Avatar

+++ Me preguntaba Imperator en una lista de correo por qué me habia gustado Avatar. Ya que tenía intención de hablar de ella en el blog, se me ha ocurrido trasladar aquí mi mensaje.

Es complicado hablar de la película con detalle sin entrar en spoilers, pero voy a intentarlo. Eso sí, para hacerlo, voy a emplear unas pocas de líneas. A mí me va a llevar un rato escribirlo, pero me lo voy a pasar muy bien. A quienes estéis solos en la oficina (porque nadie más haya conseguido atravesar la nevada) igual os distrae un rato :)

Yo fui a ver Avatar porque James Cameron es el director de Terminator I y II, Abyss y Aliens (esta tiene bastantes puntos para ser mi favorita en el género). Tras ver esas películas saqué la conclusión de que Cameron es un tipo comprometido con la ciencia ficción, que se busca gente que sepa hacer guiones con buenos personajes y diálogos memorables, que sabe mantener el ritmo de una película larga y que rueda escenas de combate como dios.

Fui con mucho miedo porque James Cameron también dirigió Titanic. Y el problema no es que Titanic sea un pastelón. El problema es que es un pastelón tramposo, y hasta que he visto Avatar no se lo he perdonado.

Con Titanic, Cameron quería hacer una película en la que el protagonista es el propio barco, mostrarnos todas las instalaciones y que recorriéramos cada ambiente, desde los lujosos salones a los miserables alojamientos de la chusma, máquinas, cocinas… todo. Quería que apreciáramos las dimensiones ciclópeas del accidente (es “un PEASO barco” que se estrella contra “un PEASO hielo”). Que comprendiéramos el horror y la frustración de quienes se enfrentaron a la tarea de evacuar a la gente de aquella catástrofe. Vale, hasta ahí bien.

Pero como sabía que se corre el gran riesgo de que al gran público se la soplen todas esas cosas, se montó una conmovedora historia de amor como anzuelo. La historia en sí misma no tiene más validez que hacernos recorrer los escenarios de ensueño cuando las cosas van bien, y las bodegas y pasillos cuando las cosas van mal. Es una excusa. No se la cree. Y convenció a quienes disfrutan con estas historias especialmente, como me divierte y convence a mí que saques una referencia a Jean Luc Picard en cualquier lado. Pero no convence a los que no son fans acérrimos de las historias románticas. Al menos, a mí no.

Un buen mentiroso (y los artistas son una subespecie legítima de los que cuentan mentiras) se tiene que creer sus mentiras. Un mentiroso excelente no lo necesita, pero no todo el mundo lo es, y a Cameron se le vio el plumero. Por eso, yo me encontré viendo en Titanic una historia dolorosamente patética que encima estaba hueca. Todo, para darme un tour turístico por la maquinaria de efectos especiales más cara de la historia. Vete a paseo, Cameron, la historia justifica los efectos, y no al revés.

Bien, con Avatar temía que pudiera pasar igual, pero no es así.
Los efectos son impresionantes, pero trabajan en favor de la trama.La historia es sencilla, no tiene complicaciones filosóficas. Es un argumento un tanto ingenuo para 2009, tal vez, pero que yo compraba con alegría en los 80-90 con La Selva Esmeralda, Terminator o ET (Bailando con lobos me la salté, pero creo que quienes la disfrutaron se conmoverán con esta), y que he comprado con satisfacción en Avatar. No hay cinismo, ni falta que le hace para ser una buena historia de aventuras. Los personajes no son tan redondos como en Aliens, cierto,  no hay una Vasquez, un Bishop o una Ripley en cada esquina, pero están bien elegidos y te permiten empatizar con ellos. El protagonista principal es el planeta Pandora, y nos permiten descubrirlo al mismo tiempo que lo hace el marine que maneja al Avatar.

Es todo lo que puedo decir sin destripar la película. A quien le guste Cameron como director, encontrará muchas reminiscencias de Alien ( mechs, marines espaciales, la empresa minera, mujeres que no se arrugan…). La espera y los quebraderos de cabeza para conseguir la tecnología visual que diera vida a los alienígrenas, justificadísima. No es un mero truco publicitario.
(Para quien no lo sepa, no fue hasta que vio a Gollum en LOTR que Cameron se dio cuenta de que ya existían los medios para rodar lo que él quería rodar, y para ello contrató a la misma gente que Peter Jackson)

Yo me lo pasé en grande, y volveré a verla si puedo. Tuve que elegir en tre V.O. y 3D, y elegí lo primero. Si puedo verla en tres dimensiones, ya os contaré.

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Cine y teatro

+++ Como estábamos pachuchos (aunque por una vez yo era la que lo llevaba peor) no hemos salido el fin de semana. Una pena, porque es el segundo año que nuestro superdisfraz de halloween se queda en el cajón… Pero así es la gripe.

