Blog Action Day: Iniciativa contra el cambio climático.

+++ No tenía apuntada la cita, así que me han tenido que recordar que hoy es el Blog Action Day contra el cambio climático.

Lo malo es que, aunque tengo mucho que decir sobre esto (una, que tiene mucho que decir sobre casi todo. Me iría mejor si en vez de cada opinión tuviera un billete de 50 euros… o puede que no :D ) hoy no tengo el día de escribir.

Afortunadamente, la lista de correo de noticias de la NASA me va a ahorrar la tarea. Fresquito de esta semana: La caída de los Mayas.

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La caída de los mayas: “Ellos mismos la ocasionaron”

Al igual que muchas culturas que vivieron antes o después de ellos, los mayas terminaron deforestando y destruyendo su paisaje.

Octubre 6, 2009: Durante 1.200 años, los mayas tuvieron el dominio de América Central. En la cúspide de su civilización, aproximadamente en el año 900 después de Cristo, las ciudades mayas se encontraban repletas de gente (más de 2.000 personas por milla cuadrada); se las puede comparar con el Condado de Los Ángeles de la actualidad. Incluso en las áreas rurales, podían contarse entre 200 a 400 mayas por milla cuadrada. De pronto, todo quedó en calma. El profundo silencio fue testigo de uno de los desastres demográficos más grandes de la prehistoria de la humanidad: la desaparición de lo que alguna vez fue la vibrante sociedad maya.

see caption ¿Qué sucedió? Algunos investigadores, patrocinados por la NASA, creen tener una muy buena idea de lo que ocurrió.

“Lo ocasionaron ellos mismos”, dice el veterano arqueólogo Tom Sever.

“Los mayas casi siempre son descriptos como personas que vivían en total armonía con su entorno”, relata el estudiante de doctorado Robert Griffin. “Pero al igual que muchas otras culturas que vivieron antes o después de ellos, los mayas terminaron deforestando y destruyendo su paisaje como resultado de sus esfuerzos por ganarse la vida a duras penas en épocas difíciles”.

[...]

“Simulamos tanto el mejor escenario como el peor: una deforestación del 100 por ciento en el área de los mayas y también un área sin deforestación”, dice Sever. “Obtuvimos resultados reveladores. La pérdida de todos los árboles causó un aumento de entre 3 y 5 grados en la temperatura y una disminución de entre el 20 y el 30 por ciento en las precipitaciones”.

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El artículo es más largo, y recomendable. Yo sólo he seleccionado un extracto que ilustra una relación que a menudo se pasa por alto: la influencia del arbolado en la existencia de precipitaciones en una zona concreta. El cambio climático local se cargó una civilización.

El impacto humano es real, aunque evitable, y tiene consecuencias. Al planeta se la pela que sigamos vivos o no. En la contabilidad del ecosistema, 70 kg de vida humana no valen más que 70kg de insectos o bacterias.

Pero yo, a pesar de nuestros defectos, siento simpatía por mi especie, y me gustaría que siguiera existiendo en las mejores condiciones posibles. La clave no está en los gobiernos, sino en lo que yo elijo comprar, comer o consumir.

Y como sé que soy capaz, voy a hacerlo mejor :)


¿Bienes o servicios?

+++ Como parece más eficaz (y de mejor tono) escribir una entrada corta que un comentario largo, doy aquí  mi punto de vista en la conversación que mantienen Thera y el Capi, derivada de un post en el blog de Imperator.

Un resumen un tanto grosero del momento actual de la conversación sería decir que Thera cuestiona que la producción de servicios pueda ser tan deseable como la de bienes tangibles, y el Capi se posiciona en el lado contrario.

Yo no voy a hablar de lo que es. Voy a hablar de lo que creo que debería ser, desde un punto de vista que algunos considerarán naive, y que yo considero “con perspectiva a largo plazo”.

Producir objetos tangibles requiere más materias primas y más sumideros de contaminación que ofrecer servicios. Los servicios nacen de ofertar inteligencia, experiencia y emociones. En una sociedad ideal, la existencia de más servicios debe contribuir significativamente a lareducción en la producción de objetos, mientras incrementa la felicidad de sus miembros.

Los servicios usan productos manufacturados como medio, pero en menor cantidad que la producción industrial.  Algunos servicios son una estupidez, pero una estupidez menos dañina que una producción industrial idiota.

La optimización, la formación, la educación, la medicina, las mayoría de las actividades de ocio son servicios. Y contribuyen de forma decisiva al bienestar, capacidad de socialización, mejora del hábitat y, en suma, felicidad sostenible de las personas.

Nos sobran productos y nos faltan servicios. O, dicho de otro modo, nos falta inteligencia, experiencia y emociones, y tratamos de sustituirlas con trozos de plástico o metal. Los niños y las niñas tienen sobrante de cacharros y falta de espacios seguros de juego común. Los vendedores de coches ya no venden máquinas, sino “sensaciones”, para hacer que la gente se sienta “aventurera, especial, creativa”, cuando probablemente obtendrían mejores resultados y más baratos matriculándose en un curso de espeleología y acudiendo al trabajo en autobús.  El material que se gasta tontamente en abrir y cerrar una misma zanja en una calle 17 veces se reduciría espectacularmente con un servicio de planificación y coordinación.

Este planteamiento está esbozado aquí de forma perezosa y anecdótica, pero es aplicable a todo. Podemos ganar menos y gastar menos.

