+++ Como estábamos pachuchos (aunque por una vez yo era la que lo llevaba peor) no hemos salido el fin de semana. Una pena, porque es el segundo año que nuestro superdisfraz de halloween se queda en el cajón… Pero así es la gripe.
La cosa es que hace dos noches encontramos una pelicula en la tele, de esas que piadosamente te advierten desde el título que van a ser una basura: “Cuestión de pelotas”.
En contra: película de nerds contra superguays, título propio de distribuidores en coma cerebral, el tema es un deporte absurdo… A favor… que sale Ben Stiller y que teníamos fiebre, caray.
Bien, la película es mala, pero de una forma no ofensiva. A medida que la vas viendo, empiezan a aparecer algunos puntos buenos (como los cameos) y la siempre meritoria circunstancia de no basar el humor en chistes de pedos. Y, en realidad, si lo pienso bien, resulta que nos lo pasamos mejor con esta película floja que con otras “mejores”.
En este momento, por tanto, es pertinente añadir esta viñeta, y decir que Cuestión de Pelotas está en la zona agradecida de la hez cinematográfica.
+++Teatro y serendipia. Una actriz con al que trabajé el año pasado, y a quien le he pasado uno de mis contactos , me llama disgustadísima. Pertenece a un grupo que recientemente ha adquirido entidad jurídica, pero que se compone de la misma gente con la que lleva compartiendo escenario y estudios tres años. Sin embargo, desde que la cosa se “profesionalizó”, ella ve cosas que no le acaban de gustar. Lo peor del asunto es que cuando trabajas bajo el paraguas de un “nombre de empresa” y alguien embarra el paraguas desde dentro, el cliente no se va a poner a hacer distingos, sino que probablemente pase de todos y se busque otra empresa/grupo/whatever. Y es que cuando la gente empieza a meter la pasta y la responsabilidad de por medio, una diversidad de criterios nunca antes conocida surge de repente. Y empiezan los batacazos.
Yo le decía que se lo tomara con calma, que esto pasa y no es tan grave. También le hice notar que, a pesar de tener excelentes amigos en mi gremio, yo sigo trabajando sola. No porque tenga nada en contra de los equipos (¡ya me gustaría repartir el peso!) sino porque yo tengo mis criterios, y no son compartidos por todo el mundo. De vez en cuando hago algún experimento (siempre con gaseosa) y en algunas ocasiones aparecieron conceptos muy diferentes acerca de los modos de gestionar el trabajo y las prioridades, y en algunas otras simplemente me dejaron tirada, así que sé de lo que hablo. No es problema cuando es una cuestión puntual de un proyecto, pero cuando esto se da dentro de una estructura en la que se ha invertido dinero, esfuerzo y reputación, no es divertido.
Y es curioso, porque yo misma estoy tocando diferentes posibilidades de empezar a trabajar con otras personas (en algún caso de forma temporal, en otro parece que puede ser algo a más largo plazo), y en el curso de las “negociaciones” me han preguntado mi opinión y la he dado sinceramente. Y no ha sido la que cualquiera desearía oír, soy consciente de ello. Pero es que montar un negocio o proyecto con otras personas es el espacio ideal para asumir eso de que “más vale una vez colorada que ciento amarilla”.
Yo estoy dispuesta a meterme en enormes charcos, porque soy una posibilista nata. Pero siempre que todos sepamos en qué nos estamos metiendo, qué se espera de nosotros, qué estamos dispuestos a aportar y, sobre todo, si estamos hablando de lo mismo o tenemos ideas distintas en la cabeza.
Lo curioso es que el proceso es tan intimidatorio para algunas personas que directamente me aconsejan lo de “no te metas, que siempre sale mal”. Evidentemente, el porcentaje de éxito no iguala al de fracaso, pero es un porcentaje razonable.
Y yo pienso que el problema es que es tan repulsivo asumir que en esto hay que meterse en bolas, enseñando la lorza actual y no un Photoshop de “es que en 6 meses voy a quedarme así”, preguntándole al de enfrente por esa tercera oreja que le sale encima de la cabeza y de la que todo el mundo evita hablar (pero que puede ser un pequeño obstáculo si se está postulando a sí mismo como “la imagen de la empresa”) que es más fácil asumir el fracaso desde el principio y ahorrarse el esfuerzo.
Pues ellos se lo pierden, oyes. Que cuantas más veces lo haces, más fácil es. A veces sale, a veces no, pero no hay que dejar pasar la ocasión de trabajar con un buen equipo.


Puede verse, semioculta tras otros papeles, una hoja de objetivos (A) que cuelga de una cuerda entre dos clavos (B). Ahí aparecen documentos que están en curso. No es una mala idea, pero siempre acaba sobrecargada.
+++ Curiosamente, este espacio público es uno de los blocs de notas más eficientes de que dispongo. Me resulta más fácil anotar y sistematizar la información cuando pienso que le va a servir a alguien más.
No hay que partirse mucho la cabeza para llegar a esta clasificación, y probablemente habrá aparecido antes en algún sitio más reputado que este cuartucho con teclado 


O puedes escribir “dulce” y “salado” y marcar el lugar adecuado con migas de croissants, mediasnoches, pretzels… “Gris” y “azul” están unidos por una larga línea, y en algun punto se encuentra el color de las paredes del salón.
Comprobar a qué categoría pertenece alguien lleva su tiempo. Nadie es 100% eficaz constantemente. La excelencia no se mide por las coordenadas en un punto concreto, sino por la pendiente media de la curva. Y es una pendiente ascendente aunque la curva presente altos y bajos, porque la excelencia no es conformista. No puede serlo, ya que las circunstancias cambian, y seguir aplicando las viejas recetas no puede ser lo óptimo. La gente excelente cada vez es mejor, o deja de ser excelente.