La cosa es que hace dos noches encontramos una pelicula en la tele, de esas que piadosamente te advierten desde el título que van a ser una basura: “Cuestión de pelotas”.

En contra: película de nerds contra superguays, título propio de distribuidores en coma cerebral, el tema es un deporte absurdo… A favor… que sale Ben Stiller y que teníamos fiebre, caray.

Bien, la película es mala, pero de una forma no ofensiva. A medida que la vas viendo, empiezan a aparecer algunos puntos buenos (como los cameos) y la siempre meritoria circunstancia de no basar el humor en chistes de pedos. Y, en realidad, si lo pienso bien, resulta que nos lo pasamos mejor con esta película floja que con otras “mejores”.

En este momento, por tanto, es pertinente añadir esta viñeta, y decir que Cuestión de Pelotas está en la zona agradecida de la hez cinematográfica.


so_bad_its_worse

+++Teatro y serendipia. Una actriz con al que trabajé el año pasado, y a quien le he pasado uno de mis contactos , me llama disgustadísima. Pertenece a un grupo que recientemente ha adquirido entidad jurídica, pero que se compone de la misma  gente con la que lleva compartiendo escenario y estudios tres años. Sin embargo, desde que la cosa se “profesionalizó”, ella ve cosas que no le acaban de gustar. Lo peor del asunto es que cuando trabajas bajo el paraguas de un “nombre de empresa” y alguien embarra el paraguas desde dentro, el cliente no se va a poner a hacer distingos, sino que probablemente pase de todos y se busque otra empresa/grupo/whatever. Y es que cuando la gente empieza a meter la pasta y la responsabilidad de por medio, una diversidad de criterios nunca antes conocida surge de repente. Y empiezan los batacazos.

Yo le decía que se lo tomara con calma, que esto pasa y no es tan grave. También le hice notar que, a pesar de tener excelentes amigos en mi gremio, yo sigo trabajando sola. No porque tenga nada en contra de los equipos (¡ya me gustaría repartir el peso!) sino porque yo tengo mis criterios, y no son compartidos por todo el mundo. De vez en cuando hago algún experimento (siempre con gaseosa) y en algunas ocasiones aparecieron conceptos muy diferentes acerca de los modos de gestionar el trabajo y las prioridades, y en algunas otras simplemente me dejaron tirada, así que sé de lo que hablo. No es problema cuando es una cuestión puntual de un proyecto, pero cuando esto se da dentro de una estructura en la que se ha invertido dinero, esfuerzo y reputación, no es divertido.

Y es curioso, porque yo misma estoy tocando diferentes posibilidades de empezar a trabajar con otras personas (en algún caso de forma temporal, en otro parece que puede ser algo a más largo plazo), y en el curso de las “negociaciones” me han preguntado mi opinión y la he dado sinceramente. Y no ha sido la que cualquiera desearía oír, soy consciente de ello. Pero es que montar un negocio o proyecto con otras personas es el espacio ideal para asumir eso de que “más vale una vez colorada que ciento amarilla”.

Yo estoy dispuesta a meterme en enormes charcos, porque soy una posibilista nata. Pero siempre que todos sepamos en qué nos estamos metiendo, qué se espera de nosotros, qué estamos dispuestos a aportar y, sobre todo, si estamos hablando de lo mismo o tenemos ideas distintas en la cabeza.

Lo curioso es que el proceso es tan intimidatorio para algunas personas que directamente me aconsejan lo de “no te metas, que siempre sale mal”. Evidentemente, el porcentaje de éxito no iguala al de fracaso, pero es un porcentaje razonable.

Y yo pienso que el problema es que es tan repulsivo asumir que en esto hay que meterse en bolas, enseñando la lorza actual y no un Photoshop de “es que en 6 meses voy a quedarme así”, preguntándole al de enfrente por esa tercera oreja que le sale encima de la cabeza y de la que todo el mundo evita hablar (pero que puede ser un pequeño obstáculo si se está postulando a sí mismo como “la imagen de la empresa”) que es más fácil asumir el fracaso desde el principio y ahorrarse el esfuerzo.

Pues ellos se lo pierden, oyes. Que cuantas más veces lo haces, más fácil es. A veces sale, a veces no, pero no hay que dejar pasar la ocasión de trabajar con un buen equipo.

Le tengo cariño a Mayra Gómez Kemp, mira.

+++ Mayra cantaba, con el trío Acuario, una canción que mi madre tarareaba cuando yo era pequeña.

+++ Mayra presentaba el Dabadabadá, ese programa infantil (¿recordáis lo que era eso?) donde un ilustrador era capaz de dibujar personajes fantásticos… empezando por los pies. Mauro Entrialgo nos desveló que había truco.

Mauro Entrialgo619

+++ Y, por supuesto, Mayra Gómez Kmep presentaba el 1, 2, 3. Muchos años después, me he podido echar unas cuantas risas gracias a sus recuerdos. Y a que tiene mucha gracia contándolos, la jodía…

Nota: entrada inspirada por Otis B. Driftwood, que rescató el vídeo del olvido..