Las mayores satisfacciones se obtienen de las relaciones con los demás y con uno mismo, no de los objetos. La mayor seguridad para personas, países y negocios pasa por la gestión inteligente de los conflictos antes que por la producción enloquecida. Y la gestión es un servicio.

Las multinacionales del calzado, la ropa deportiva y mil cosas más lo han visto claro, y por eso se han convertido en puras empresas de servicios. Nike no fabrica ni una alpargata, sino que hace siglos que se transformó en una empresa de servicios de “gestión de la producción”, y le encarga el producto a maquilas del tercer mundo, que se montan y se desmontan para cambiar de ubicación con la misma rapidez que una carpa de circo.

Y no es solo una característica de las producciones de “baja tecnología”. Los fabricantes de software y hardware son meros gestores de la producción, que subcontratan indios o chinos para fabricar líneas de código o ensamblar impresoras.

Así que no creo que el dilema sea producir o generar servicios. La cosa está en saber hacer lo que toque y hacerlo bien, planificar y dejar de echarse flores por lo bien que improvisamos, abandonar ese negocio de sacarle la pasta a hooligans borrachos al que llaman “industria turística”, … etc

El caracter nacional es bueno para muchas cosas, pero no para asumir la propia responsabilidad en lo que nos sucede. Por ahí deberíamos empezar.

A new sensation (¿Dónde está el dinero? III)

+++ Hace años que los cerebros del marketing resolvieron la cuestión de cómo venderle más a gente que ya tenía de todo.

Antiguamente, la mayoría de la gente vendía y compraba productos. Comerciaban con máquinas de lavar ropa, máquinas para transportar gente, tela cortada y cosida que protegiera de las temperaturas y sentara bien, aparatos para reproducir sonidos…

Pero llegó un momento en que la curva de consumo se ralentizó. Quien tenía un coche que funcionaba razonablemente bien o un tocadiscos que girara en condiciones no veía la necesidad de trabajar un montón de horas para comprar uno nuevo, simplemente porque fuera nuevo. El argumento “es que la mecánica de este coche es más segura” o “mira que este tocadiscos reproduce los bajos con mejor amplificación” no vendía. Porque la mayoría de la gente usa el coche para ir a currar, no para hacer carreras, y escuchan al equivalente de Manolo Escobar, no a la Sinfónica de Londres.

papa-y-el-consumismoY entonces fue cuando empezaron a vendernos “sensaciones” en vez de productos. Cual si fuéramos perros de Paulov, lanzaron enormes campañas publicitarias explicándonos lo cool y rebeldes que nos sentiríamos si llevásemos puestas zapatillas Nike, lo especiales que nos veríamos con una Ray Ban en la cara, lo buenas madres que nos creerán nuestros hijos si les damos huevos Kinder, lo inteligentes que luciremos a bordo de nuestro flamante Seat Toledo.

Y cuando aprendimos a salivar a la vista de la marca, nos la vendieron. ¿Alguien pensó que estábamos comprando coches, chocolate, gafas de sol o deportivas?

Hace tiempo que explicar las bondades del producto ha perdido garra en el mercado de masas. Da igual la calidad.  Lo que importa es “la sensación”.

Por desgracia, en eso ha consistido buena parte de la generación de “valor añadido” a que se refería Thera, y que teóricamente es una buena idea.  Salvo cuando los esfuerzos se realizan en una dirección tal que añade estupideces a un precio muy alto, y que precisa del despilfarro como motor económico.

Y no es porque la gente quiera despilfarrar. Lo que quieren es sentirse deseados sexualmente, respetados, estimados por sí mismos y por otros, amados, competentes y valerosos.

Y la mejor manera de sacarle dinero a esa gente, como ya hace tiempo que las compañías descubrieron, es construír un modelo inalcanzable de persona y hacer que todos se sientan poco valiosos, para después ofrecerles la solución en forma de Coca Cola.

Luego pasa lo que pasa, claro. Que montas un sistema económico en función de eso, y cuando la gente se da cuenta de que ahora sí, ahora sí que son de verdad poco valiosos (porque sienten el miedo en los huesos, el paro en la chepa y las deudas mordiéndoles el culo)… entonces se meten en la cueva a llorar y dejan de comprarte colonias de 50 euros y coches de 25.000.

Toma new sensation.

Navideña Antropología (5 y final)

+++ Y la recta final…

Voy a dejar las propuestas concretas, en general, para las navidades próximas. O mejor, para las prenavidades. Aquí sólo haré crítica destructiva, pero si se me olvida tomar el tema, me lo recordáis. Asi como en Noviembre ¿Vale?

7.  Se hacen regalos. Y se reciben regalos. Parte los hacemos nosotros, parte las criaturas mitológicas (o no, según tus creencias) locales como San Nicolás, la Befana, el Niño Jesús, el Olentzero o los Reyes Magos.

Pues esto sigue siendo funcional, y a la vez es menos funcional que nunca. Todo depende de los parámetros.

Por una parte, nuestra economía  está espectacularmente estructurada y delegada. Nuestra capacidad de producir un formón o una lavadora es nula. Lo que si podemos hacer es comprarla y regalársela a otros. Pero eso carece de la ventaja económica que le concedía la manufactura personal, porque a mí me van a cobrar por la lavadora lo mismo que a ti. Ambos la compraremos en una tienda.

