Barbián está jugando con una pistola de burbujas
Mayo 26, 2009 a las 11:56 am
@Rapunzell: No sé de nadie que pueda realmente superar un Gom-Jabbar. Lo importante es seguir siendo capaz de decir algo bueno hasta del peor capullo una vez se te pase el momento sanguino.
No me fío de nadie que no sea capaz de decir al menos una cosa buena de cualquiera. Y “cualquiera” incluye cualquier mención que provoque un Godwin.
@Imperator: Esta mañana escuché una frase a enmarcar: “La libertad no consiste en decir lo que se piensa, sino en pensar lo que se dice”. Yo sé que no siempre dispongo del tiempo suficiente para pensar cada frase. Aunque a veces lo encuentro.
Junio 4, 2009 a las 10:53 pm
Hace tiempo que tengo observado esto mismo. Recuerdo cuando se hundió medio barrio del Carmel en Barcelona, los cristos y los pifostios que montaban los afectados. Muchos de ellos, gente que jamás había movido un dedo por nada, pero es que esa vez les había tocado a ellos.
Y pongo este ejemplo porque me viene a la cabeza, pero hay infinidad.