YouTube – massive attack- teardrop

+++ Escuchando esto en bucle para serenar mi mal yogur. Funciona. Más o menos.

Liz fraser
(love)love is a verb
Love is a doing word
Feathers on my breath
Gentle impulsion
Shakes me makes me lighter
Feathers on my breath

Teardrop on the fire
Feathers on my breath

In the night of matter
Black flowers blossom
Feathers on my breath
Black flowers blossom
Feathers on my breath

Teardrop on the fire
Feathers on my breath

Water is my eye
Most faithful my love
Feathers on my breath
Teardrop on the fire of a confession
Feathers on my breath
Most faithful my love
Feathers on my breath

Teardrop on the fire
Feathers on my breath

Stumbling a little (x2)

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Pac-i-Man

+++ Tengo dos noticias, una buena y otra mala.
La buena, que van a abrir una tienda grande de cómics enfrente de nuestra casa.
La mala… que van a abrir una tienda grande de cómics enfrente de nuestra casa.

¿Tendrán posibilidad de autolimitar el consumo con un carnet, como en los casinos?

+++ Esto de reciclar imanes del telepizza es un vicio. No es fácil parar. Con ustedes, los Pac-i-Manes :)

Pac-I-Man

Cumpleaños de Raquel

+++ Raquel ha celebrado su primer cumpleaños en Madrid. Para celebrarlo, y aprovechando que tenía tiempo, le hice un regalito extra.

Imanes de nevera personalizados

Imanes de nevera personalizados

Perrito piloto para quien averigue qué representan :)


+++ Cuando dejas tu cámara por ahí, es frecuente que la gente haga fotos por su cuenta. A veces, se las hacen a las cosas más insospechadas, pero … ¿a una esquina vacía?

Eso es lo primero que pensé al descargar las fotos… Pero entonces recurrí a la ampliación y…

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Rol: dejando hueco a la diversidad.

+++ Mi entrada sobre Terry Pratchett ha suscitado una discusión en los comentarios acerca de la diversidad en la literatura. Más concretamente, acerca de si “el escritor/a X escribe siempre el mismo libro con diferente título o no”.

Casualmente (o no tanto), esto se relaciona mucho con otra línea de pensamiento que me ronda la cabeza desde hace unos días.

Se da la circunstancia de que Athair y yo estamos preparando sendas aventuras de rol para que las juegue el otro. La pregunta obligada es “¿qué clase de partida te apetece jugar?”.

A mí me resulta muy complicado responder a eso.  Yo quiero que mi master/mistress me sorprenda, y eso es muy difícil si ya le he explicado lo que quiero con demasiado detalle. Por otra parte, entiendo perfectamente la necesidad de la pregunta. Los jugadores de rol son como los clientes de las peluquerías. Cuando te dicen “sorpréndeme“, rara vez quieren que les sorprendas, sino que quieren una imagen que les resulte familiar, con algunos pequeños cambios menores y “refrescantes”.

Ojo, que la pretensión me parece de lo más legítima. La mayor parte de las cosas que nos satisfacen consisten en un armazón constante en el que se salpican innovaciones muy concretas.  Por eso es tan sencillo que una persona a la que le guste Velázquez se entusiasme al pasar de Las Hilanderas a Las Meninas, pero es mucho más complicado que flipe inmediatamente con Mondrian. Probablemente necesite de todo un proceso previo de exploración de sus propias demandas sensoriales e intelectuales antes de dar el paso. Puede que nunca lo dé, y quede satisfecha descartando a un tío que “pintaba cuadritos de colores”. mondrian%205

(Cuando metes a Mondrian, un artista reconocido, en la metáfora, parece que por narices eres un rancio si desechas su obra. Pero el mismo razonamiento del/a amante de Velázquez le servirá para descartar un montón de bazofia sobrevalorada, así que la cosa no es tan sencilla. )

En fin, a lo que vamos. La percepción de la diversidad depende, por tanto, de qué consideras armazón y qué entiendes que es susceptible (y necesario) de ser modificado manteniendo la coherencia del producto.  Como jugadora, tengo algunas cuestiones bastante claras acerca de lo que me importa mucho y lo que me importa menos. Por ejemplo, los famosos sistemas de combate, que para otros jugadores son los garbanzos del cocido, a mí me traen bastante al fresco. Quiero que el sistema no moleste, y no se cargue mi suspensión de la incredulidad (como aquella famosa característica de Mundo de Tinieblas que hacía que las posibilidades de éxito de  Charlize Theron y mi abuelita en una pelea vinieran a ser las mismas). Por lo demás, entre dos sistemas que molesten más o menos igual de poco, no voy a apreciar grandes diferencias.