Además, tú tendrás que hacerme un regalo de recíproco valor, que también te costará dinero. En la práctica, quizás nos encontraremos intercambiando vales-regalo de El Corte Inglés. ¿Sirve esto para algo?

Esto deberia ir a la Historia del Regal o Tonto

Esto debería ir a la Historia del Regalo Tonto. ¿Quién adivina lo que es?

Bueno, le sirve al Corte Inglés, y a todo el comercio de productos de consumo, que experimenta un empujón. Y que a su vez, nos anima a regalar más cosas, más caras y más innecesarias. (Mea culpa para una servidora, la primera, a la que estas navidades se le ha ido completamente la pelota, pero eso es otra entrada).

El sistema económico que tenemos necesita de esos empujones. Este año, sin ir más lejos, la Navidad ha sido un verdadero balón de oxígeno para el comercio, que ve cómo los niveles de bajo consumo a lo crack del 29 le están reventando las previsiones.

Fuera de eso, los regalos se han convertido en una tarea, un compromiso, un despilfarro, una barbaridad ecológica, un método deseducativo y algo que llena de satisfacción pero también de insatisfacción.

Pero desde una óptica más amplia, como la de intentar encontrar sistemas económicos viables a largo plazo, hacer regalos de esta manera es una gilipollez. Una vez más, una gilipollez de culos gordos y estómagos repletos, pero aun así hambrientos de status y relaciones.

- Pero los regalos son tan bonitos…

Pos claro que son bonitos, joder. Así que lo que habrá que hacer será mejorar la costumbre y hacerla sensata.Y que los Reyes Magos vuelvan a ser los “Three Wise Men” (hombres sabios) y no los “Se les fue la pinza por completo Men”.

8.  Se invoca el “Espíritu navideño”. Más descaradamente en el mundo anglosajón, más sutilmente en otros lugares, el mensaje es que estamos en  Navidad, y  hay que ser bueno, compartir, perdonar al cuñado, sacar al niño a ver belenes, dar pasta para beneficencia y comprar arroz barato para la operación kilo del barrio.

Pues sigue siendo la mar de válido.

La caridad y la beneficencia, esa tirita para los cuerpos de los que no tienen y las negras conciencias de los que sí tenemos, experimentan un empujón en Navidad. La dureza del frío, la soledad y la oscuridad se reducen un poco gracias a las migajas que caen cuesta abajo.

Las ONG que tienen tiendecitas de manufacturas propias de sus proyectos o de comercio justo tienen también su tirón navideño. Y eso les permite sobrevivir varios meses.

Pero la caridad tal y como la entendemos es también una forma de perpetuar la injusticia. Esto es todo un debate, y no voy a desarrollarlo ahora, pero esto es mejorable

Por otra parte, reconciliarse con el cuñado y con esa compañera de oficina (con la que siempre nos llevábamos bien hasta que nos birló el afilador eléctrico) es buena idea. Y el espíritu que lo fomente debe ser mantenido. Todo sea porque los primitos vengan a jugar a casa con el niño y el proyecto de la depuradora salga adelante en la oficina.

Y cierto espíritu de reconciliación y festividad general no puede ser sino positivo. En situaciones concretas es una chincheta en el asiento (si hay desavenencias muy profundas en el grupo, el espíritu navideño no puede salvarlas, pero sí recordarnos tristemente que están ahí). Pero el balance general es bueno.

Punto para la Navidad, en 2009 también.

9.  Se ponen luces y cosas brillantes por todas partes, hasta que el mundo parece un vídeo de los Queen o un restaurante chino.

La idea base de añadirle colorido al mundo cuando hay poca luz sigue siendo buena.

Hacerlo al precio de despilfarrar materiales y luz eléctrica es... ¿Lo adivináis? …una gilipollez de nuevos ricos que compran la energía y los plásticos demasiado baratos.

Ahora tenemos luz de sobra, de eso ya os habréis dado cuenta. Farolas, carteles publicitarios, luz en los portales y las casas…Tenemos hasta una cosa que se llama “contaminación lumínica”. Podemos perfectamente prescindir de las lucecitas.

El espíritu festivo puede ser alcanzado igualmente:

a) Reduciendo un montón la decoración navideña. Menos es más. NO hace falta convertir la Castellana en un desfile de Disneylandia.

b) Pasando de las bombillas, por muy de bajo consumo que sean, a otra decoración reciclable, REUTILIZABLE y poco contaminante, como la basada en papel o metal.

Por ejemplo.

10.  Se felicitan las fiestas a completos desconocidos, y se mandan postales y emails a gente a la que no ves hace quince años o a los tíos de Australia.

Esto funciona, y funciona un montón. En un planeta deonde la población urbana crece y ya no conoces a los vecinos del edificio, todo mecanismo que mantenga el nexo es vital. De lo contrario, queridos cínicos, acabaremos viviendo en ciberpunkilandia,  a lo Max Headroom. Eso nos congelaría un poco la sonrisa :/

(Mmm… Max Headroom. Qué serie más buena, dios, qué ganas me acabn de entrar de verla otra vez.)

En fin, que me disperso. Lo dicho, es una buena aportación. Mejorable, pero esta debería quedarse.

11. Se declara terminado el Año en Curso, se hace cierre fiscal a diversos niveles y se celebra la llegada del Año Nuevo.

Como decía Gorpik, nos encanta tener puntos y aparte, desde el punto de vista personal. Es una manía que se extiende a muchísimas culturas, y que permite detenerse y reflexionar. E introducir mejoras.

