Buenas y malas noticias

+++ Las malas, las mismas que buena parte del país. Mis clientes, administraciones públicas o similares en general, no tienen dinero en las arcas y se hacen los remolones. Esta mañana me han dicho eso de “huy, se nos ha traspapelado tu factura”. Shit on you, little parrot.

++++ Las buenas. Hoy me he acercado a la Escuela a ver a mi tutor del proyecto (que es un amigo y un santo varón). El pobre había rebuscado alguna chapuza para ofrecerme como proyecto alternativo de fin de carrera, porque tenía la idea de que mi viejo estudio sobre plagas del eucalipto yacía enterrado y fósil en algún cajón cubierto de polvo desde hace años.

No se le puede culpar. Lo mismo piensan otros que han convivido cercanamente conmigo durante años. Como para exigirle otras ideas a un compañero que me ve dos meses al año… 

Pero sí es verdad que estaba desanimada. Un proyecto de investigación sigue una curva exponencial: la información que se encuentra al principio es muy abundante y rápida de localizar. Lo que se te come horas y horas es encontrar alguna maldita referencia a la descripción de la larva de determinado parásito de las semillas, del que sólo tienes dos líneas, cómo vas a presentar sólo eso… Y ya estaba con la motivación un tanto agrietada, porque llevo años obteniendo muy poco rendimiento de muchas horas de busca.Y es más difícil todavía cuando sólo puedes trabajar en ello a tirones y rascando ratos.

Pero me ha dado un alegrón. Me ha dicho que tengo material de sobra, muchísimo más de lo que él pensaba. El trabajo ha avanzado lento, a trompicones, pero ha avanzado. Dice que no me esmere tanto. Que sólo necesito un empujón más y me lo quito de encima.

Lo primero que me ha venido a la cabeza no ha sido “por fin se acabará esto”. Ha sido: “Joder, por fin alguien se da cuenta de que no me he estado tocando los genitales 5 años. Por fin alguien sabe que, cuando decía estoy trabajando en el proyecto, era porque estaba trabajando en el puto proyecto“.

Debería darme igual. No estoy haciendo esto para que alguien piense que trabajo duro, sino para obtener el título, un mero trámite. Yo ya sé que trabajo duro para conseguir lo que deseo. Yo si  sé lo que vale lo que digo.

A la hora de la verdad, casi nada depende de lo que pienses de ello tú o cualquier otro, y no mereceré un ápice más de tu consideración por lo que te pueda demostrar en este sentido, porque a nadie le importa un pimiento si soy fiable o no.  Y es perfecto. Tu consideración, probablemente, no me valga para gran cosa.  No lo digo para ofender a nadie, sino porque mi criterio acerca de lo que vale la pena no suele ser compartido (salvo alguna excepción a la que quiero mucho, pero que seguramente tendría que hacérselo mirar también).Y claro, desde mi punto de vista, cuando tú te pones a “considerar”, consideras cada bola de estiércol…

(Esto va en dos direcciones, claro. Tú pensarás que yo tampoco tengo criterio ninguno, que me cuento milongas para sentirme bien en medio de mi vacío existencial, etc, etc. O sea, nada nuevo bajo el sol. El tema no es ese.)

El tema es que alegrarme tanto porque alguien que no soy yo aprecia el esfuerzo de todas esas horas, entiende que todas esas putas horas doblando el espinazo han existido de verdad…  indica que Oscar Pulitzer ha asomado su glamourosa jeta. Pero también es reconfortante, y legítima, la alegría de que la gente a la que quieres crea en ti.

No es fácil separar lo uno de lo otro. Así que incrementaré la vigilancia y disfrutaré de mis buenas noticias de hoy y de mi alegría. Eso debería bastar.

Cine y teatro

+++ Como estábamos pachuchos (aunque por una vez yo era la que lo llevaba peor) no hemos salido el fin de semana. Una pena, porque es el segundo año que nuestro superdisfraz de halloween se queda en el cajón… Pero así es la gripe.

La cosa es que hace dos noches encontramos una pelicula en la tele, de esas que piadosamente te advierten desde el título que van a ser una basura: “Cuestión de pelotas”.