Las armas, los vehículos y los gadgets, por curiosos que sean, tampoco harán por lo general, que me sienta transportada a un universo novedoso.  Pero sí me gusta llevar personajes con trasfondos peculiares, que influyen de manera decisiva en el modo en el que toman decisiones y se relacionan con la ambientación.

Esas “peculiaridades” son muchas veces lacras, aspectos negativos que han marcado su vida y que suponen un handicap a priori. Nunca podrán ser “ganadores 100%”.

Uno de mis personajes favoritos (que quedó abandonado en mitad de una carretera, y que nunca saldrá de allí a no ser que yo invente un final para su historia, porque esa partida se quedó a medias) es una ex-presidiaria gorda, negra y fea en USA (los pecados capitales), y que encima no era demasiado lista (eso no es pecado, pero limita tus posibilidades de supervivencia) que se comió una condena que no le correspondía por amor, y que intentaba desesperadamente que la muerte de la única persona que la había tratado bien en la vida no fuera fútil.

Era la protagonista de una partida en solitario, así que sus posibilidades de completar con éxito la aventura eran mínimas. Aunque saliera más o menos bien y sobreviera, ella seguiría siendo una mujer gorda, negra, fea que ha perdido a la única persona que la quería en el mundo. Sigue perdiendo.

Esa es la clase de personajes que aprendí a no interpretar en partidas con más jugadores. A todos nos gustan los perdedores que triunfan. Pero claro, para asegurar el triunfo no pueden ser perdedores de verdad. Sólo pueden parecer perdedores. Porque si llevas al lado un personaje que realmente parte de una situación desventajosa, sin nada que lo compense, se puede llevar todo el grupo a la catástrofe en una sola escena.

Y no hablo sólo de tiradas, sino de comportamiento.Los personajes chungos, en las partidas, parecen no tomar nunca decisiones realmente chungas. Puedes  confiar en antiguos asesinos a sueldo como jamás lo haríamos en la vida real (siempre que sean Personajes JUgadores, claro. De los PNJs sí nos esperamos que estén un pelín menos redimidos por nuestra presencia).  De su experiencia pasada, sólo conservan la habilidad con el cuchillo, no la frialdad de dejar morir a un compañero para salvar el propio pellejo. A tomar por culo la diversidad, vuelve a ser la misma partida que jugué cuando tenía al lado al héroe de la guerra de Corea que entró en un orfanato en llamas para salvar a la mascota del pequeño Wong.

Por otra parte, creo que los directores de juego  también tienen grabado a fuego en la nuca el cariño que la gente le toma a sus pjs, y lo mal que llevan que les ocurran cosas malas (por mucho que la concepción del personaje que se han buscado lo esté pidiendo a gritos). Así que el mundo, en torno al personaje minusválido, se vuelve repentinamente más suave y considerado. Simplificando,  si el pj no está bien compensado, el medio le da bonus y compensa por él. Hala, ya tenemos un ganador. Con lo perdedor que parecía

Igual que nos gustan los protagonistas guapos e ingeniosos en el cine, nos gustan en el rol. A mí también, ojo. Es genial llevar una Betty la fea que se metamorfosea en princesa o un profesor de latín que resulta ser Indiana Jones en flaco. Pero las diferencias entre unos y otros suelen acabar siendo cosméticas para mí, porque para ganar, optimizas. Y lo óptimo es poco diverso.

Como jugadora, por tanto, soy un rollo a priori. Una gafapasta insatisfecha que no puede jugar muchas partidas seguidas con grupos convencionales (sé que suena despectivo, pero no lo es. Lamentablemente, no se me ocurre otro término que no lleve esa carga), porque si juega a lo que ella quiere, le jode la diversión al resto. Pero como también me divierte jugar de modo aceptable, no es un problema. Me adapto y disfruto. De vez en cuando.

El problema ¡oh, compañer@s! aparece cuando diriges.

En una partida de rol, este es el aspecto que muestra el cartero, propietario de bar o bibliotecario medio. La vida Pj es la vida mejorrrrrrr ;P

En una partida de rol, este es el aspecto que muestra el cartero, propietario de bar o bibliotecario medio. La vida Pj es la vida mejorrrrrrr ;P

Cuando preguntas a tus jugadores qué clase de partida quieren y te dicen “de terror, investigación, con vampiros zombies y que sea un reto”, puedes diseñar una partida con todos esos ingredientes y descubrir, a mitad de aventura, que no estamos jugando a lo mismo. Que se cabrean porque el médico le ha diagnosticado cáncer terminal a su personaje, y tienen que luchar contra la invasión de seres del inframundo sabiendo que no tienen esperanza de disfutar la victoria (haber pasado media campaña en las cercanías de un artefacto radiactivo no les preocupó demasiado en su día).