Al que no le gusta pararse y reflexionar no le sirve de gran cosa, evidentemente. Pero le sigue sirviendo para saber cuántos años ha cumplido y si tiene que hacerse mirar la próstata o las mamas :)

12. Hay un solsticio.
A pesar de lo cual, no deberíamos interpretar que TODO el mundo vive el solsticio igual. Es un poco ridículo exportar la figura de un tipo que llega envuelto en pieles a bordo de un trineo… a Ecuador, por ejemplo.

Más aún, las consecuencias de una solución buena para nuestra latitud puede ser un churro en otra. Pero yo no tengo “las soluciones” para el colonialismo cultural :(

Probablemente, sin embargo, si mejoramos todos los puntos anteriores disminuyamos el impacto negativo y aumentemos el positivo, en toda clase de lugares. Pero vamos, que hay que pensarlo más…

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Y chin pún. El proyecto de la Antropología Navideña ha requerido mucho más tiempo y esfuerzo de lo que tenía pensado en un principio. Pero ha sido de lo más recompensante. Vuestras aportaciones me animan a, el año próximo, abordar la próxima tarea como algo colectivo en donde todo el mundo aporte sus fluidos mentales.

Ya sabéis, si 2008 ha sido el año de La Refundación del Capitalismo, 2009 será el de La Refundación de las Navidades :)


Navideña Antropología (4)

+++ A ver si le meto marchita a esto, que me va a dar carnaval.

4.  En buena parte de Europa, en Navidades es invierno y hace un frío de narices. Para ser una obviedad tan gorda, es curioso lo poco que se tiene en cuenta a la hora de ensalzar o denostar la Navidad. Porque resulta ser la madre del cordero.

Esto sigue siendo un factor a tener en cuenta. Aunque nuestro nivel de desarrollo local (calefacción, comida en lata y paga extra) nos puede hacer pensar que todo el monte es orégano, ahí está  el padrecito Putin cerrando el grifo para ayudarnos a recordar que estos meses son temibles.

Es cierto que ya no tenemos que hacer holocaustos animales, que nuestros graneros son más eficientes y que podemos importar alimento de otros lugares más cálidos. Pero los costes son altos. Y sigue habiendo frío, oscuridad y temor.

Si hay una época en la que es buena idea fomentar la redistribución, la atención a los débiles, etc, sigue siendo el invierno. Así que punto para la Navidad.

5. La gente se reúne y come. Come mogollón. Come como si no hubiera mañana, y todo el colesterol que ingirieran se lo pudieran llevar a la otra vida y transformarlo en pase pernocta para irse de farra..

“Matarse a comer” nunca ha sido tan cercano a matarse a comer. Somos unos cerdos obesos y saturados de grasa y azúcar todo el año, y más aún en Navidad.Los que podemos atiborrarnos no necesitamos hacerlo. Qué paradoja.

Y es que es complicado hacer una comida especial,  cuando uno es un ricachón del primer mundo que come siempre lo que se le antoja. Ni siquiera haciendo excesos insensatos obtenemos la satisfacción que tenía antes un niño de pueblo cuando aparecía una tajada de cordero acompañando a las socorridas patatas de siempre.

Así que mejoremos el invento…

Podemos seguir reuniéndonos con amigos y familiares, pero ¿es necesario que nos inflemos a comer alimentos poco solidarios de producir, que nos sientan como un tiro a medio plazo y que nos llevan a llorar por la lorza en primavera?

Yo propongo algo distinto… diferente… dinámico…calabacin

¡La fiesta de la Cucurbitácea!

Consiste en que toda la familia se junta alegremente y cada uno tiene que llevar un miembro de la familia (de las cucurbitáceas) cocinado con gracia. Esto agrupa pepinos, calabacines, calabazas, melones y demás,  que pueden ser preparadas en forma dulce, salada, etc. Además, las raciones sólo se servirán en plato de postre, y es obligatorio cantar y beber entre plato y plato.

dulce_calabaza370Se puede comer cochinillo, salmón, angulas, etc también…  pero sólo en plato de postre. Y al menos hay que comer una ración de cucurbitácea por ración de proteína animal.

Si esta propuesta os parece una estupidez, deberíais analizar con un poco de seso el tipo de fiesta que tenemos ahora. En serio.

6. La gente hace ruido. Canta (o lo intenta), toca instrumentos de percusión caseros o baratorros y se tiran petardos y cosas que explotan. Cuanto más cerca del Mediterráneo, más ruido. Como siempre, por otra parte.

Esto sigue funcionando. Cohesión, participación, etc.

Pero puede mejorarse…

¿Qué tal si intentamos hacer música y no ruido?

Esta manía, muy de esta tierra pero en absoluto exclusiva, de identificar la fiesta con meter ruido, es estúpida. Porque cualquier cosa que perturba el descanso y la serenidad de los demás separa, no une.

Claro que podemos pensar que lo que ocurre es que los demás son unos rancios y no saben divertirse. Pero eso es porque somos imbéciles, no porque tengamos razón, ojo. Como decía Forrest Gump, a todo el mundo le huele bien su propia mierda, pero no dejes que eso te engañe.

Los petardos, mal que pese a los levantinos, se podrían reservar para los viernes por la noche. Un poner.

Que no se trata de esto, de verdad...

Que no se trata de esto, de verdad...