En contra: película de nerds contra superguays, título propio de distribuidores en coma cerebral, el tema es un deporte absurdo… A favor… que sale Ben Stiller y que teníamos fiebre, caray.

Bien, la película es mala, pero de una forma no ofensiva. A medida que la vas viendo, empiezan a aparecer algunos puntos buenos (como los cameos) y la siempre meritoria circunstancia de no basar el humor en chistes de pedos. Y, en realidad, si lo pienso bien, resulta que nos lo pasamos mejor con esta película floja que con otras “mejores”.

En este momento, por tanto, es pertinente añadir esta viñeta, y decir que Cuestión de Pelotas está en la zona agradecida de la hez cinematográfica.


so_bad_its_worse

+++Teatro y serendipia. Una actriz con al que trabajé el año pasado, y a quien le he pasado uno de mis contactos , me llama disgustadísima. Pertenece a un grupo que recientemente ha adquirido entidad jurídica, pero que se compone de la misma  gente con la que lleva compartiendo escenario y estudios tres años. Sin embargo, desde que la cosa se “profesionalizó”, ella ve cosas que no le acaban de gustar. Lo peor del asunto es que cuando trabajas bajo el paraguas de un “nombre de empresa” y alguien embarra el paraguas desde dentro, el cliente no se va a poner a hacer distingos, sino que probablemente pase de todos y se busque otra empresa/grupo/whatever. Y es que cuando la gente empieza a meter la pasta y la responsabilidad de por medio, una diversidad de criterios nunca antes conocida surge de repente. Y empiezan los batacazos.

Yo le decía que se lo tomara con calma, que esto pasa y no es tan grave. También le hice notar que, a pesar de tener excelentes amigos en mi gremio, yo sigo trabajando sola. No porque tenga nada en contra de los equipos (¡ya me gustaría repartir el peso!) sino porque yo tengo mis criterios, y no son compartidos por todo el mundo. De vez en cuando hago algún experimento (siempre con gaseosa) y en algunas ocasiones aparecieron conceptos muy diferentes acerca de los modos de gestionar el trabajo y las prioridades, y en algunas otras simplemente me dejaron tirada, así que sé de lo que hablo. No es problema cuando es una cuestión puntual de un proyecto, pero cuando esto se da dentro de una estructura en la que se ha invertido dinero, esfuerzo y reputación, no es divertido.

Y es curioso, porque yo misma estoy tocando diferentes posibilidades de empezar a trabajar con otras personas (en algún caso de forma temporal, en otro parece que puede ser algo a más largo plazo), y en el curso de las “negociaciones” me han preguntado mi opinión y la he dado sinceramente. Y no ha sido la que cualquiera desearía oír, soy consciente de ello. Pero es que montar un negocio o proyecto con otras personas es el espacio ideal para asumir eso de que “más vale una vez colorada que ciento amarilla”.

Yo estoy dispuesta a meterme en enormes charcos, porque soy una posibilista nata. Pero siempre que todos sepamos en qué nos estamos metiendo, qué se espera de nosotros, qué estamos dispuestos a aportar y, sobre todo, si estamos hablando de lo mismo o tenemos ideas distintas en la cabeza.

Lo curioso es que el proceso es tan intimidatorio para algunas personas que directamente me aconsejan lo de “no te metas, que siempre sale mal”. Evidentemente, el porcentaje de éxito no iguala al de fracaso, pero es un porcentaje razonable.

Y yo pienso que el problema es que es tan repulsivo asumir que en esto hay que meterse en bolas, enseñando la lorza actual y no un Photoshop de “es que en 6 meses voy a quedarme así”, preguntándole al de enfrente por esa tercera oreja que le sale encima de la cabeza y de la que todo el mundo evita hablar (pero que puede ser un pequeño obstáculo si se está postulando a sí mismo como “la imagen de la empresa”) que es más fácil asumir el fracaso desde el principio y ahorrarse el esfuerzo.

Pues ellos se lo pierden, oyes. Que cuantas más veces lo haces, más fácil es. A veces sale, a veces no, pero no hay que dejar pasar la ocasión de trabajar con un buen equipo.