O porque a su personaje negro en los USA de 1920 no lo tratan con respeto en los hoteles (caso verídico, y el rebote lo vi yo misma con estos ojitos que se ha de comer la tierra). O que sufren los síntomas de un shock post-traumático tras su primer tiroteo.  O se encuentran con que el enemigo superior, es realmente SUPERIOR. Claro, para mí eso puede ser terror y  reto. Y para mis jugadores, una puta mierda de partida.

(Los casos reseñados son, con la excepción señalada, pura inventiva. Una leche os voy a decir aquí lo que podéis encontraros de verdad si jugáis conmigo).

El gran Jerome K. Jerome decía que se puede disfrutar tanto paseando en bicicleta como dedicándose a desmontar las piezas y volverlas a montar. Pero no con la misma bicicleta. Como mi objetivo como directora de juego es a la vez pasarlo bien yo y que lo pasen bien mis jugadores, tengo que asegurarme de alguna  manera de que estamos todos montados en la misma bici.

Así que he pensado en redactar un cuestionario que recorra algunos aspectos básicos de las aventuras que no solemos tener tan presentes. Por ejemplo:

  • “Grado de conocimiento de las circunstancias y características de tu propio personaje: valora de 1 a 5 tu preferencia”.

Un 1 significa que a la jugadora le importa un bledo si su pj vive una perpetua alucinación, y 5 que quiere que lo que perciba sea real en todo momento, lo que excluye, por ejemplo, el temita del cáncer terminal o descubrir que la abdujeron los marcianos de pequeña.

  • “Predisposición a que tu personaje muera de forma heróica, de ser necesario: 1 a 5″

Un 1 significa que no quiere morir bajo ninguna circunstancia. Un 5, que lo daría todo por salir en los papeles por recibir una medalla póstuma”.

  • “Predisposición a que tu personaje muera de forma corriente, de ser necesario, sin que su muerte tenga repercusiones en el éxito de la aventura, : 1 a 5″

Un 5 significa que estás dispuesto a sufrir una enfermedad mortal que te haga apagarte como una vela, mientras tu equipo te llora brevemente y busca reemplazo. Un 1, que no estás dispuesto a aceptar ni siquiera una ejecución cuando los malos te pillan espiando, si eso no hace que tu equipo obtenga alguna ventaja esencial en la misión. Un 3, por ejemplo, podría representar que el servicio de contraespionaje te envenena con éxito, pero tú has conseguido pasarle un plano al grupo que muestra un pasadizo de entrada al cuartel general; la aventura se puede resolver sin eso, pero probablemente has conseguido que no haya bajas gracias a tu sacrificio, y te recordarán por ello.

Esto son sólo tres ejemplos. Pero creo que podría redactarse un cuestionario tipo (siempre el mismo grupo de preguntas básicas, para que no haya pistas acerca de la trama, con alguna específica sobre el género previsto)  para que los jugadores con los que piensas jugar una próxima campaña reflexionen realmente acerca de lo que quieren, y tú estés informada para preparar la aventura.

El objetivo es que yo pueda desarrollar la aventura que quiero, sin quedarme corta ni larga ante los límites del disfrute de los jugadores. Y, a la vez,  tener más margen para la diversidad sin andar acojonada por destrozarle la diversión a alguien si descubre, un poner, que el lanzamisiles de los malos dispara… misiles. O al revés, que se aburran porque no haya ningún reto, ya que pase lo que pase sus pjs (a pesar de que se buscaron conscientemente un personaje frágil) nunca está en verdadero peligro.

Que todos sepamos en qué bici nos hemos subido y podamos probar cosas nuevas, vaya.

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Small God

+++ Cuando un amigo me dice “léete esto, es genial”, siempre procuro darle una oportunidad.

A veces, el libro me parece correcto, pero no es suficiente para que insista con otra producción de quien lo escribió.

Puede que las historias que cuenta no me terminen de interesar o, mucho más probable cuando tienes cierta trayectoria lectora, que tenga la sensación de que “eso ya me lo han contado antes”, y como poco me lo contaron igual de bien. A veces, el amigo/pareja/whatever se desilusiona mucho. ¿Qué hay más halagador que el que te digan “gracias por descubrirme a est@ maravillos@ escritor/a” y se dispongan a discutir contigo los detalles de lo que tú consideras una lectura imprescindible?

Me doy cuenta ahora de que la mayoría de las lecturas que me recomiendan pertenecen a este grupo. Algunas me hacen disfrutar mientras leo, pero no tanto como para repetir o expandir más mi interés en ese sentido. Unos pocos me aburren, pero es raro ya que los acabe. Porque mi vida es corta,  mi tiempo de lectura escaso, y vivo los derechos del lector que enunció Pennac como si se me hubieran ocurrido a mí.

Y un pequeño grupo de libros recomendados pertenecen a la última y deliciosa categoría de lo imprescindible. Por eso reclamo que me recomienden libros. Por la posibilidad.