Y, si queréis cantar, aprended. Aprended a hacer música con la voz. Está al alcance de cualquiera, en serio. Sólo hay que prestar atención a la nota que se está cantando, en lugar de concentrarnos en que se nos oiga en Kuwait. No aprendermos a ser Monsterrat Caballé, pero sí a cantar sin aturdir.

Bajito. Sin berrear. Solo debería cantar alto la gente que canta MUY MUY BIEN, y creedme, esos raramente somos nosotros.

Y esto lo dice alguien que canta, que canta decentemente y a quien le chifla cantar. Pero que es consciente de que NO lo hace lo bastante bien como para que le tenga que gustar a todo el mundo. Así que mi determinación para hacer una sociedad mejor es:

a) Cantar bajito.

b) Pedirles a los que berrean que canten bajito.

c) Reservar el volumen para los momentos en que los presentes me pidan expresamente que ponga más decibelios en juego.

Otra cara es posible...

Otra cara es posible...

Ah, y esto va para vosotros, queridos no-cantarines ponedores-de-malas-caras-cuando-cantan-los-demás. Es perfectamente posible ser asertivo y enunciar en voz alta vuestras preferencias, en vez de comentarlas por lo bajinis con el gesto torcido. Si el ruido os molesta, pedid que se respete vuestro derecho a un mundo sin él. Currároslo un poco. Sin necesidad de ser bordes, ojo, que la bordería también es ruido. Y la gente suele responder mejor cuando le piden algo con una sonrisa, sin que se sientan agredidos.

Eso os pondrá en situación, evidentemente, de que os digan que sois unos tristes y unos aguafiestas. Gratis no os va salir siempre, como es usual en la defensa activa de las propias convicciones. Pero si perseveráis, y además sois capaces de expresaros con educación y templanza, con el tiempo os encontraréis un medio ambiente mucho más saludable. Incluso en Navidad.

Y así, al costumbre de cantar villancicos  nos ayudará a todos a llegar a la primavera de mejor humor.


Navideña Antropología (3)

+++ Continuemos el repaso:

2. Como consecuencia de lo anterior, se cuentan unas cuantas historias bastante chulas, que comparten con otras mitologías populares aspectos como la matanza de inocentes, el ensalzamiento de los humildes o los milagros en el cielo. Estas historias son parte de las creencias de las sectas religiosas antes mencionadas, y su calidad literaria es elevada.

El invierno infantil ya no es lo que eraEn la sociedad occidental actual la situación es muy diferente de aquella que describíamos al hablar de Hansel y Gretel. Ahora tenemos pocos niños y les dedicamos muchos recursos. Quizás no les prestamos toda la atención que debemos, pero eso también ocurría antes, no nos engañemos. Lo que pasa es que ahora somos más exigentes.

En nuestro pequeño mundo diario, por tanto, el peligro de infanticidio invernal por carestía ya no existe.

¿Tienen entonces las historias navideñas alguna utilidad en la actualidad? Pues lo cierto es que cumplen unas cuantas funciones sociales:

  • Nos remiten a un pasado en el que nosotros también éramos pobres. No hay cosa peor que los nuevos ricos sin memoria, y esos somos nosotros, la mayor parte del tiempo. La gente con pasta de toda la vida puede resultar patéticamente ignorante, pero los nuevos ricos son patéticamente indiferentes. En Europa, la gente sufría carencias alimentarias hasta hace dos o tres generaciones (sí, niños, en Suecia, Alemania y Francia también), y ahora parece que nos hemos sonado los mocos con pañuelo de seda toda la vida. Eso nos vuelve imbéciles. La imbecilidad no ayuda a sobrevivir. La memoria sí. Y los cuentos navideños, con sus pobres, su frío,  sus mendigos, etc nos mantienen en contacto con el pasado que nos ha traído hasta aquí.
  • Nos permiten solucionar de manera imaginaria ciertos conflictos sociales y personales, demasiado complejos para abordarlos constantemente por nuestra cuenta, pero que son consustanciales al ser humano. Los cuentos en los que se exalta al humilde, en realidad, nos dicen que cuando el humilde somos nosotros no debemos perder la esperanza. Las historias en las que el rey es engañado nos dicen que tenemos una oportunidad frente al poderoso, y todos nosotros sentimos a veces que estamos en inferioridad de condiciones. Esto no es una exclusiva de la narrativa navideña, sino la razón por la que se cuentan cuentos, yo cuento cuentos y se contarán cuentos cuando mis cenizas se hayan dispersado en el cosmos siglos atrás.
  • El imaginario colectivo, el conjunto de personajes míticos, reyesmagos2de leyendas conocidas por todos, nos proporciona un lecho mental común. Nos convierte en un grupo más cohesionado que una bandera o un himno. La literatura popular nos dibuja como comunidad en el tiempo y el espacio. Sentimos que somos la misma gente, porque todos sabemos quién es Blancanieves, quién es Papá Noel, quiénes son los Reyes Magos, quién es el Niño Jesus. Todo el que ha vivido una época en el extranjero comprende este sentimiento de comunidad que nace de la cultura compartida.

O sea, que sí, que sirve. La Navidad en esto es sólo una parte del repertorio literario común, quizás sin características específicas, salvo quizás una presencia mucho más intensa. Pero es parte de un todo fundamental.



Navideña Antropología (2)

+++ Bien, recorramos de nuevo los mismos puntos. Pero recordando que vivimos en el año 2009.

