Ausencia

+++ Pues sí, la de tiempo que ha pasado…

He estado ocupada. Un fin de curso frenético, un viaje a EEUU, una boda, nuevos proyectos (en una supuesta época de calma vacacional)…

Pero en otros tiempos, por ocupada que haya estado, siempre he escrito algo. Y no es que ahora las cosas hatan cambiado. Es que escribo en otro sitio.

Gril says: "Mommy, when I grow up I want to help smash the white racist, homophobic, patriarchal, bullshit paradigm too".

Mommy, when I grow up I want to help smash the white racist, homophobic, patriarchal, bullshit paradigm too.

De rebote, sin comerlo ni beberlo, he cumplido el sueño de muchos blogueros y periodistas: me pagan por escribir en una web. No una personal, sino temática. Pero es que el tema me interesa, y mucho. Educación, género e interculturalidad son tres temas sobre los que gira mi peonza mental buena parte del día, aunque lo haga en silencio.

El zumbido que suena a “feminismo“, “comeflores“, “integración” aburre y achicharra a la mayoría. Estos temas se agrupan dentro de lo que se entiende por “corrección política”, y a la corrección política le pasa lo que a la Navidad.

Muchos se ufanan al lamentarse de que “a diferencia de la mayoría, yo soy original y odio la Navidad” . Igualmente,  a mi alrededor el número de ofendidos por “tanta corrección política que nos invade” es mucho mayor que el de ofendidos por la mentalidad sexista, el uso de la palabra “maricón” para insultar a alguien o que Lecquio diga que una moza de OT “tiene pinta de chacha” (cuando de lo que tiene pinta, únicamente, es de peruana con rasgos indígenas. Pero claro, es que Lecquio, además de un gilipollas, es un gilipollas racista y clasista que hace añorar a Robespierre.)

Cuando oyes la protesta navideña, esa declaración en coro de millones de voces simultáneas, la paradoja no puede sino hacerme sonreír. Me cuesta un poco más en el segundo caso, pero hago lo que puedo. A diferencia de las feministas que viven metidas en un frasco hermético que las separa de “los otros”, yo vivo en el mundo real. Y entre la gente con la que trato y que aprecio hay prejuicios a mansalva, y vivo con ello, igual que ellos viven con los míos.

De vez en cuando doy mi opinión en las conversaciones, pero procuro hacerlo poco. La disensión propia mola, pero la de los demás es molesta. Si además cuestiona los propios valores culturales, más. Si encima proviene de una mujer, peor.

(Tengo muy visto el fenómeno por el cual a una mujer se la percibe como “agresiva” por defender sus opiniones con la mitad de asertividad y fanfarronería que los mismos varones que se lo dicen (pero con el doble que las mujeres que miran con desaprobación silenciosa).  Lo digo con menos acritud de la que podría esperarse, ya que estoy aprendiendo a vivir en mi siglo con cierta paz mental, y mi siglo sigue siendo el de mujeres suaves y que evitan llevar la contraria junto a varones notorios y firmes en sus posiciones  Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.)

La cuestión es que no necesito hablar de ello, siempre que pueda escribir sobre ello. No quiero hacer de cada día y cada segundo una batalla. Prefiero disfrutar de lo que la vida me da, y reservar mis energías para los momentos en que realmente puedo marcar una diferencia. Si necesito conversar tranquilamente sobre algo, prefiero hacerlo con quien me quiera escuchar. Una de las bellezas de este sitio es que no le impone a nadie el escucharme. Lee quien quiere leer.

Y ahora resulta que no sólo tengo este espacio, sino que tengo otro. Por ese otro, además, me pagan.

Es bueno cuando lo que amas y lo que te da de comer se funde y confunden. Tiene sus riesgos, pero compensa de sobra y me siento afortunada.

Esto no se va a quedar vacío. Tengo muchos intereses de los que deseo hablar, y para los cuales este es el lugar adecuado. Y procuraré que no pase demasiado tiempo sin que vuelva a derramar aquí mi monólogo interior. Pero no va a ser ahora.

(Entrada inspirada por el post de Gorpik “Mi vida mola”.)