Yo había leído muchos años atrás El color de la magia, el primer libro de la saga de Mundodisco de Terry Pratchett. Me gustó, pero no hubo mucha oportunidad de hacerme con ninguno más, y otras lecturas se abrieron paso en la lista. Por estas vueltas que da la vida, resulta que acabé enamorándome de un fan irredento de Pratchett, que al menos una vez al día canta las maravillas de este hombre.

Aunque mi lista de libros pendientes seguía estando atrasada, se las arregló para colar en primer lugar Guardias, Guardias, que viajó a Bolivia en mi bolsa de mano el año pasado. No sólo lo leí del tirón, sino que reí en voz alta y eché de menos un lápiz para subrayar en cada sesión de lectura. Ambas cosas con el mismo libro. No es tan fácil.

Como ocurre con los más grandes del humor, Pratchett no escribe con un teclado, sino con un bisturí que raja mi realidad, le da la vuelta, la viste con una túnica y la coloca en un universo de fantasía. Y aún así, en lugar de disfrazar las alegrías y frustraciones cotidianas del mundo real, las desnuda y las destaca.

Alguien dijo que los artistas contamos mentiras para decir verdades. En ese sentido, Terry Pratchet es uno de los grandes mentirosos de la historia. No alcanzará una fama mayor en la historia de la literatura porque ha llenado sus novelas de enanos, orcos, inquisidores y magos en lugar de poblarlo de caballeros, gente solemne, curas, empresarios y damiselas angustiadas. Los críticos del  Babelia no suelen tener en su mesita de noche cierta clase de libros. Menos aún si son sospechosos de provocar carcajadas, me temo.

A Pratchett probablemente le traiga al pairo tal circunstancia, y a mí también. Gente como Jerome K. Jerome, Saki, Richmall Crompton (yo  no consigo que Athair le coja el gusto a las historias de Guillermo Brown, pero animo a intentarlo a cualquiera que haya disfrutado con Buenos Presagios. Va a reconocer a más de un personaje) e incluso cierta faceta algo menos estirada de lo habitual de Kipling estarían orgullosos de que él haya recogido la bandera del humor británico.

185px-Small-gods-coverEl peligro de citar una frase de Pratchett es que, sin el contexto, es fácil darle la vuelta y que acabe significando otra cosa distinta. Lo he visto hacer con él y con otros, y trataré de no caer en lo mismo. Pero estoy a la mitad de Small Gods, y no resisto la tentación de compartir algo que acabo de leer.

(Contexto: la gran biblioteca de Ephebe va a ser incendiada por los invasores. Dos filósofos intentan salvar unos pocos rollos de papiro, y discuten acerca de cuáles merecen sobrevivir. La discusión acaba centrándose en varios ejemplares sobre técnica y filosofía. Creo que define bastante bien por qué necesitamos tanto técnic@s como filósof@s…)

“‘Then if all mankind will come and help us carry them, that’s fine,’  said Urn. ‘But if it’s just the two of us, I prefer to carry something useful.’

‘Useful? Books of mechanisms?’

‘Yes! They can show people how to live better!’

‘And these show people how to be people,’ said Didactylos.

(-”Entonces, si toda la humanidad viene a ayudarnos a cargar con ellos, estupendo.” dijo Urn. “Pero si sólo somos nosotros dos, prefiero llevarme algo útil.”

-”¿Útil? ¿Libros sobre mecanismos?”

-”¡Sí! ¡Pueden enseñarle a la gente cómo vivir mejor!”

- “Y estos pueden enseñarle a la gente cómo ser personas.”-dijo Didactylos.)

En una cosmogonía personal en la que no caben grandes dioses, queda espacio para los pequeños. Terry Pratchett es uno de mis small gods, y su lucidez me ilumina en este lunes perezoso.

De las filias y las fobias

+++Sintiendo que los pulmones no dan para más…

Sensación ficticia, por supuesto. En el luminoso interior de la cabeza brilla el lema “Que el señor nunca nos envíe todo lo que somos capaces de soportar” . Aún estoy lejos del límite. Pero sí es el momento de buscar estímulos sonoros.

+++ Spotify permite rescatar las canciones que salen a flote en la marea del recuerdo. Este fin de semana recordé una de Miguel Ríos que tenía olvidada.

Miguel Ríos merece mejor suerte en el recuerdo musical colectivo. Tardó su tiempo en hacerse un hueco en mis preferencias, acusado del único pecado de ser un artista favorito de mi padre. Atravesé “El Río” y “El Himno de la Alegría” teniéndole gato, pero cuando se publicó El Año del Cometa y escuché El Ruido de Fondo, tuve que decidir si un imbécil a medio cocer  iba a dictar mis filias y mis fobias.

añocometaNo es que me saliera bien a al primera (ni siquiera yo era tan perfectamente cerebral a los 15 años), pero fue un buen principio.  El Arte tiene una enorme capacidad para evocar recuerdos, buenos o malos, y toca elegir: o te entregas a su enorme poder nostálgico, o te dedicas a disfrutarlo. Yo prefiero lo segundo, gracias.