1. Seguidoras y seguidores de unas cuantas sectas religiosas
celebran el nacimiento de su dios/semidios/dios a ratos/dios en parte/whatever, Jesús de Nazaret.

Evidentemente, las personas religiosas considerarán que esta celebración es utilísima para recordar el nacimiento de su salvador. Pero personas religiosas hay tres o cuatro por cada cien supuestos cristianos (según mi estadística personal) así que no son muy decisivos.

Sin embargo, aunque haya muy pocos cristianos “vitales” sí hay muchos “culturales”. Yo misma soy una católica cultural. El hecho de no haber recibido más sacramento que el bautismo, carecer de inquietudes religiosas (que no espirituales) o pensar que tanto la existencia de dios como los milagros de los santos son una forma más de cuentos de hadas, no me lleva a vivir apartada de mi comunidad. Y comparto con ella una serie de iconos, ritos, celebraciones y valores que son un hecho cultural antes que religioso, por mucho que su origen sea ese.

PantocratorLa mayoría de los empleados descansan el domingo y no otro día. Podemos irnos de vacaciones el jueves y viernes santo porque esos días se consideran festivos en el calendario. Decimos “adiós” y “la virgen” cuando algo nos sorprende o queremos despedirnos. Reconocemos lo que significa una cruz en una película de vampiros, y admiramos la belleza de un Pantocrator románico o una piedad renacentista. Aunque seamos ateas.

Y, por supuesto, está quien no se sabe los mandamientos, no tiene ni pajolera idea de qué diablos hizo Jesucristo en Getsemaní, pero se casa de blanco, bautiza al niño, lo manda a catequesis y se declara católico.

Y los unos y los otros compartimos una cultura común , que tiene elementos religiosos y no religiosos, y ni siquiera son todos de origen cristiano. Y ojito, que la cultura común y el sentimiento de pertenencia a un mismo grupo sí favorece la cooperación y la solidaridad frente a las adversidades.

Luego, reformulando las preguntas…

Desde el punto de vista de la supervivencia de las sociedades ¿sirve para algo la celebración de la Navidad como hecho religioso?

No.

¿Sirve la celebración de la Navidad como hecho cultural?

Mucho. Un montón. Esa celebración común nos acerca a otros miembros de nuestra sociedad, e incluso a los de otras sociedades que comparten evento (aunque no pertenezcan a la misma religión exactamente, como los anabatipstas y los mormones).

paloma-de-la-paz-picassoPERO CREO QUE PODEMOS MEJORAR.

Cuanto más entendamos la Navidad como hecho cultural, más podremos compartirla con personas de toda religión y procedencia. A su vez, las personas religiosas deberían poder desligarse de la superficialidad con la que las personas no religiosas entendemos las fiestas invernales, y tener su momento de trascendencia creyente sin menoscabo alguno.

Así que yo abogaría por una Navidad Laica para los no creyentes, en la que celebremos el invierno sin complejos, y recordemos con cariño el Portal de Belén como otra leyenda más, (al igual que la leyenda de San Valentín, la de Papá Noel o la lucha entre Don Carnaval y Doña Cuaresma)  y las personas religiosas puedan concentrarse en el significado personal de la fecha. Pero todos podamos compartir la cena y cantar villancicos sin mayor problema.

Eso está en franca contradicción con los deseos de las hordas de tibios que ni chicha ni limoná, y que dicen “que son católicos, pero vamos, que creen en Dios y en Jesucristo, pero no en la Iglesia, vaya, que la gente tiene que poder hacer lo que quiere”. Que prefieren mantener una cáscara de catolicismo que en realidad esconde su fe en la magia chamánica, su creencia en un dios que responde al soborno y al sacrificio de cabras y que no exige gran cosa. Y que tiene en la Navidad pseudoreligiosa llena de bolsas del Corte Inglés, pero sin Misa del Gallo ni reparto del pan con el hambriento,  su mayor expresión.

Cortilandia, icono navideño

Cortilandia, icono navideño

Lo cual es opuesto a los principios de cualquier religión cristiana, pero  les proporciona un RACE espiritual que no les obliga a ningún comportamiento ético exigente pero que les garantiza cierta asistencia en la autopista hacia el cielo cuando los agarre el cáncer o los atropelle un bus.

Así que me va a dar el sol con un colador, y la Navidad seguirá cumpliendo su función aglutinadora desde la indefinición. Pero oye, mientras yo no me haga líos…

Navideña Antropología

+++ Como anuncié, la serie Antropología Navideña tiene una segunda parte. Creo entender que las celebraciones y tradiciones navideñas tuvieron una función en las épocas en las que se originaron, y cuál fue.

Eso no quiere decir que surgieran para cubrir esa función. Pudieron aparecer por cualquier clase de estúpida razón o creencia, como miles de otras costumbres idiotas que no hemos llegado a conocer.

Siempre es buen momento para unos gatitos...

Siempre es buen momento para ver unos lindos gatitos...

Pero, si llegaron hasta nuestros días, fue porque las sociedades que las incorporaron consiguieron satisfacer sus necesidades básicas de manera más eficaz que las que siguieron otras costumbres. Probablemente, fueron lo bastante astutas o afortunadas como para trocar antiguos usos por otros nuevos y navideños. Por el contrario, aquellos grupos humanos que insistieron en agarrarse al pasado y no cambiaron el chip, fueron absorbidos o eliminados.

