+++ Hoy me acuesto literaria. No pretendo ser ni una fina analista ni una rapsoda de la metáfora. Sólo pretendo decir lo que me da la gana. Aigs, qué bonito es tener blog
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Érase una vez un pueblo. El nombre del pueblo no importa. Baste saber que no eran ni más bestias ni más sensatos que en los pueblos de al lado.
En el pueblo habia ricos, currantes y pobres de solemnidad. De toda la vida, los ricos se distinguían porque iban en borrico a todas partes y por llevar un pirulí de menta en el ala del sombrero. Los currantes se distinguían por tener las manos llenas de callos y los pobres de solemnidad se distinguían por tener la obligación de ofrecer consuelo a todos los demás, que al verlos exclamaban “podía irme peor”. Para hacer mejor su papel, iban siempre medio arrastrándose y con la ropa hecha mixtos. Y realmente no tienen mucho peso en esta historia, así que nos olvidaremos de ellos. Para variar.
Bueno, pues resultó que un año, la cosecha de patatas fue mejor de lo normal. Unos cuantos currantes, en particular, vendieron mogollón de patatas. Podían haber hecho un montón de cosas con la pasta, pero lo primero que compraron fue un burro y un pirulí para el sombrero. La pasta que les sobraba, que algo quedó, la metieron en el banco del pueblo.
Y entonces se dieron tres fenómenos:
a) Los vendedores de burros y pirulíes se dieron cuenta de que las cosechas de patatas iban mejor que nunca. Y que los currantes iban a tener más dinero del normal. Así que decidieron promocionar más los burros y los pirulíes entre los productores de patatas. Asegurándoles, básica aunque sutilmente, que siendo dueños de un burro y un pirulí, a la gente dejaría de importarles si tenían o no conversación y si olían a ajo o a flores. Y que serían casi igualitos a los ricos de toda la vida.
b) Los productores de patatas se abalanzaron a comprar burros y pirulíes. Algunos, incluso, dejaron de cultivar tubérculos y se pasaron a la producción de burros y pirulíes, más glamourosa que las patatas.
c) Los ricos de toda la vida decidieron pasar del burro al caballo y del pirulí normal al de caviar. Porque seguir con lo de antes no los hubiera distinguido lo suficiente, y eran tan imbéciles y tan dependientes de la opinión ajena como todos los demás.
Los productores de caballos y pirulíes de caviar se frotaron las manos. Pidieron dinero prestado al banco para ampliar el negocio. Los productores de burros y pirulíes normales también pidieron dinero prestado al banco. Los cultivadores de patatas lo pidieron también, para poder comprar burros y pirulíes o para poder convertirse ellos mismos en productores de burros y pirulíes. Y el banco les concedió los créditos a todos…
No, aquí el cuento falla. No puede haber un banco, tiene que haber al menos dos. Para que un Juan Nadie pueda ir al Banco A y decirle “quiero un crédito”, y el Banco A le pueda contestar “¿con qué garantía?”, y Juan Nadie responda “tengo unos bonos del Banco B que representan un porcentaje sobre el beneficio esperado de la parte del rendimiento asociada al índice de amortización del volumen de venta de burros y pirulíes del año que viene”… y el director del Banco A le diga “vale”, sin acabar de entender que la garantía que le están dando es su propio culo de director, que lo hipotecó pero ya no se acuerda. Vale, varios bancos pues.
Pues eso, que se inflan a hacer crecer la producción de burros y caballos, y después se meten también con los elefantes y los carros de avestruces, y hacen pirulíes de 25 sabores distintos… y es tan bonito, y hay tantos bichos por todas partes, y crecen tanto y va tan bien…
Pero no va bien todo lo demás. Porque nadie se acuerda de cómo coño se cultivan patatas como dios manda, y ahora nadie cultiva patatas sino una especie de puré en bolas que se parece pero no es igual. Y con tanta caballería, el pueblo huele permanentemente a estiércol y no hay un puñetero sitio donde sentarse en la hierba, porque lo que no está cagado está comido. Y la peña tiene toda los dientes hechos una lástima de tanto pirulí. Y por el exceso de demanda de palitos para pirulíes del pueblo, en otros pueblos no pueden comprar palitos para hacer lápices.Y están de una leche regular.