Aunque no siempre me sale tan bien la operación de descontaminación.

Por ejemplo, Quilapayún me gusta, y tarareo más de uno de sus temas mientras cocino. Pero no me siento confortable escuchando la Cantata de Santa María de Iquique. En parte, porque nadie debería sentirse confortable escuchando la masacre de unos desgraciados que sólo pedían un sueldo a cambio de su trabajo. En parte, porque esa masacre se sigue produciendo en diferentes lugares del mundo, sólo que nadie la canta.

cantataPero también, no voy a negarlo, porque mi madre siempre la ponía a todo trapo en sus momentos depresivos, que impepinablemente también acababan siendo los míos. Y… bueno, no puedo decir que no me la sepa de pe a pa.

Demos gracias (otra vez) por ser adultos, y vernos sujetos a nuestros propios errores, aciertos y banda sonora.

*Suspiro de alivio*

+++ A lo que iba. Esta sensación de constante tirar del carro me trajo a la memoria esta canción de Miguel Ríos. Olvidada inexplicablemente ( o puede que no tanto, si tenemos en cuenta que cuando se publicó yo no tenía un duro). Pero que gracias a Internet ha sonado bastante en casa este fin de semana, mientras trabajaba (o no :D ).

Las últimas

10) Pierdo rapidamente el interes en una persona si descubro que se comporta…
a) de forma egoí­sta.
b) sin prestarle atencion a su imagen..
c) gorroneando a los amigos.
d) en funcion de lo que les gusta a los demas.
e) contando trolas a todas horas.

No prestarle atención a la propia imagen no me parece un gran pecado, o no me llevaría bien conmigo misma (que más de una mañana me tiro encima lo primero que encuentro en el armario).  El egoísmo en sí está demasiado sobrevalorado como amenaza o engorro. Los auténticos egoístas resultan ser, la mayoría de las veces, como todo el mundo, solo que se les ve el plumero porque no quieren/saben disimular. Se les ve venir claramente y, con algo de mano izquierda, pueden ser muy agradables. Los troleros y los gorrones idem de idem.

Pero una persona que se mueve en función de lo que los demás opinen es poco interesante, porque sólo te da un reflejo de ti misma. Es halagador un ratito, hasta que se les nota que son camaleones sin color propio, dispuestos a darle la razón al Mossad o a Jamas, según sople el viento. Perfectamente intercambiable por otra persona del mismo tipo y, por tanto, de escasa entidad en sí misma.

11) Y, a la vez, despierta mi interes descubrir que una persona…
a) no le tiene miedo a nada.
b) siempre esta de buen humor.
c) piensa que soy especial.
d) escucha realmente.
e) se lava a diario.

Si alguien no le tiene miedo a nada, será mejor que le haga una visita al psiquiatra, porque o es un mentiroso o le falta una tuerca. El miedo es una respuesta defensiva necesaria para mantener la vida y la cordura.

Estar de buen humor todo el rato me parece, por la misma razón, una entelequia, aunque admiro a las personas serenas que encajan los reveses sin aspavientos.

Me encanta que la gente piense que soy especial, y eso me llevaría, en primera instancia, a sentir más interés por quien me hace llegar esa impresión. Pero inmediatamente se dispara mi flatter-alarm, y en mi cerebro se abre una cajita roja de la que sale un ANVE (Auditor de Necesidad de Valoración Externa, que pese a su rimbombante nombre no es sino un cavernícola minúsculo con una cachiporra muy grande). El ANVE me dicta “desconfía” en morse (a golpe de cachiporra interior, no es muy sutil el ente), porque sabe que estas cosas son como el Twitter, y quien te hace saber lo especial que eres, a menudo quiere que le reciprociques. Y yo no reciprocico así como así, y no veas lo decepcionados que se quedan luego.

Comprenderéis que todo esto es mucho trabajo y me da pereza. Así que he aprendido a interesarme poco.

Lavarse demasiado poco puede hacer que pierda el interés en alguien (aunque gracias a Internet se pueda disfrutar de sus ideas ahorrándose su perfume). La viceversa es falsa.

Es raro encontrar personas que realmente escuchen. Yo misma llevo el piloto automático de la entendedera puesto una buena parte del tiempo, más tendente a interpretar rápidamente lo que ve y oye que a indagar en lo que el otro quiere decir en realidad. Esto procede de que, a menudo, lo que me dice el de enfrente me la pela, y sólo quiero liquidar mi negocio y largarme.