¿Somos nosotros una sociedad astuta al conservar las tradiciones navideñas? ¿Deberíamos, por el contrario, desecharlas y adoptar otras diferentes, más acordes con nuestras necesidades reales? ¿O nuestras necesidades siguen siendo las mismas, después de todo?

Pues hala, ya sabéis de qué va esto. Mañana más.

Antropología Navideña (13)

+++ Y llegamos al final de la lista. Quedan dos puntos en el tintero, y con esto termina el Año 2008 de este Blog. Apropiadamente, tanto por la  fecha como por el tema, un clásico del poz epañó.

¡Pon la tele, Paco, que ya van a dar las uvas!

11. Se declara terminado el Año en Curso, se hace cierre fiscal a diversos niveles y se celebra la llegada del Año Nuevo.

12. Hay un solsticio.

Comenzaré por el número 12, más sencillo y del que se deriva en parte el 11.

El 21/22 de diciembre tiene lugar en nuestra latitud el solsticio de invierno. Es nuestro día más corto, nuestra noche más larga y un punto muy bajo en el ciclo vegetativo. No es el día del año en el que se registran las temperaturas más bajas (cosa de los ciclos meteorológicos y sus inercias) pero, desde luego,  no es una época fácil.

solsticio-equinoccio

La mayoría de las cuestiones  que he repasado estos días tienen su justificación funcional principal en el invierno. Las costumbres que acompañan a las tradiciones navideñas ayudan a atravesar las épocas de penuria y escasez derivadas del frío, la falta de luz, la tristeza económica y psicológica y la falta de alimento.

Si los etnocéntricos humanos tuviéramos dos dedos de frente, los cristianos hubieran exportado al hemisferio sur la celebración por la llegada al mundo del Santo Niño el 25 de Diciembre, pero las Navidades, como las conocemos nosotros, las hubieran dejado para el 21 de Junio, que es cuando la época chunga y los días cortos sacuden al sur. O para la época mala del monzón, o para las temibles mogafreiras de septiembre en Madagascar, yo qué sé… Cada zona del mundo tiene su particular época difícil, en la que la solidaridad, el agrupamiento y la redistribución son más necesarias.

Pero no ha sido así. Exportamos nuestra celebración invernal a lugares donde no es invierno en Navidad. Con lo cual, toda la funcionalidad de esas celebraciones no vale de gran cosa. It’s like rain on your wedding’s day…

Pero bueno, aquí hemos cortado el bacalao de la colonización, y así se come. Al que le ha tocado, ha arreado con ello como ha podido.  También con la fecha de final de año.

Porque en las cercanías de este cortísimo día europeo marcado por el solticio se encuentra el final del año y el principio del siguiente.

¿Para qué vale el Año Nuevo? Para varias cosas.happy-new-year1

  • Si eres un campesino medieval iletrado, lo mismo no tienes ni idea de en qué año vives, hasta que no te lo dice el cura. El ciclo de las estaciones lo conoces y lo vives, pero probablemente ni siquiera supieras en qué año estás si no fuera porque hay momentos de cambio de año muy marcados. No es como hoy en día, donde si no sabes que día es hoy miras el calendario. No había calendarios al alcance de la mayoría de la gente.
  • El Año Nuevo vale para que todos cambiemos de año a la vez. Obvio, pero no por ello menos importante. Especialmente por el aquel de los impuestos y los tributos.
  • El cierre fiscal no lo inventaron los bancos.  De toda la vida ha habido necesidad de cerrar el ciclo productivo, pagar impuestos y darle su parte al señor. Un año dura un año porque en nuestras latitudes, la diferencia entre estaciones está muy marcada. El calendario gregoriano parece el único sensato en nuestra latitud, pero es posible que en el ecuador o el trópico, donde ni las horas de luz ni el clima tienen las mismas variaciones que el nuestro, otros calendarios fueran igualmente sensatos… Como fuere. El caso es que, en el nuestro, las vacas y las caballerías paren una vez cada año solar, el trigo se cosechaba una vez al año solar y, por tanto, el recaudador pasaba (y pasa) una vez al año solar. Así que el cambio de año vale para llevar las cuentas.
  • Esto que viene no es una explicación colectiva, sino individual. Pero creo que es común a todos los individuos de la especie, aunque puedo estar pecando de ombliguista. A los seres humanos nos vienen bien los principios y los finales, la segmentación. Al menos en la cultura occidental, es bueno poder hacer planes, mejorar, cambiar. Tener esperanza de que algo distinto ocurrirá esta vez. Por eso tenemos rituales que marcan la transición a la edad adulta, el comienzo de la vida en pareja o el estreno de un negocio.
  • El fin de año y el comienzo del siguiente es un buen momento para pararse un segundo y reflexionar. Sobre lo ocurrido. Sobre lo que hicimos bien y lo que hicimos mal. Sobre lo que queremos que pase en nuestra vida, y cómo hacer lo posible para que suceda. Las resoluciones de Año Nuevo , aunque no las cumplamos todas, nos permiten abordar mejoras en nuestra vida con optimismo y alegría. Y eso, en el pasado y en el presente, nos da mejores opciones para sobrevivir.