Y un día, como todos os habéis imaginado ya, el invento financiero se va a tomar por saco. El director del banco A, revisando la documentación de los créditos que ha concedido, descubre que la garantía de la mitad de sus florecientes préstamos es su culo. Por muy bonito que sea el nombre que le hayan dado, él sabe perfectamente lo que su culo vale. Que no es gran cosa. Y entra en pánico.
Agitando fotos de sus propios culos en la mano, cientos de banqueros de la comarca aúllan de miedo en la calle. Y a toda la población se le aflojan los esfínteres del susto.
La industria del burro y el pirulí ve como sus ventas se desploman. Lloroso, el sector gira sus ojos a su Creadora, una inteligente y atractiva escritora de blogs, y suplica :
- ¡Ayúdanos, oh, Suprema Deidad! Mira que en el pueblo la mitad de la gente depende de que se vendan burros y pirulíes, y no se vende ninguno... Esto será una catástrofe.
Y la Suprema Deidad mira el paisaje circundante, se tapa la nariz, recoge le portátil, hace las maletas y dice:
- Chicos, yo me voy a otro universo literario, este huele fatal. Volveré en unos años, a ver si lo tenéis todo más limpio.
- Pero… ¡esto se hunde!
La Suprema Deidad contesta, con su melodiosa y musical (y redundante) voz:
- Hijos míos, hace décadas que sobran burros y pirulíes. Cualquiera podía verlo. Ya podíais aprender a pedir y a fabricar cosas útiles, coño ya con tanto estatus y tanta leche frita….
A todo esto, los ricos de toda la vida, montados en sus caballos y masticando sus pirulíes de caviar, comentan la jugada:
- Si es que esto ya se veía venir, Alfonso Rodrigo. A los pobres no se les puede dar dinero, o sea, no se lo saben gastar.
La Suprema Deidad piensa en contestarles algo así como “Claro, y según ese razonamiento vosotros no podríais nunca manejar la fortuna de Bill Gates ni aunque os la diera yo en bandeja, que sólo sois unos pelaos con un poco más de dinero que la media, pero pasta gansa de verdad, a lo Dubai, de la de no dar un palo al agua en tres generaciones , de eso no habéis visto vosotros en la vida. Pero para que os cayera ese fortunón sí os creeis preparados, mira estos, qué listos…”
Pero sabe perfectamente que estos no escuchan como no te apellides Longoria del Valle y tengas un MBA muy caro , así les chilles con un megáfono en la oreja. No en vano conoce a sus pequeños personajes como si los hubiera creado ella misma y sabe que son mu listos y lo saben tó.
Así que la Suprema Deidad, la atractiva e inteligente escritora de blogs, se vuelve a sus criaturas y les dice:
- Hijos míos, os he elegido para recibir un mensaje especial, sólo a vuestros ojos destinado.
Y cuando se bajan todos del caballo y esconden el pirulí, no sea que salgan con la boca torcida en los retratos de santos del futuro, la Suprema Deidad se levanta la túnica y les hace un calvo.

Pues eso, que le den mucho por saco a las industrias sobredimensionadísimas del automóvil y las constructoras de material para la especulación, a los listísimos ricos de toda la vida a los que Madoff ha dejado en bragas y , en general a todos . Incluida yo, que esto es como lo de los bomberos de Llamaradas, que si cae uno caemos todos.
Pero es que ya está bien de que caigan sólo los de siempre, y ya está bien de contaminar y esquilmar para producir estupideces.
Hala, ya me he quedao a gusto.