Pero en mi vida privada-privada procuro descartar ese hábito, y no escuchar lo que yo creo que el otro quiere decir, sino lo que dice. No es fácil, y a veces la única forma es discutir durante bastante tiempo hasta que se aclaran términos, y preguntar honestamente. Es difícil  preguntar honestamente y no ser tildado de capcioso. Escuchar realmente es un compromiso, requiere un esfuerzo real y estar dispuesto a dejar en suspenso tus propias creencias para permitir la posibilidad de que las del otro sean mejores.

(Nota: yo he aprendido que el decir muchas veces “creo que” “a mí me parece” “mi opinión es” es imprescindible para que otros tengan la sensación de que puedo cambiar de opinión. Una vez más, el recíproco es falso. Para mí no es condición necesaria ni suficiente. )

En resumen, cuando percibo que otra persona está realmente intentando escuchar activamente=captar mi pensamiento en una discusión, cosa que a veces se tarda años en confirmar, mi interés crece espectacularmente. La buena conversación es un bien caro, precioso y dramáticamente escaso.

Por otra parte, no es imprescindible escuchar para que yo sineta interés. Muchos de mis amigos llevan puesto el piloto automático cuando hablan conmigo, y meses después de haber comentado algo con ellos me doy cuenta de que oyeron campanas pero no se entreraron de donde tocaban. Tampoco es tan grave. Antes me preguntaba qué podían ver de interesante en mí, si no se molestaban siquiera en saber quién soy yo, pero supongo que les gusta el ruido que hago al mover la boca mientras vibran mis cuerdas vocales, o les hago gracia cuando piso lugares comunes . Hay razones peores, e imagino que a mí me gustan ellos porque son buena gente :)

12) Uno de estos NO es mi modelo para cuando sea mayor…
a) Teresa de Calcuta
b) Capitan Picard de Star Trek TNG
c) Aung San Suu Kyi
d) Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”
e) Teniente Ripley en “Aliens”

De Picard no voy a decir más de lo que ya he dicho. Atticus Finch es un modelo de padre, abogado y, sobre todo de ciudadano. Creo que ante un dilema moral, pensar en qué harían Picard o Atticus es una buena idea.

Ripley es un modelo de valor y responsabilidad. En Alien es una magnífica superviviente, pero en Aliens se sale. Ripley dice todo lo que tiene que decir en la investigación inicial, y pierde su licencia, pero se ha  jodido la vida porque es lo que había que hacer. Ripley tiene un miedo mortal a los aliens, pero regresa como asesora en la misión de reconocimiento, porque hay toda una colonia de gente ahí arriba. Ripley sabe mejor que nadie lo que les hacen a las presas, pero sabe que ellos no matan, y entra al nido a buscar a la niña. Nunca escurre el bulto.

Ripley es el modelo de gestión del miedo que yo quiero ser. Ojalá tuviera los ovarios que tiene ella. Ojalá pudiera yo decir con ese mismo aplomo “¿Dónde lo quiere?” o prenderle mecha a mi lanzallamas con esa determinación, metida en un ascensor que baja a un infierno de explosiones y bichos.

Si es que se me ponen los pelos como escarpias de decirlo, caray. Este finde me la veo otra vez.

Aung San Suu Kyi es un grano en el culo de la dictadura birmana. Una más de ese montón de personas que podría llevar una vida fácil, y no lo ha hecho, sino que ha peleado para cambiar lo que pensaban que debía ser cambiado.

La  madre Teresa…, sintiéndolo mucho por el montón de gente que la admira, me toca las narices. Es verdad que sus morideros han permitido pasar sus últimas horas con dignidad a muchas personas enfermas, pero su discurso era rancio, su predicar la resignación en un país con tantas injusticias sociales como India era un cáncer en sí mismo. Yo no valoro el dolor y el sufrimiento en sí mismos. Así que no, va a ser que no es mi modelo.

13) Mi western favorito es..
a) Johnny Guitar
b) Sin perdon
c) El Dorado
d) El hombre que mato a Liberty Balance
e) Horizontes lejanos

Ya sé que no tengo perdón de dios, pero no he visto Johnny Guitar, es una asignatura pendiente. Sin perdón me gustó mucho, pero yo he visto mucho western, y tampoco es que esa historia no me la hubieran contado nunca. Está muy bien contada y recuerdo que me gustó mucho, eso sí.

El Hombre que mató a Liberty Balance es genial. Una película sobre la leyenda y la verdad, la ley o la fuerza. El western me acabó apasionando con los años porque permite contar historias como esa. Se llevaría el segundo puesto, que sería el primero si se tratara de decir qué película me parece mejor de las citadas

Horizontes Lejanos es un buen clásico. Y sé que la he visto, pero no me acuerdo.

Mi favorita, por tanto es… El Dorado. Probablemente no sea el mejor cinematográficamente hablando, pero sí es el que más he disfrutado. Está llena de detalles divertidos, como el jabón de Robert Mitchum o la escopeta de cañones recortados deJames Caan. John Wayne es John Wayne, y no le hacía falta más (mi carca favorito). Lástima que no la haya visto hace tiempo…