Y aquí termina la primera vuelta del bucle. Aunque a veces me he desviado de mi propósito original, he querido explicar la Navidad como un conjunto de celebraciones funcionalmente atractivas para la supervivencia de nuestras sociedades, allá en la época en que se originaron. Probablemente haya sido un ejercicio pretencioso, pero desde luego ha sido divertido. Muchas de las ideas han ido surgiendo a medida que escribía, así que he aprendido puntos de vista nuevos en  el proceso.

No tengo palabras para agradecer a los que se han tragado la serie, y encima han comentado. Siempre me da que pensar lo que leo. Es mucho más divertido con feedback :)

Pero ahora queda destejer el tapiz, paso a paso, igual que se tejió, pero con una nueva pregunta. Supongamos que aceptamos que las tradiciones Navidadeñas  eran funcionales en el pasado. ¿Siguen siendo funcionales ahora?

Quizás toda esa gente que se queja de las celebraciones tenga razón después de todo. Tal vez las cosas hayan cambiado. Bueno, le daremos un repaso, a ver qué sale.

Antropología Navideña (12)

+++ Otro de esos vídeos para escuchar sin mirar. Pero es que este no podía faltar aquí…

¡Igualmente!  Espere…. ¿le conozco yo de algo?

10.  Se felicitan las fiestas a completos desconocidos, y se mandan postales y emails a gente a la que no ves hace quince años o a los tíos de Australia.

La relevancia de esto depende de cada lugar. En Madrid, por ejemplo, los nativos solemos guardar las distancias. Si entras en un autobús, saludas al conductor o a nadie. Esto es interpretado por personas que provienen de ciudades más pequeñas como frialdad y descortesía. En mi opinión, es una saludable manera de no volvernos locos.

Cada día podemos interactuar, potencialmente, con millones de desconocidos. Pero nuestro reciente pasado como primates sólo nos permite mantener relaciones estrechas con unos cincuenta individuos a la vez. Si tenemos que considerar “miembro del reparto de mi película” a cada desconocido que encontramos, corremos el peligro de empatizar con demasiada gente, demasaidos problemas, demasiadas causas en las que no podemos intervenir.

De modo que funcionamos bajo la hipotesis de que son “extras”, parte del paisaje. No los  saludamos, simulamos que no están alrededor cuando hablamos de cuestiones personales en el metro con nuestro marido. Desde un punto de vista funcional, son objetos, en tanto no se demuestre lo contrario.

Atención, porque esto no excluye la solidaridad ni la colaboración. Yo personalmente he tenido unas cuantas experiencias en la gran ciudad en las que la indiferencia circundante se transforma en interés y apoyo cuando hace falta. Lo mismito que he asistido con horror a la cobardía, la hipocresía y el mirar para otro lado en uno de esos pueblitos pequeños y amigables donde todo el mundo conoce la vida y necesidades de todo el mundo. De todo hay en este supermercado del Señor, decía Manolito…

Recientemente, sin embargo, Patomas me contó que en Caracas la gente sí saluda a los demás pasajeros al subir al autobús. Y mira que Caracas es grande. Al principio pensé que esto invalidaba mi teoría, pero después pensé que, a no ser que se trate de un saludo personal y efusivo, no tiene por qué. El cajero automático también me saluda…

En las grandes urbes, los contactos con los desconocidos están reglamentados. Por favor,  en qué puedo atenderle, es buena esa mermelada de ahí, el lunes cerramos, gracias, de nada. Sólo en ocasiones extraordinarias entran en lo personal. Podrían tratarse de clientes/dependientes/ventanilleros automáticos. Siguen sin ser personas reales.

Ciudad de maniquies

Pero en Navidad, le dezeas Feliz Año al otorrino de la Seguridad Social, al que no vas a volver a ver en meses, años o vida terrenal. Y no tienes por qué, pero si eliges hacerlo, repentinamente pertenecéis de manera palpable a la misma comunidad. (El fútbol, el Hola y Gran Hermano tienen una función social parecida).

Cuando deseamos Feliz Navidad o Feliz Año a completos desconocidos, lo hacemos de manera voluntaria. No es socialmente obligatorio, como dar los buenos días o pedir las cosas por favor. Precisamente por ser prescindible, nos proporciona un pasajero pero eficaz recordatorio de que nuestra comunidad de extras es, en realidad, una gran compañía llena de actores y actrices de reparto. No somos parte de una masa de hormigas o robots, que nada tiene que importarnos en realidad. Somos una comunidad de personas.

Si por desgracia en el barrio de al lado estalla una bomba , las obras el metro obligan a desahuciar a los vecinos o el río se lleva la calle, seremos más proclives a prestar ayuda. Porque son de los nuestros. Nos desearon Feliz Navidad, y nosotros se la deseamos a ellos.

En los pueblos y comunidades pequeñas, por el contrario, es posible que la hipocresía, el sentimiento de que “hay que decirle eso a todo el mundo, te guste o no” te hagan desearle feliz navidad al sacristán, un poner, que en tu opinión mejoraría la Navidad de todo el pueblo si se tirara por un puente.

Igualmente funciona. Aunque sea mínimo, ese pequeño contacto facilitará la colaboración en caso de necesidad.

Por supuesto, existe el caso contrario. Familia, amigos, compañeros que consideramos parte de nuestra comunidad pero con los que no mantenemos mucho contacto porque están lejos. Enviar una felicitación o recibirla es un recordatorio de que seguimos ahí. Podríamos hacerlo en cualuier momento, pero, como siempre, las fechas señaladas nos colocan en mejor disposición mental para hacerlo y recibirlo.